
El metal precioso, tradicionalmente visto como refugio ante la incertidumbre, cerró 2025 con un avance de 66%, alcanzando los USD 4.365 por onza. En un entorno marcado por la preeminencia de la tecnología y el auge de los activos de riesgo, el oro recuperó protagonismo como alternativa defensiva.
El comienzo de 2026 reafirmó esa tendencia, impulsado por un contexto internacional convulsionado: tensiones en Ucrania y Groenlandia, guerra de aranceles, políticas públicas erráticas y nuevas dudas fiscales. En este escenario, la denominada “prima geopolítica” sostiene el rally del oro.
Goldman Sachs ajustó su proyección y ubicó el objetivo en USD 5.400 por onza para diciembre de 2026, vinculando esta alza a un cambio ya visible en el mercado: la demanda se diversificó más allá de los bancos centrales, incorporando a los inversionistas privados y otorgando un rol destacado a los fondos cotizados (ETFs).
El oro trasciende modas financieras y ciclos de crecimiento veloz. Su renovado ascenso refleja fenómenos estructurales: transformaciones en la política monetaria, tensiones geopolíticas, cuestionamientos al dinero fiduciario y un sistema financiero global cada vez más expansivo y volátil.
La demanda se diversificó más allá de los bancos centrales, incorporando a los inversionistas privados y otorgando un rol destacado a los fondos cotizados
De la era del dólar fuerte al resurgimiento del metal precioso
Para comprender el retorno del oro al centro de la escena, es necesario retroceder y analizar su comportamiento en los últimos 50 años. El abandono definitivo del patrón oro por parte de Estados Unidos en 1971 marcó el inicio de una etapa de revalorización inédita. El contexto de los años 70 -crisis petrolera, inflación acelerada y conflictos internacionales- impulsó el precio desde USD 35 hasta USD 850 por onza entre 1971 y 1980. El metal se consolidó como refugio ante la desconfianza en el dinero.
El punto cúlmine llegó con la invasión soviética a Afganistán, cuando la cotización, ajustada por inflación, equivaldría hoy a USD 2.800 por onza.
Durante los años 90, tras una política monetaria contractiva y tasas de interés reales elevadas, el dólar se consolidó como moneda fuerte y el oro perdió atractivo.
Entre 1990 y comienzos del siglo XXI, su precio descendió de USD 400 a USD 280 por onza. Este retroceso no implicó un fracaso del oro, sino que reflejó la fortaleza del dólar como reserva de valor y la preferencia por activos financieros tradicionales.
Siglo XXI: auge, correcciones y nuevas crisis
El cambio de siglo trajo consigo una nueva tendencia alcista, aunque moderada, para el oro. El primer gran salto se produjo en 2006: la onza cotizaba en USD 555 y, seis años más tarde, su valor nominal se incrementó 207% y en términos reales más de 165%. En febrero de 2008, el metal superó los USD 900 por onza. La crisis financiera global disparó la demanda de activos refugio en medio del colapso hipotecario y la quiebra de instituciones financieras. Poco después, la crisis de deuda europea sumó más presión.
En 2011, el oro alcanzó un récord histórico de USD 1.922 por onza. La combinación de incertidumbre mundial, políticas monetarias expansivas y temores a crisis sistémicas consolidó su función como refugio.
La combinación de incertidumbre mundial, políticas monetarias expansivas y temores a crisis sistémicas consolidó su función como refugio
Como en ciclos anteriores, tras ese avance se sucedió una etapa de corrección y estancamiento entre 2012 y 2018. El equilibrio volvió a romperse en 2020, con la llegada de la pandemia de Covid-19 y la respuesta monetaria y fiscal inédita, reavivando los temores sobre la estabilidad económica global. En ese contexto, el oro superó por primera vez los USD 2.000 por onza.
En 2021, el precio se estabilizó en niveles elevados, sin alcanzar nuevos máximos, lo que reafirmó su naturaleza defensiva: el oro no responde a la euforia, sino a la incertidumbre.
Del shock pandémico al rally de 2025
Entre 2020 y 2024, el oro acumuló un alza cercana al 73%. Solo en 2024, marcó 40 máximos históricos, acompañando el récord de demanda y oferta global. Detrás de este rally confluyeron dos motores: la persistente demanda de bancos centrales, que incrementaron sus reservas en un proceso de diversificación y menor dependencia del dólar, y el regreso de los inversionistas financieros, que volvieron a posicionarse en el metal tras años de baja exposición.
El punto de inflexión fue el cambio en las expectativas de política monetaria en Estados Unidos. El mercado anticipó un ciclo de tasas de interés más bajas, lo que redujo los rendimientos reales y devolvió al oro su histórica función de cobertura ante la incertidumbre macroeconómica.

La trayectoria del oro está íntimamente ligada a la historia del dinero fiduciario y su poder de compra. Según los datos de inflación estadounidenses, tomando enero de 1980 como base 100, el índice de precios al consumidor alcanzó 416 puntos en diciembre de 2025. Esto implica que el dólar perdió cerca del 76% de su poder adquisitivo en 45 años: un dólar de 1980 equivale hoy a solo 24 centavos.
Durante buena parte de los años 80 y 90, esa pérdida fue contenida, lo que explica por qué el oro, ajustado por inflación, mostró una tendencia descendente durante más de dos décadas.
El dólar perdió cerca del 76% de su poder adquisitivo en 45 años: un dólar de 1980 equivale hoy a solo 24 centavos
El cambio se aceleró a partir del 2000: entre ese año y 2025, el nivel de precios prácticamente se duplicó y, especialmente tras la pandemia, la expansión monetaria y el aumento de la deuda deterioraron el poder adquisitivo del dólar a un ritmo más veloz. Así, el oro recuperó su rol: no por su rendimiento, sino por preservar valor frente a una moneda que pierde capacidad de compra estructuralmente.
Cobertura versus crecimiento
Comparado con los activos productivos, el oro exhibe otra dimensión. Si bien preserva valor en momentos de crisis, su desempeño nominal de largo plazo es inferior al de las acciones. Además, sirve como cobertura frente a inflación, crisis financieras y tasas reales negativas, más que como motor de crecimiento patrimonial.
Cada vez que el rendimiento real de los bonos del Tesoro de EEUU cae o se torna negativo, el atractivo del oro se fortalece. En los años 80, con tasas reales elevadas, el oro perdió relevancia. En cambio, durante políticas monetarias expansivas o expectativas de las mismas -como en 2008, 2020 y 2025-, el metal recuperó protagonismo.
La lección de medio siglo de historia del oro es clara: no se trata de un activo de moda ni de una apuesta especulativa permanente. Su valor emerge cuando el sistema monetario entra en tensión. Durante décadas, el dólar fue una reserva de valor efectiva y el oro quedó relegado. Cuando ese equilibrio se resquebraja, el metal vuelve a escena.
El rally de 2025 lo confirma. El oro no lidera los ciclos de crecimiento, pero reaparece cada vez que la confianza en el dinero y en las reglas del sistema queda en duda.
Todo indica que 2026 seguirá esa tónica, consolidando al oro como refugio en tiempos de incertidumbre estructural y volatilidad global.
El autor es Analista Económico, director de Focus Market
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