Viven en silencio, duermen más de lo que juegan y suelen esconder sus malestares. Pero el paso del tiempo también se nota en ellos.
Aunque un gato doméstico puede alcanzar fácilmente los 15 o incluso 20 años, identificar los signos de la edad permite impulsar una mejor calidad de vida.
¿A qué edad empieza a envejecer un gato?

Según especialistas citados por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), los gatos inician su transición hacia la vejez alrededor de los siete años, cuando se los clasifica como de mediana edad o maduros. Sin embargo, los cambios fisiológicos más marcados se vuelven evidentes a partir de los 11 años, momento en el que entran en la categoría de sénior. Para entonces, el gato ya equivale a un humano de unos 60 años, aproximadamente.
A diferencia de los perros, que muestran signos más evidentes con el paso del tiempo, los felinos pueden “ocultar” sus dolencias. Por eso es importante vigilar con atención su comportamiento.
¿Cuáles son las señales de envejecimiento en los gatos?

El envejecimiento felino se manifiesta a través de múltiples sistemas corporales. Entre los cambios más comunes se destacan:
- Menor actividad y más descanso: pasan más horas durmiendo y se muestran menos activos, lo que puede parecer normal, pero también podría estar vinculado a problemas articulares como la artritis o la sarcopenia.
- Pérdida o aumento de peso: cambios que pueden reflejar alteraciones metabólicas como hipertiroidismo, diabetes o enfermedad renal crónica (ERC), cuya prevalencia se eleva en gatos de entre 15 y 20 años, según NIH.
- Problemas dentales: entre el 52% y el 68% de los gatos mayores de tres años desarrollan enfermedades orales, como gingivitis o reabsorción dental.
- Disminución de la visión y audición: condiciones como la esclerosis lenticular, cataratas o incluso glaucoma pueden afectar a los gatos mayores de 9 años. En algunos casos, la hipertensión arterial provoca pérdida repentina de la vista.
- Cambios de comportamiento: pueden volverse más irritables, vocalizar más de noche o desorientarse, síntomas que indican un posible síndrome de disfunción cognitiva, equivalente felino al Alzheimer.
- Pelaje y piel deteriorados: menos brillo, zonas sin pelo, coloración blanquecina o pelaje enmarañado, producto de la disminución del acicalamiento.
- Higiene descuidada y crecimiento excesivo de uñas, sobre todo si presentan dolor al moverse.
¿Qué consecuencias puede traer el envejecimiento en los gatos?

Los cambios propios de la edad no siempre son benignos. Muchos de ellos están directamente vinculados con patologías que comprometen la calidad de vida y pueden ser irreversibles si no se detectan a tiempo.
El NIH remarca que distinguir entre envejecimiento normal y enfermedad es esencial. Por ejemplo, la pérdida de masa muscular magra eleva el riesgo de muerte hasta en un 40% por cada 100 gramos perdidos. Otras consecuencias incluyen la insuficiencia renal crónica, deterioro cognitivo, problemas cardíacos o estreñimiento crónico, todos frecuentes en felinos mayores.
¿A qué edad se considera anciano a un gato?

Las clasificaciones por edad establecidas por organizaciones veterinarias y estudios revisados por el NIH sugieren estas categorías:
- De 7 a 10 años: gatos maduros.
- De 11 a 14 años: gatos sénior.
- 15 años o más: gatos geriátricos.
Si bien cada gato envejece de forma distinta, el contexto genético, el entorno, la nutrición y el estado de salud influyen en su longevidad. Algunos pueden llegar hasta los 21 años o más si están bien cuidados.
Consejos para cuidar a un gato anciano

Los expertos coinciden: el cuidado preventivo es clave. Estos son algunos de los consejos más importantes para acompañar a un gato en su vejez:
- Visitas veterinarias cada seis meses: permiten controlar enfermedades silenciosas, como la ERC o el hipertiroidismo.
- Monitoreo del peso y el apetito: los cambios en la ingesta o el peso pueden ser señales de alerta.
- Dieta específica: los gatos mayores necesitan alimentos altamente digestibles, con un equilibrio entre proteínas, grasas y micronutrientes.
- Adaptación del hogar: facilitar el acceso a comida, agua y áreas de descanso. Evitar escaleras o lugares de difícil acceso.
- Cepillado regular y corte de uñas: ayudan a mantener la higiene y detectar bultos o lesiones cutáneas.
- Enriquecimiento ambiental: juegos suaves, estímulos auditivos y visuales, rutinas predecibles para mantener su función cognitiva.
El envejecimiento no es una enfermedad, pero puede traer consigo muchas. Detectarlas a tiempo es el primer paso para que los gatos disfruten de su vejez con dignidad y bienestar.
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