
¿Cómo celebrar la vida en medio de la muerte?
El sábado 4 de abril por la tarde, Sábado Santo, mientras cientos de chicos y chicas celebraban la Pascua en el predio de las 3T, sobre Crovara, frente a Puerta de Hierro, en La Matanza, la vida y la muerte se cruzaron de la forma más injusta. En ese mismo lugar donde se compartía la alegría, donde los chicos jugaban y celebraban la Vida, el narcotráfico desató un tiroteo desenfrenado. En medio de la balacera una bala calibre 22 atravesó ese espacio y fue a dar en la cabeza, precisamente en la nuca de Emilia, una nena de 13 años que vive y se cría en uno de los hogares de menores de nuestra parroquia con tres de sus hermanitos porque la droga le rompió la vida a su papá y a su mamá.
Lo que pasó después también habla de quiénes somos. La comunidad, sin dudarlo, la cargó y la llevó al hospital. Los hospitales respondieron con rapidez, profesionalismo y humanidad. En el día de Pascua de Resurrección, Emilia está viva. Se salvó de milagro. Es creer o reventar. Y damos gracias a Dios por eso.
Pero desde lo más hondo queremos decir algo que no puede quedar tapado por el milagro: nosotros no queremos vivir por milagro, queremos vivir por dignidad. Porque nuestra vida vale.
Lo que pasó no es un hecho aislado. Venimos sufriendo tragedias de muertes a diario, nos cansamos de ver a nuestros jóvenes hechos un mural porque se los llevo una bala.
No puede ser normal que nuestros espacios de comunidad y vida, escuelas y centros de abuelos estén llenos de agujeros por impactos de bala.

Es escandaloso ver la cantidad de armas que mafias adultas ponen en las manos de chicos de nuestros barrios como si fueran un juguete.
Causa profundo dolor que familias tan sacrificadas y trabajadoras vean cómo su hijo se les está muriendo poco a poco por la droga. Vergüenza tendría que darles a los “arruina guachos” que le venden pasta base a nenes de 10 años huérfanos de todo cuidado como así también a personas que han quedado discapacitadas en silla de ruedas por tantos años de violencia y consumo. Triste es ver cómo nenas adolescentes que iban a la escuela son explotadas sexualmente sobre Crovara para después entrar a comprar paco.
Mucho dolor y mucha bronca da ver a un trabajador que sale de madrugada y es asesinado por un celular que después se canjea por pasta base.
El narcotráfico está despenalizado de hecho en nuestros barrios.
Los espacios se ocupan.
Las villas y barrios populares o se integran o se entregan. El Estado nacional ha elegido entregarlos al narcotráfico en vez de trabajar por la integración socio urbana.
Cuando el Estado se corre de esta problemática, el narcotráfico crece. Y cuando crece, no solo vende droga: se mete en la vida del barrio, organiza desde la violencia y se lleva a los más pobres, a los más indefensos, a nuestros chicos y jóvenes, mientras otros se enriquecen con su sangre.

Por eso la pregunta no es ingenua ni exagerada: ¿cómo puede ser que a metros de puestos de policía y gendarmería siga creciendo el narcotráfico mientras todos los vecinos sabemos dónde está el problema? ¿Cómo puede ser que el mundo de la justicia no pueda abordar el problema de venta de droga mientras hay miles y miles de jóvenes de distintos lugares de La Matanza que se desangran aquí? ¿Cómo puede ser que nos acostumbremos a que una balacera infernal se desate en el mismo lugar donde cientos de niños estaban celebrando la vida? Los miles de jóvenes, mamás con hijos, abuelos, personas con discapacidad que viven en los hogares de recuperación de la Iglesia católica son una denuncia concreta de esta realidad que clama al cielo.
Los barrios de Crovara son barrios de trabajadores, con sentido hondo de familia, que saben en cuero propio lo que es el abandono. Muchas de sus familias sufrieron la pérdida de algún familiar por la droga o la violencia. Sufrieron en la dictadura, sufrieron la ausencia de la democracia en su forma más concreta. Y, sin embargo, son barrios que luchan para ponerse de pie. Con muchísimo esfuerzo, la comunidad fue abriendo caminos de vida: escuelas, clubes, hogares, espacios donde los pibes pueden encontrar otra oportunidad. Por eso duele más ver que, mientras la comunidad se levanta, también crece la droga. Y entonces aparece una pregunta que no podemos evitar: ¿es casualidad o hay intereses que no quieren que estos barrios se levanten?
Hoy vemos con claridad que cuando el Estado no llega como tiene que llegar, otros ocupan ese lugar. Por eso creemos que no alcanza con mirar desde afuera ni con intervenir tarde.

La Política es la forma más alta de la caridad y de transformar la realidad. De hacer que todos —más allá del lugar en dónde nos haya tocado nacer— podamos partir de la misma línea de largada de oportunidades para vivir. Hace falta una decisión más profunda frente a la droga y las armas, y un compromiso real con lo que sí está dando vida en los barrios. Procesos como la urbanización que se viene llevando adelante, el trabajo del Organismo Provincial de Integración Social y Urbana (OPISU), y el esfuerzo cotidiano de la comunidad, no pueden quedar solos. Porque donde hay dignidad, el narcotráfico retrocede; y donde el barrio se organiza, la vida se abre paso.
Nos atraviesa otra pregunta que duele mucho: si hubiese pasado lo peor, ¿qué estaríamos diciendo hoy?
Seguramente sería un escándalo en todos los medios nacionales, mientras que los que tienen alguna autoridad expresarían su “indignación elegante”. Por un centímetro literalmente la bala no mató a Emilia. No podemos naturalizar estas situaciones.
Por eso, como comunidad, acompañamos con toda el alma a Emilia, y agradecemos profundamente a quienes hicieron posible que hoy esté viva. Pero también sentimos la responsabilidad de levantar la voz. Porque no queremos sobrevivir. Queremos vivir con dignidad. Queremos que nuestros chicos puedan jugar sin miedo. Queremos un barrio donde la vida valga más que la violencia.
Y aunque el dolor es grande, no vamos a soltar la esperanza. Porque creemos, profundamente, que incluso en medio de la muerte, la vida tiene la última palabra.
Padre Nicolás “Tano” Angelotti y Comunidades “Las Tres T” (Tierra-Techo-Trabajo)
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