Las recientes elecciones en Japón, Tailandia y Bangladesh señalan el predominio de los partidos de centro derecha.
En Japón, el partido Liberal Democrático (PLD) conducido por Sanae Takaichi obtuvo 325 diputados, lo que le permitirá gobernar sin alianzas al alcanzar los dos tercios en la legislatura; en Tailandia el partido del Primer Ministro Anutin Charnvirakul, Bhumjaithai, consiguió 196 representantes de un total de 500 constituyendo una importante victoria aún sin alcanzar la mayoría absoluta.
El Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP), conducido por Tarique Rahman, se impuso en las elecciones celebradas el jueves 12 sobre la coalición de partidos islamistas Jamaat-e-Islami (JI) liderado por Shafiqur Rahman. El BNP obtuvo 212 escaños frente a los 77 de JI. Estas son las primeras elecciones después del levantamiento estudiantil conocido como “Revolución de Julio” o “Revolución Gen Z” en 2024 que terminó con el derrocamiento del gobierno de Sheikh Hassina y su reemplazo por un interinato a cargo del Premio Nobel de la Paz, Muhammad Yunus. El movimiento estudiantil optó por apoyar a Jamaat a pesar de su inclinación religiosa por considerar inviable una alianza con el BNP por promover el libre mercado y la desregulación económica.
La Primer Ministra Takaichi asumió primero la presidencia del PLD en las elecciones de octubre 2025 logrando convertirse en la primera mujer en alcanzar el cargo de primer ministra el 21 de ese mismo mes. Sanae Takaichi contó con el patronazgo del líder Shinzo Abe quien ocupara el cargo de primer ministro de 2014/21; Abe fue asesinado sin motivos aparentes por un extraño el 8 de julio de 2022. La aplastante victoria del PLD el domingo 8 ratifica una marcada tendencia de revitalizar la percepción de Japón como nación y recuperar un rol protagónico en el escenario internacional, y en especial en la relación confrontativa con China resentidas por el trágico pasado de la invasión japonesa en julio de 1937 que culminara con la derrota en setiembre 1945. La incorporación de Japón al QUAD, integrado por India, Estados Unidos y Australia tuvo la intención de dejar atrás ese pasado, y posicionarse en Asia ante el creciente hostigamiento de China que a partir del ascenso de Xi Jinping utiliza el pasado para incitar el nacionalismo como una forma de unificar al pueblo detrás del liderazgo del PC. Esta actitud de Xi contrasta con la actitud que tuvo Deng Xiaoping en 1978 cuando viajó a Tokio para restablecer los vínculos de amistad y ofrecer a China como destino de sus inversiones. Takaichi siempre enfatizó la importancia del alineamiento con los Estados Unidos y el entendimiento con Donald Trump sin temor a tensar las relaciones con su principal vecino.
El triunfo del Bumjaithai en Tailandia con 192 diputados sobre el Partido del Pueblo que consiguió 117 y el tradicional Pheu Thai con 74 del ex primer ministro Thaksin constituyó una sorpresa no reflejada en las encuestas. El partido del primer ministro Anutin recurrió en su campaña a la exaltación del nacionalismo ejemplificados en los recientes enfrentamientos con el pequeño Reino de Camboya, y al peso de la organización del gobierno para consolidar el apoyo en el interior. El gobierno lanzó en julio del año pasado un programa especial de estímulo al consumo y al turismo de alta aceptación popular para revitalizar la economía afectada por los aranceles para las exportaciones a los Estados Unidos y una reducción del número de turistas procedentes de China.
Es la primera vez que el electorado tailandés brinda un claro apoyo a un partido alineado con la realeza desde el triunfo del líder del Pheu Thai, Thaksin Shinawatra, en 2001; en las elecciones de 2005 este partido obtuvo también una contundente victoria obteniendo 376 asientos de un total de 500. Sin embargo, sus intentos de modificar la estructura de poder mediante las privatizaciones y la apertura económica provocaron la irascibilidad de las fuerzas armadas que terminaron por destituirlo en el golpe de estado de octubre 2006 abriendo un período de inestabilidad que recién ahora, después de 20 años, pareciera reencontrar al país con su pasado tradicional dejando atrás los intentos de los nuevos partidos de incorporar a los sectores rurales a la vida democrática incluyendo la posibilidad de un cambio en el rol de la monarquía.
Los resultados de las elecciones marcan una tendencia que quizás no sea definitiva por la variedad de los sistemas políticos en la región asiática. Sin embargo, en los tres países los electores priorizaron la estabilidad y el nacionalismo no solo por razones domésticas sino también por la compleja situación regional caracterizada por un alto nivel de inseguridad y belicosidad.
El despliegue militar de China en las proximidades de Taiwán, las reyertas por los reclamos chinos de soberanía en archipiélagos e islotes del Mar de la China Meridional, las amenazas permanentes del régimen de Corea del Norte, la inestabilidad en Myanmar, la precaria relación entre India y Pakistán, los enfrentamientos entre este último y Afganistán y las amenazas del terrorismo islámico siguen mostrando las dificultades para deponer los intereses nacionales a pesar del rápido desarrollo económico de las últimas décadas.
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