
Un salto ágil y ojos azules que parecen observarlo todo: así es como muchos reconocen al gato siamés, un animal que ha recorrido palacios, templos y hogares de todo el mundo.
La historia de esta raza, famosa por su vínculo con la antigua Tailandia —conocida como Siam hasta 1939—, incluye leyendas de realeza y una presencia constante en los certámenes felinos más prestigiosos.
El siamés se exportó por primera vez desde Siam a Estados Unidos en 1878 y al Reino Unido en 1884. Hoy, su figura estilizada y su carácter intenso lo mantienen entre las razas más buscadas.
Origen real y expansión global
De acuerdo con la Asociación de Criadores de Gatos de Estados Unidos (CFA), los primeros registros del siamés se vinculan con la nobleza tailandesa. Durante siglos, fueron apreciados como miembros de la realeza y sacerdotes de alto rango, y se les atribuía un papel protector alrededor del trono real.
En el siglo XIX, la nobleza tailandesa comenzó a obsequiarlos a dignatarios extranjeros. Un ejemplar llamado “Siam” fue adoptado por Lucy Webb Hayes, esposa del presidente Rutherford B. Hayes, y se considera el primer siamés conocido en territorio estadounidense, según la VCA Hospitals.

Con el tiempo, la raza ganó popularidad en exposiciones y hogares. Ya en 1902 se creó en el Reino Unido el primer club de aficionados a los gatos siameses, y para 1906 la CFA reconoció oficialmente al siamés. Su presencia en certámenes internacionales consolidó su reputación como símbolo de elegancia y sofisticación.
Características físicas que lo distinguen
El gato siamés presenta un cuerpo alargado, ágil y musculoso, patas y cola delgadas, y una cabeza en forma de cuña. Sus ojos almendrados, siempre de un azul intenso, son uno de los rasgos más reconocibles. Según la CFA, el pelaje es corto, fino y pegado al cuerpo, con una coloración peculiar: los gatitos nacen blancos o crema y desarrollan después las típicas manchas oscuras —conocidas como “points”— en orejas, cara, patas y cola. Existen diferentes variantes de color: seal point (marrón oscuro), blue point (gris azulado), chocolate point (marrón chocolate claro) y lilac point (gris rosado).
El color y el patrón del pelaje se deben a una mutación genética recesiva asociada con el albinismo termosensible. Esto explica por qué las extremidades, más frías, muestran mayor pigmentación, mientras que el cuerpo se mantiene claro. Los criadores buscan evitar ciertos rasgos como ojos bizcos o colas enroscadas, que se consideran indeseados en competiciones felinas.

Personalidad y comportamiento del gato siamés
El carácter del siamés resulta tan distintivo como su aspecto. Es un animal extremadamente afectuoso, activo y vocal. Suelen formar un vínculo estrecho con sus dueños y requieren atención constante.
La CFA señaló que estos gatos “dan un nuevo significado al término ‘pegajoso’; no solo te quieren porque eres suyo, te quieren porque eres cálido”. Su necesidad de compañía es tal que pueden buscar la cercanía de personas o incluso de otros animales.
Además, el siamés es conocido por su inteligencia y capacidad para comunicarse mediante vocalizaciones y lenguaje corporal.
Según la enciclopedia Britannica, algunos lo consideran el gato doméstico más inteligente, capaz de aprender trucos y adaptarse a rutinas complejas. No es extraño que algunos ejemplares disfruten pasear con correa o exploren estantes y alturas dentro del hogar.
Entre los jóvenes, la propensión a chupar lana y a la pica —consumo de objetos no comestibles— requiere vigilancia. VCA Hospitals indicó que la socialización y el enriquecimiento ambiental ayudan a prevenir conductas destructivas.

Los cuidados que necesita un gato siamés
A nivel de cuidados, el pelaje corto del siamés requiere un mantenimiento mínimo. La CFA recomendó el uso de las manos humedecidas para retirar el pelo suelto y, si se desea, un cepillo de goma. El cepillado puede convertirse en un momento de afecto, ya que muchos siameses lo asocian con la atención de sus propietarios.
En cuanto a la salud, los criadores han identificado dos problemas principales: la atrofia progresiva de retina, que puede causar ceguera y es detectable mediante pruebas genéticas, y la amiloidosis, que afecta al hígado.
Se aconseja consultar con criadores responsables y veterinarios sobre el historial de estas enfermedades en los linajes, dado que la investigación sobre la amiloidosis continúa.
El control del peso resulta esencial, ya que el cuerpo estilizado del siamés evidencia rápidamente cualquier aumento.
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