Pasaron casi 12 años desde que Madeleine McCann desapareció y aún sigue siendo un misterio sin resolver. Ahora, una serie-documental de 8 capítulos de Netflix recuerda el drama ocurrido el 3 de mayo de 2007 en Praia da Luz, Algarves, Portugal.
Bajo el nombre de "La desaparición de Madeleine McCann", la serie arroja la hipótesis de que la chiquita de 3 años habría sido secuestrada por una red de tráfico de personas y que aún estaría viva.
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A lo largo de sus 8 capítulos, se basa en la teoría de Julián Peribanez, el detective privado que fue contratado por Gerry y Kate McCann, los padres de Madeleine, y el principal impulsor de que la niña no sólo aún está viva sino que se encontraría en Portugal. La nueva serie documental presenta entrevistas con investigadores, periodistas y figuras clave del caso.

EL DRAMA. "El lugar para las vacaciones perfectas. Es el resort ideal para vivir el verano en familia". Cuando Gerry McCann escuchó la promoción que ofrecía el Mark Warner Ocean Club de Praia da Luz, no dudó y reservó uno de los departamentos para veranear con su familia. Él y su mujer necesitaban descansar en un lugar tranquilo, lejos de la ciudad, para disfrutar mejor de los chicos: Madeleine, Sean y Amelie, los gemelos de 2 años.
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El complejo estaba pensado especialmente para los más chicos: ubicado a metros de la playa, tenía varias piletas, club kid y actividades para todas las edades. "Un verdadero paraíso con todo lo necesario para pasarla bien", pensó Gerry. Irónicamente, ese paraíso se convirtió en el infierno cuando el 3 de mayo su hija Maddie desapareció mientras dormía junto a sus hermanos, en la habitación 5A del resort ubicado en la región de Algarve, al sur de Portugal. Esa noche, Gerry y su esposa Kate habían ido a cenar al restaurante de tapas con otras tres parejas de amigos (todos médicos como los McCann y también con chicos).


Los McCann les habían dado la cena a sus hijos bien temprano y los arroparon en la cama. "Hoy fue uno de los días más lindos de mi vida", le había confesado Madeleine a su mamá cuando la despidió con un beso. Una vez que los chicos quedaron dormidos, Kate y Gerry cerraron la ventana de la habitación, pero dejaron abierta la puerta trasera, que daba a un patio –"Para que los chicos pudieran salir por si se producía un incendio", dijeron después a los medios–, y se fueron al restaurante. Cada media hora se turnaban para ir hasta el departamento –distante 45 metros y del otro lado de una de las piscinas– a chequear que sus hijos continuaran durmiendo. Gerry fue el último en ver a Maddie descansando en su cama, al lado de la cuna en la que dormían sus hermanos. A las 9.45, cuando Kate entró en la habitación de los chicos, descubrió que faltaba Madeleine y que la ventana del cuarto estaba abierta. Los gritos desesperados de Kate quebraron para siempre la paz del resort.
El departamento que había alquilado Gerry para cuatro personas contaba con dos habitaciones; él había pagado 1.000 dólares por semana. Estaba en planta baja y daba a la parte externa del complejo. Evidentemente, el acceso de intrusos era fácil.
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Después de la desaparición de Maddie, nada fue igual en el resort. Investigadores, perros entrenados, periodistas y policías invadieron el lugar. Kate y Gerry, decidieron quedarse allí viviendo. Lo hicieron durante un tiempo. La tranquilidad de la villa también se alteró. Su monotonía pueblerina se quebró con las misas por Madeleine en la única iglesia de Praia da Luz, la suelta de globos y las caminatas que hacían Kate y Gerry junto a sus gemelos.
Los Mc Cann finalmente regresaron a su casa en Rothley, Inglaterra, tras más de 130 días de ausencia. Kate y Gerry McCann fueron hacia la habitación de Madeleine. No fue cómo lo habían soñado: se tomaron de la mano hasta juntar el valor necesario para ingresar al cuarto sin su hija mayor. En la otra mano, Kate mantuvo a Cuddle Cat, el peluche rosa preferido de Maddie que su madre lleva a todos lados desde la desaparición. Se sentaron sobre su cama y comenzaron a rezar…
Hubo varios sospechosos, incluso los mismos padres cuando hallaron rastros de sangre en una de las paredes del departamento y en la cortina del cuarto matrimonial que ocupaban los McCann. Pero después Gerry y Kate fueron eliminados de la lista de sospechosos.
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ANTES DE PRAIA DA LUZ. Los McCann tenían una vida perfecta antes del secuestro de Madeleine. Gerry es cardiólogo y Kate, anestesista y médica de familia. Se conocieron cuando hacían su residencia en Western Infirmary, en Glasgow. Ella decidió trabajar durante un año a Nueva Zelanda, y él no lo dudó: la siguió. Se casaron en 1998 y se mudaron a The Midlands, en Inglaterra. En 2000 se instalaron en Leicester cuando a Gerry le ofrecieron un buen puesto como cardiólogo en el Glenfield Hospital. Kate, a su vez, comenzó a trabajar en The Latham House Medical Practice, en Melton Mowbray, como la doctora Healey, su nombre de soltera. Pero los hijos no llegaban y hasta pensaron que tal vez nunca podrían ser padres.
En 2002, después de varios intentos, y mediante fertilización in vitro, Kate quedó embarazada. "Maddie realmente fue un milagro para los McCann. Es lo más precioso en sus vidas", aseguró un amigo de la pareja. En 2004 llegaronlos mellizos y la familia se mudó a una casa más grande. Tenían una vida feliz tanto familiar como profesionalmente.
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EL PEOR FINAL. Kate y Gerry prefirieron no apoyar la serie de Netfix: creen que puede "obstaculizar" la investigación en curso sobre el caso no resuelto de Madeleine. Tampoco aceptaron ver el documental con anticipación, algo que la multinacional de streaming les ofreció. Dicen que nunca van a dejar de buscar a su hija.
Una búsqueda que ya lleva doce años y más de 11 millones de dólares gastados. En una entrevista, hace un tiempo, Kate había confesado que para ella era imposible prepararse para lo peor. "No puedo esperar las malas noticias. Simplemente no sé cómo hacerlo. Cuando en el pasado desaparecieron chicos, yo veía las noticias y pensaba: 'Esa es mi peor pesadilla'. No tenía idea de cómo esas madres lograban pasar cada día. Pero hasta que una no está en esa situación, no puede siquiera empezar a imaginarse qué fuerza te saca de la cama y te lleva a la ducha. Simplemente tenés que seguir". Y de esta pesadilla los McCann parece que ya no se despertarán.
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Texto Daniela Fajardo
Fotos Archivo Atlántida
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