
El cardenal peruano Juan Luis Cipriani, sancionado por el Vaticano debido a una denuncia de abuso sexual, participó este domingo en el homenaje que los purpurados realizaron al fallecido papa Francisco en la basílica de Santa María la Mayor, donde fue enterrado el día anterior.
Cipriani, quien viajó a Roma después del deceso del pontífice a pesar de la acusación en su contra por pederastia, asistió de manera discreta a la ceremonia. No hizo declaraciones públicas ni comentarios oficiales durante su visita, como lo han hecho otros cardenales.
Junto a sus homólogos, ingresó al templo y se detuvo ante la tumba. Algunos rezaron, otros se persignaron o se arrodillaron para rezar en silencio. Posteriormente, se retiraron mientras los fieles continuaban su visita, según informó Vatican News.
Hasta el momento, la basílica Santa María la Mayor ha recibido a al menos 30,000 personas, de acuerdo con el prefecto de Roma, Lamberto Giannini. La tumba de Francisco, alejada de los protocolos habituales, refleja su deseo de sencillez.
Sobre la piedra de mármol se lee apenas una palabra: "Franciscus“. Nada más. Ni títulos, ni honores, ni fechas. Encima, como una sombra protectora, cuelga una reproducción de la vieja cruz de hierro que acompañó su pontificado.
A las exequias de Francisco asistieron cerca de 220 cardenales, de los 252 integran el Colegio Cardenalicio y están llamados a participar en las sesiones del aula del Sínodo, el espacio destinado a las asambleas de la Iglesia Católica.
Cipriani tiene previsto acudir mañana lunes a otra de las congregaciones generales, reuniones preparatorias para el cónclave, cuyo objetivo es que los cardenales definan candidaturas y establezcan alianzas para la votación en la Capilla Sixtina.
La elección del nuevo papa se celebrará entre el 5 y el 10 de mayo, una fecha que dependerá de la llegada a Roma de todos los purpurados electores, que son 133. Dos de ellos no podrán participar por motivos de salud.
La presencia del purpurado peruano en el Vaticano ha sido vista como una ofensa hacia las víctimas de abusos en la Iglesia y hacia quienes comparten el legado de justicia de Francisco, quien en vida le impuso una sanción canónica con restricciones a su actividad pública, lugar de residencia y uso de insignias religiosas.
El cardenal argentino Ángel Rossi subrayó que, si el papa había dado instrucciones claras respecto a la exclusión de ciertos prelados, estas debían ser respetadas. “Si él dijo no, sería bueno que no”, afirmó al medio Caracol.

Cipriani ya había sido captado en la Basílica de San Pedro durante el primer día de exposición del cuerpo del papa. Según las imágenes transmitidas en directo por Vatican News, llegó acompañado por un asistente y se paró al lado del féretro para rezar en silencio.
Con los brazos cruzados, permaneció cerca de 15 minutos en una de las bancas antes de retirarse. Al igual que él, otra aparición sorpresiva fue la del cardenal italiano Angelo Becciu, destituido por Francisco en 2020 y condenado por fraude en 2023. Aunque perdió sus derechos cardenalicios y no figura como elector oficial, asistió a la primera asamblea del cónclave y afirmó que nunca fue excluido formalmente.
La denuncia
A fines de enero, El País reveló que en 2018, la víctima de Cipriani escribió una carta al papa en la que denunció los abusos que sufrió en 1983, cuando tenía entre 16 y 17 años. El diario español, que citó fuentes eclesiásticas en Lima y al propio denunciante –quien pidió permanecer en el anonimato y cuya edad es 58 años–, señaló que no era la primera vez que se presentaban acusaciones de este tipo contra el purpurado, exarzobispo de Lima y miembro del Opus Dei.
Las fuentes consultadas por El País confirmaron que ya existía una denuncia previa en 2002. Cipriani, en una carta, relató los hechos relacionados con su expulsión, cuando se le impusieron “una serie de penas” que limitaron su ministerio sacerdotal, se le asignó una “residencia estable fuera del Perú” y se le pidió que “guardara silencio”.
No obstante, denunció que estas medidas dispuestas por Francisco se tomaron “sin haber sido escuchado, sin saber más y sin que se abriera un proceso”. De igual modo, negó tajantemente las acusaciones de pederastia. “No he cometido ningún delito, ni he abusado sexualmente de nadie, ni en 1983 ni después”, afirmó, antes de narrar que, en febrero de 2020, tras una audiencia con el pontífice, este le permitió “reanudar” sus tareas pastorales.
Desde entonces, sus únicos pronunciamientos han sido a través de cartas, una de las cuales envió a la Conferencia Episcopal local para cuestionar el apoyo que le brindaron a la decisión del pontífice y al denunciante.
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