La planta peruana ‘venenosa’ que se convirtió en un anestésico clave para la medicina a nivel mundial

Conoce la historia de la toxina que fue estudiada desde la época colonial hasta que se descubrió su potencial uso en la medicina

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La planta Chondrodendron tomentosum crece
La planta Chondrodendron tomentosum crece en la selva de Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Panamá y Perú. (National Tropical Botanical Garden)

Pocas plantas se caracterizan por tener propiedades tanto venenosas como medicinales. Una de ellas, que crece en Perú y demás países de la Amazonía, es la Chondodendron tomentosum, cuyo compuesto principal, la tubocurarina, ha jugado un papel crucial en la historia de la anestesiología y la farmacología.

La tubocurarina pertenece a una familia de alcaloides conocidos por sus efectos paralizantes. Este compuesto es también llamado “curare”, tradicionalmente utilizado como veneno por las tribus indígenas de la Amazonía para cazar, ya que las flechas y dardos cubiertas con él inmovilizan a las presas.

De veneno a anestésico

A finales del siglo XVI, el explorador Walter Raleigh examinó los proyectiles de los nativos de la selva de Perú, Ecuador y Las Guayanas, e identificó la toxina extraída de la planta, a la que llamó ourari, que traducido del hindi significa pájaro y su muerte. Más adelante se la llamó “curare”.

En el siglo XIX, Claude Bernard en Francia y A. Kolliquer en Alemania, investigaron experimentalmente el curare. Así, descubrieron que bloqueaba los impulsos de los nervios motores en la placa neuromuscular, según detalla la Universidad de Valencia.

Algunas tribus amazónicas lanzan flechas
Algunas tribus amazónicas lanzan flechas y dardos impregnados con la planta C. tomentosum. (Revista Metode)

Dado que las muestras de curare fueron transportadas a Europa para su estudio en tubos de ensayo, terminó recibiendo el nombre de tubocurarina.

Más adelante, los científicos consiguieron explicar su mecanismo de acción: la tubocurarina se une a los receptores de acetilcolina (neurotransmisor) en las células musculares, por lo que impide que se transmitan impulsos nerviosos del cerebro a los músculos y, por ende, provoca una parálisis flácida que comienza por los músculos pequeños y progresa hacia los más grandes.

Durante el siglo XX, se hicieron importantes avances. En 1932, Raynard West utilizó extractos de Chondodendron tomentosum para tratar el tétanos y la espasticidad muscular. En 1934, se logró aislar y purificar la tubocurarina, y al año siguiente, Harold King describió sus características químicas esenciales.

Para 1940, se elaboró el “intocostrin”, un preparado que contenía tubocurarina, utilizado como reductor de contracciones musculares en las convulsiones inducidas por fármacos y electricidad.

En 1942, comenzó a usarse en anestesia general para producir relajación muscular durante cirugías.

Su introducción en la medicina facilitó procedimientos quirúrgicos más largos y complejos al permitir no solo la distensión de los músculos, sino también la ventilación mecánica, puesto que facilitan la intubación traqueal.

Caja de ampollas de clorhidrato
Caja de ampollas de clorhidrato de tubocorarina, antiguamente comercializado. (Wikimedia Commons)

Efectos secundarios

A pesar de su utilidad, la tubocurarina presenta limitaciones y efectos secundarios, que incluyen la hipotensión (presión baja) debido a que incrementa la liberación de histamina, lo que puede causar la dilatación de los vasos sanguíneos; y la parálisis respiratoria, por la relajación profunda de los músculos comprometidos con esta función vital.

Por ello, su administración requiere monitorización cuidadosa y soporte respiratorio.

Debido a estos riesgos, los investigadores la sintetizaron para elaborar nuevos compuestos bloqueantes neuromusculares más seguros, como el rocuronio y el vecuronio, que presentan menos efectos secundarios, una acción más rápida y una duración más corta que la tubocurarina.

¿Cómo es esta planta?

La C. tomentosum es una enredadera perenne, que tiene individuos machos y hembras. Su tallo puede alcanzar 10 centímetros de diámetro. En tanto, las hojas son lisas y tienen formas que van de pecioladas a corazonadas, describe el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego.

Sus flores crecen en panículas de ejemplares pequeños y los frutos son drupas de color púrpura oscuro que crecen en grupos de seis, cada uno con una semilla en su interior.