
El 18 de febrero de 1812, a pedido de Manuel Belgrano, el entonces Primer Triunvirato creó un distintivo con el objetivo de distinguir a los soldados de la causa patriota respecto de los demás. Fue el nacimiento de la escarapela nacional, a la cual las autoridades le asignaron los colores azul-celeste y blanco. Sobre la base de esos colores, y no de los del cielo ni de las nubes, Belgrano decidió mandar a confeccionar la bandera nacional el 27 de febrero de ese mismo año.
No hay duda, entonces, respecto al origen de los colores de la bandera nacional: Belgrano pidió una escarapela, el Primer Triunvirato la creó, asignándole los colores, y luego Belgrano decidió mandar a confeccionar una bandera con esos mismos colores. En todo caso la incógnita gira en derredor de los motivos que pudo haber tenido el Triunvirato para elegir esos colores a la hora de crear la escarapela, y a la forma o diseño que tuvo la bandera diseñada por Belgrano.
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Con relación a los colores, la hipótesis más probable es que el Triunvirato se haya inspirado en los de la “orden real” creada por Carlos III (rey de España entre 1759 y 1788) para premiar a quienes se destacaran por sus acciones militares en beneficio de la Corona. Los símbolos de esa orden eran una cruz esmaltada y una banda de dos colores (blanco y azul). A su vez, Carlos III se habría inspirado en los colores de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, de la cual era ferviente devoto, y a la que tanto rezó para que su hijo, el Príncipe de Asturias (luego Carlos V a partir de 1804), tuviera un hijo que permitiera prolongar la dinastía.
En cuanto al diseño de nuestra principal insignia patria, es una hipótesis muy probable que, la que originalmente Belgrano mandó a confeccionar, haya tenido solo dos franjas, tal como lucía la banda que simbolizaba la Real Orden de Carlos III, y tal como había sido pergeñada la escarapela, que tenía un amplio corazón blanco con un borde celeste.
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Esta teoría se confirmaría con el retrato que en 1815 François Carbonnier hizo de Belgrano mientras éste se encontraba en Londres en misión diplomática, en cuya parte inferior dibujó la escena de una batalla en la que se observa a un soldado llevando una bandera de dos franjas horizontales con los colores celeste y blanco. Es dable suponer que fue el mismo prócer quien le describió sus características. La referida hipótesis también estaría avalada por la disposición de los colores del fondo de nuestro escudo nacional aprobado por la Asamblea del Año XIII, elaborado por el orfebre peruano Juan de Dios Rivera Tupac Amarú.
Es cierto que cuando el Primer Triunvirato fue derrocado en octubre de 1812, después de haber creado la escarapela pedida por Belgrano, la bandera de España que flameaba en la actual Casa Rosada fue reemplazada por una celeste y blanca de tres franjas, tal como hoy la conocemos, y que esa disposición de colores fue la que tuvo la primera banda presidencial utilizada, en 1814, por el primer director supremo Gervasio Posadas; pero la confusión se mantuvo muchos años porque ni el 20 de julio de 1816 (fecha en la que se efectuó el primer reconocimiento oficial, aunque provisorio, de la bandera), ni el 25 de febrero de 1818 (cuando se le dio reconocimiento definitivo, y se le agregó un sol a la bandera de guerra), el Congreso Nacional describió las características de la bandera nacional. Ello recién ocurrió en el año 1944, en el que el presidente de facto, Edelmiro Farrell, dictó el decreto 10.302 mediante el cual se describieron las características de la bandera nacional, disponiéndose la utilización, para uso oficial, de una bandera de tres franjas (celeste-blanca-celeste) con un sol dorado en el medio, y sin él para uso de los particulares.
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Cuarenta y un años más tarde, en 1985, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, se sancionó la ley 23.208 que autorizó a los particulares a utilizar la bandera descrita en el decreto antes mencionado, agregándosele el tradicional sol de treinta y dos rayos.
El día de la Bandera es el 20 de junio de cada año, habiéndoselo elegido por cuanto fue ese día, de 1820, cuando falleció su creador, e ingresó en la inmortalidad: Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Así fue dispuesto en 1938, durante la presidencia de Roberto Marcelino Ortiz, a través de la ley 12.361.
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La bandera nacional es un símbolo de nuestra identidad como argentinos; sería deseable, entonces, que la pasión que los mundiales y la Selección Argentina de Fútbol transmiten a la gente, potenciando la necesidad de lucirla y hacerla flamear, renazca cada 20 de junio, y no solamente cada cuatro años.
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