Próximo a cumplirse cinco años del inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, y a un año y medio del comienzo de la escalada con Irán, Estados Unidos asume que necesita una reforma de su sistema militar. El Jefe del Pentágono, Pete Hegseth, ante cientos de oficiales convocados el 2 de octubre en la base militar de Quantico, Virginia, reiteró el eje de su pensamiento militar: que el “ethos guerrero ha resurgido” tras un periodo en el que, según él, su debilidad fue provocada por haber puesto el foco en “iniciativas de diversidad e inclusión”. Hegseth, un promotor de la cultura MAGA en esta nueva Administración de Donald Trump, afirmó que las Fuerzas Armadas estadounidenses ya no son “débiles ni woke” y que no hay lugar para “gordos, ni travestis, ni barbudos, ni raros, ni flojos, ni radicales”.
Antes de su discurso, el Jefe del Pentágono entrenó junto a unos 600 efectivos que vestían remeras con la leyenda “ESTO ES LA GUERRA”. Su discurso también fue crítico con los medios de comunicación por su cobertura de la guerra contra Irán, un factor de impopularidad entre los votantes estadounidenses. Calificó a dicha cobertura de ser “antiestadounidense” y una “traición a la Nación”. Cabe señalar que Hegseth tiene antecedentes militares: fue oficial de la Guardia Nacional del Ejército de los Estados Unidos con el rango de mayor. Se alistó en el ejército en 2003 tras graduarse de la Universidad de Princeton y sirvió en la Base Naval de Guantánamo (Cuba).
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Hegseth anunció una decisión concreta que recoge las experiencias del último lustro, las que deberían dar paso a innovaciones necesarias, aprendidas a partir de distintos fracasos. Se trata del nuevo Comando de Guerra Autónoma (AutoWarCom), dedicado al desarrollo y empleo de sistemas robóticos basados en inteligencia artificial, drones y armas autónomas. Será conducido por un general de cuatro estrellas, lo que marca la importancia que el Pentágono asigna a esta transformación.
Hegseth señaló expresamente que la experiencia de la guerra de Ucrania ha sido una de las principales razones para avanzar en esta dirección. Paralelamente se pondrá en marcha el Proyecto Agincourt, destinado a acelerar la adquisición, prueba e incorporación de drones y otros sistemas no tripulados. El objetivo es adaptar las Fuerzas Armadas estadounidenses a un escenario en el cual la inteligencia artificial, la autonomía de los sistemas y el empleo masivo de medios no tripulados tendrán un peso creciente, aunque por ahora las decisiones finales sobre el uso de la fuerza continúan formalmente bajo control humano.
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Sin embargo, Hegseth admitió que se esperan resistencias internas a la creación del AutoWarCom, que va a funcionar en el mismo nivel que otros comandos de combate, como el Comando Central y el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos.
Elon Musk retorna al gobierno para encabezar el Proyecto Meridian, destinado a diseñar el escenario de la guerra futura. Compartirá su conducción con Palmer Luckey, fundador de Anduril, y Newt Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes (quien en los años noventa prologó algunos libros del “futurólogo” Albin Toffler sobre las guerras en el siglo XXI).
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La iniciativa tendrá 120 días para identificar las tecnologías, capacidades y sistemas de armas que Estados Unidos necesitará en los conflictos de las próximas décadas. El estudio abarcará un escenario extraordinariamente amplio, desde la guerra subterránea en túneles y cavernas hasta el espacio cislunar, es decir, la región comprendida entre la Tierra y la Luna. Al término de ese plazo (en enero de 2027) deberá presentar un informe público y otro reservado.
La designación de Musk confirma el creciente peso de las grandes empresas tecnológicas en la planificación militar estadounidense. SpaceX mantiene importantes contratos con el Pentágono para sistemas satelitales de comunicaciones y detección de amenazas, mientras que Anduril, de Luckey, desarrolla sistemas autónomos y de defensa contra drones.
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Cabe señalar que los satélites de Musk han sido fundamentales para Ucrania en su desarrollo de la guerra con Rusia. La decisión plantea la cuestión de los posibles conflictos de interés entre quienes definen las necesidades militares futuras y las empresas que pueden competir por satisfacerlas. Meridian busca, en definitiva, anticipar hoy qué tecnologías serán decisivas en los campos de batalla de las próximas décadas, en lugar de esperar a que una nueva guerra revele esas necesidades.
Al mismo tiempo, Trump anunció el 4 de octubre la conformación de la “Fuerza de Superinteligencia”, encabezada por el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, designado además como responsable de la política de inteligencia artificial del gobierno, e integrada en su conducción por Andrew Ferguson, presidente de la Comisión Federal de Comercio; Emil Michael, subsecretario del Pentágono para Investigación e Ingeniería, y Scott Kupor, director de la Oficina de Administración de Personal.
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La nueva fuerza deberá coordinar la política del gobierno federal frente al rápido desarrollo de esta tecnología y relacionarse con las empresas del sector, los proveedores de infraestructura, organizaciones sociales y religiosas y los consumidores. Reportará directamente a Trump y a la jefa de Gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles. La iniciativa se presenta después de que el Presidente ordenó reemplazar en el Ejecutivo federal la expresión “inteligencia artificial” por “superinteligencia”, sosteniendo que el nuevo término refleja mejor el alcance de la transformación tecnológica.
La Administración Trump busca mantener el liderazgo estadounidense frente a China, pero al mismo tiempo comienza a reconocer la necesidad de responder a los riesgos que plantea el acelerado desarrollo de estos sistemas. La orientación de Trump sigue privilegiando, sin embargo, la autorregulación y los compromisos voluntarios de las grandes empresas tecnológicas antes que una regulación estatal más restrictiva.
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Cabe señalar que en el encuentro entre Trump y Xi Jinping en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente estadounidense estuvo acompañado por trece empresarios del área tecnológica, entre los que se destacaron Tim Cook (Apple), Elon Musk (Tesla, SpaceX y X), Sam Altman (OpenAI), Sundar Pichai (Google y Alphabet), Jeff Bezos (Presidente de Amazon) y Mark Zuckerberg (Meta).
La creación de esta fuerza, junto con AutoWarCom y el Proyecto Meridian, muestra que la inteligencia artificial está dejando de ser tratada solamente como una cuestión tecnológica para convertirse en un problema de seguridad nacional.
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