Joyas de oro relucientes, paseos en yates por el Caribe y selfies entre lujos era la gran vida que se daba una banda de narcotraficantes colombianos que operaba con cocaína en la profundidad de selva peruana. Desde la remota provincia de Ramón Castilla, en Loreto, estos ciudadanos extranjeros fabricaban ladrillos de droga con total impunidad y los sacaban del país por rutas fluviales, mientras las autoridades apenas podían acercarse a esta zona dominada por el crimen y la ausencia del Estado, reveló Cuarto Poder.
El golpe a esta organización criminal ocurrió hace poco más de una semana. La Policía Nacional del Perú (PNP), en conjunto con la Fiscalía Antidrogas, intervino un laboratorio clandestino ubicado en el distrito de Ramón Castilla, a pocas horas de la frontera con Colombia y Brasil. El lugar estaba equipado con prensas hidráulicas, microondas industriales, sustancias químicas como ácido sulfúrico, acetona y galoneras de gasolina, además de armas y municiones listas para repeler cualquier incursión.
Los protagonistas de esta operación eran tres ciudadanos colombianos: Darwin Muñoz, Franco David Erazo y Elmer Huamanga. En los celulares incautados se hallaron videos donde aparecen armados, sin ocultar sus rostros, en medio de pilas de droga ya prensada. Cada paquete de un kilo llevaba un sello distintivo: logotipos que representaban marcas criminales, como si se tratara de productos de exportación personalizados.

Intensa actividad de tráfico
La ubicación remota fue clave para que estas organizaciones instalaran su centro de operaciones sin interferencias. Víctor Cubas, vocero del Ministerio Público, lo dejó claro:“En una zona bastante alejada del centro de la ciudad de Iquitos. La zona ya fronteriza con Colombia, en donde viene desarrollándose intensamente esta actividad de tráfico ilícito de drogas”.
En esa parte del país, según informes de la Fiscalía, más del 70% de las comunidades están bajo control de organizaciones delictivas dedicadas al tráfico de drogas. Se trata de territorios dominados por mafias transnacionales, en las que también participan grupos armados brasileños que brindan protección a estos laboratorios ilegales.
Cubas advirtió que: “En verdad ha habido una situación de abandono de las autoridades nacionales y esto ha facilitado la instalación de mafias de organizaciones transnacionales que se dedican al tráfico ilícito de drogas y que se ven ampliamente favorecidas porque la producción de hoja de coca en ese territorio es exuberante”.

De la selva al Caribe
Los videos extraídos de los teléfonos muestran cómo funcionaba todo el proceso: los narcos vaciaban la pasta en moldes, luego la prensaban en máquinas industriales y, una vez obtenidos los ladrillos, los secaban en hornos microondas durante cuatro minutos exactos. Cada ladrillo pesaba un kilo y salía sellado, como si fuera parte de una línea de producción sofisticada.
Al mismo tiempo, estos sujetos se grababan en playas paradisíacas del Caribe, adornados con cadenas de oro, posando junto a sus parejas y celebrando con licores costosos. Su vida de lujos contrastaba con la brutalidad y clandestinidad de la producción que financiaba su ostentación. El paso entre Colombia, Brasil y Perú era libre para ellos gracias a su dominio territorial.
Pero esa impunidad terminó. El jueves 15 de mayo, una cámara registró su última jornada de trabajo en la selva. Solo días después, la policía irrumpió en el campamento y los capturó mientras dormían. Fueron reducidos, encapuchados y trasladados bajo custodia. El operativo confirmó lo que los videos ya revelaban: una fábrica de droga montada en medio del Amazonas.

Tierra arrasada y crimen
La intervención no solo dejó detenidos. Dos días después, se halló una tonelada de droga enterrada cerca del laboratorio. Un golpe más que contundente que demuestra el nivel de producción al que había llegado esta organización.
“El daño causado al medio ambiente, en este caso al territorio, al terreno, es irreversible, porque ese terreno por años, por muchos años, va a ser inútil para la agricultura”, advirtió Víctor Cubas sobre el impacto de esta actividad ilegal.
Pero el problema no termina con una intervención. Caballococha, capital de la provincia de Ramón Castilla, se ha convertido en una zona crítica del narcotráfico en Perú. Llegar desde Iquitos puede tomar hasta 14 horas, lo que limita las operaciones de inteligencia y vigilancia. Por eso, las autoridades insisten en la necesidad urgente de contar con helicópteros y mayor presencia estatal para enfrentar esta guerra desigual.

Cubas cerró con un diagnóstico que refleja la gravedad de lo que ocurre en esa parte del país:“Se ha intervenido a tres ciudadanos colombianos, se ha incautado droga, pasta básica de cocaína y clorhidrato de cocaína, teléfonos celulares, armas de fuego y se han instalado en la exuberante selva peruana. Y allí vienen dedicándose a esta ilícita actividad de tráfico de drogas. Aprovechan por una parte, además, el abandono del Estado en esta zona de frontera nacional”.
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