
En la historia del Perú, antes y después de su independencia, las guerras han sido parte de su realidad por diversos motivos. La mayoría para determinar ciertos asuntos limítrofes con algunos vecinos o terminar de sellar nuestra independencia.
También es cierto que son muy pocas las victorias peruanas a lo largo de la historia, pero algunas de ellas son realmente memorables, por lo que terminaron significando: la defensa del suelo ante una injustificada invasión.
Tal como ocurrió en 1981, cuando el ejército ecuatoriano penetró sin autorización suelo peruano y pretendió apoderarse de él. Esta es la verdadera historia de cómo comenzó y terminó el conocido conflicto del ‘Falso Paquisha’.
Antecedentes

Los problemas limítrofes con los vecinos del norte surgieron desde el nacimiento mismo de la Gran Colombia y los intereses de Simón Bolívar de anexar Tumbes, Jaén y Maynas a dicho país.
En 1830, tras la caída de la Gran Colombia, tres nuevas naciones vieron la vida: Ecuador, Colombia y Venezuela. El Perú limitaba con los dos primeros, no existiendo problema alguno con ninguno. Es más, en 1832, Ecuador y Perú firman Tratado Pando-Novoa en el que ambos reconocían los límites existentes hasta que se celebra un nuevo y definitivo trato. Lo cierto es que este no ocurrió nuca debido a los problemas internos que cada país tenía.
Esto desencadenó la primera guerra peruano-ecuatoriana que duraría hasta 1860, cuando nuestro ejército llegó a ocupar Guayaquil. A pesar de eso, las circunstancias nunca fueron propicias para firmar un tratado de límites definitivo.
Una nueva oportunidad apareció en 1887 cuando el problema fue llevado a un arbitraje ante el Rey de España. Pero en 1910, cuando el monarca europeo ya iba a dar el resultado, el gobierno norteño anunció que iba a desconocer el laudo, pues creía que le sería desfavorable. Esto casi provocó otro enfrentamiento bélico que fue evitado a último momento gracias a la intervención de los gobiernos de Argentina, Brasil y Estados Unidos.
Jugada maestra

Mientras el caso con los ecuatorianos todavía estaba por resolverse, Perú y Colombia firmaron el Tratado Salomón-Lozano de delimitación de fronteras en 1922.
A pesar de ser muy favorable para los colombianos (ganaron un enorme pedazo de territorio llamado Trapecio Amazónico y acceso al río Amazonas), por el lado peruano se valoró más el hecho de haber ganado un aliado con el otro vecino norteño. Ocurre que los colombianos siempre apoyaron la causa peruana. Además, con este documento se evitaba que ambos se alíen, contra los intereses peruanos.
Debido a las continuas violaciones a su territorio, el gobierno peruano dispuso una línea de puestos fronterizos que se enfrentaron en más de una ocasión con patrullas norteñas.
La Guerra del 41

Para 1941 estalló un nuevo conflicto bélico de gran escala debido al adelantamiento de sus tropas en territorio peruano. Al final fueron expulsados una vez más.
Pues años después, los ecuatorianos argumentaron que el tratado era ‘inejecutable’ y suspendió de manera unilateral la demarcación de la zona conocida como Cordillera del Cóndor.
Tras declarar que el protocolo no tenía validez (en 1960) por haber sido impuesto en contra de su voluntad, las relaciones entre ambos países se volvieron a poner tensas. Hasta los sucesos de 1981.
Los hechos

Era la mañana del 22 de enero de 1981, cuando el mayor EP Rubén Polanco Pacheco piloteaba su helicóptero y sin querer queriendo, como diría ‘El chavo del 8′, descubrió un puesto de vigilancia militar ecuatoriano construido en suelo peruano.
Este lugar recibió el nombre de ‘Falso Paquisha’ (otorgado por el mismo presidente de la República, Fernando Belaunde Terry) debido a que los ecuatorianos pretendieron hacer creer al resto del mundo que el mencionado puesto militar se encontraba en su territorio.
La solución era una sola: sacar a los invasores a las buenas o a las malas. Y tras las órdenes del arquitecto, se puso al General de División Eduardo Salhuana Mackee al mando de las acciones y se les otorgó un plazo de 48 horas para que regresen a su territorio.
Listos para todo

A pesar de haber instalado una batería antiaérea para atacar a los posibles ataques por helicóptero, los ecuatorianos fueron sorprendidos, ya que esperaban un ataque terrestre.
Al llegar al lugar, las tropas peruanas destruyeron los puestos ecuatorianos a punta de granadas aéreas, provocando una gran cantidad de bajas en el bando enemigo. Luego, aviones de la Fuerza Aérea del Perú bombardearon el punto para recuperar el Puesto de Vigilancia 22.
Sin embargo, a pesar de la derrota, los norteños intentaron recuperar ese puesto enviando dos aviones ‘Jaguar’, pero todo fue en vano al ser repelidos por las fuerzas peruanas.
Los enfrentamientos continuaron y para el 31 de enero de 1981, el ejército peruano logró recuperar el PV-3 y al día siguiente el PV-4. Los demás puestos de vigilancia fueron recuperados, finalmente, entre el 19 y el 20 de febrero. Aquí se registró la mayor cantidad de bajas peruanas durante todo el conflicto.

El día 21, la aviación peruana destruyó las últimas instalaciones militares que Ecuador había colocado en suelo peruano.
Con la guerra finalizada, el gobierno ecuatoriano del entonces presidente Jaime Roldós Aguilera, no fue capaz de reconocer (ni ante el mundo ni ante la opinión pública de su propio país) que se intentó perpetrar una invasión, alegando que la Cordillera del Cóndor pertenecía a su país
Por último, en su libro ‘Paquisha toda la verdad’, el autor ecuatoriano Claudio Mena asegura que la idea de Roldós Aguilera era inaugurar los puestos de vigilancia en territorio peruano para demostrar que ese lugar le pertenecía a su país.
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