¿A quién sentarías en tu mesa de Fiestas?

¿Y si pudiéramos armar nuestra propia #mesaza e invitar a una cena de Nochebuena y de Año Nuevo a quien quisiéramos? Para conocerlos mejor, conversar, discutir, reír y llorar… ¡Salud y fantasía!

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UN EXTRAÑO REJUNTE
por QUENA STRAUSS, periodista

Sueño con esta cena. Aunque, pensándolo mejor, tal vez lo ideal sería un té al estilo del Sombrerero Loco. Un extraño rejunte de personas y personajes a los que me encantaría tener cerca esta Nochebuena, en lugar de las tías, primos y parientes de todos los años. Sería algo muy parecido a la mesa que hace años (y para el lanzamiento de su perfume Le Mâle) el diseñador Jean Paul Gaultier armó para un comercial de televisión.

Una mesa afrancesada, divina y llena de seres desopilantes. En mi caso, serían de la partida Batman (trending topic de mis fantasías eróticas más o menos desde los doce años), Vicky Xipolitakis (porque no puedo creer lo que hace y dice, y porque es verla y no poder parar de reírme a carcajadas) y también algún chimentero tipo Marcelo Polino o Angel de Brito, de esos que pueden "levantar" cualquier evento.

Olvidate de mí si estás esperando que convoque a alguna celebridad o ser pensante porque esa no es mi idea de una cena feliz y chispeante. Sólo me permitiría convidar a mi ágape a la espléndida Margaret Atwood, cuyos libros y novelas devoro desde mucho antes de que comenzara a ganar Emmys a repetición. ¿Quién más? Un par de testas reales, empezando por el príncipe Harry (a quien ni casado puedo siquiera imaginar "sentando cabeza") y terminando con su desvencijado padre, tan dado a cuidar de su huerta, del medioambiente y de su adorada y perruna Camila Parker Bowles. Invitaría también a Sheps, mi cachorra, y a Neo, el perro de mi novio que ahora vive conmigo (el perro, no el novio).
Y, ahora sí, a levantar la copa bien alta y brindar por todo lo absurdo y cómico del mundo.

UNA CENA SOÑADA
por LUIS BUERO, periodista

Anoche tuve un sueño. Se trataba de una cena de fin de año y yo había invitado amigos increíbles. Sonó el timbre y apareció el primer invitado, Freud, que caminó protestando por el tránsito vehicular acumulado junto a ese (definió él) monumento fálico al que nosotros llamamos Obelisco. Se sentó cómodo y enseguida cayó el segundo que era Poncio Pilato, quien pidió permiso para pasar al baño a lavarse las manos. "Éste tiene alguna neurosis que lavar", murmuró don Sigmund. Groucho Marx entró feliz con un lápiz y un papel diciendo: "Tengo la frase ideal para mi lápida: 'Disculpen que no me levante'", y dejó una botella de vino en la mesa.
Pero en mi sueño había más comensales. Apareció el Quijote de la Mancha sin su amigo Sancho, y Pilato le preguntó qué corno le había visto a esa mina, Dulcinea, como para enamorarse tanto. Freud lo interrumpió: "no te gastes, éste tuvo las alucinaciones de los molinos de viento, es un psicótico patentado". Pensando en eso estaba cuando apareció Superman por la ventana.
Groucho lo abrazó y exclamó: "hombre de acero, vos sí que no precisás Viagra". "No lo creais así –intervino el Quijote–, que a su dama Luisa Lane, el muy gilipollas, sin saberlo, le obsequió un anillo de bodas con piedra de kriptonita".
Estaban todos comiendo cuando sonó el timbre; fui, observé por la mirilla de la puerta, me di vuelta y exclamé: "¡Chicos, es la famosa, la espectacular, la China!". Todos se pararon y pusieron las boquitas en "u" para dar un beso, cuando entró de golpe la China Zorrilla y gritó: "¿qué les pasa a estos idiotas"?, y ahí, del ataque de risa me desperté.

ilustración VERÓNICA PALMIERI

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