La Cámara de Diputados rechazó en una misma jornada los vetos a la Ley Garrahan y a la norma sobre universidades. El oficialismo quedó aislado y expuso la fragilidad de sus acuerdos políticos a casi dos años de haber sorprendido en las urnas.
En un hecho inédito desde el retorno de la democracia en 1983, la Cámara Baja rechazó este miércoles dos vetos presidenciales en una misma sesión. El más contundente fue el de la Ley de emergencia pediátrica, que obtuvo 181 votos afirmativos contra la voluntad del Poder Ejecutivo. El segundo, referido a las universidades, también fue desestimado por una amplia mayoría.
El golpe político no solo desnuda la soledad del oficialismo en el Congreso, sino que además marca un punto de inflexión en la estrategia legislativa del presidente Javier Milei. En el 2024, el Gobierno había sorprendido al lograr instalar agenda y condicionar a la oposición. Pero este año, apenas 45 días después de realizarse una marcha masiva en defensa de la educación y la salud pública, la escena cambió de manera drástica.
Puentes rotos y falta de red de contención

El revés no es un accidente aislado, sino la consecuencia de una serie de decisiones que fueron erosionando las posibilidades de gobernabilidad. El Gobierno eligió confrontar, romper puentes y prescindir de alianzas que eran claves para sostener los vetos y avanzar en reformas de fondo.
En el camino, el oficialismo perdió respaldo territorial: no logró consolidar victorias provinciales, debilitó sus sellos locales y quedó sin red de contención política. Lo que debía ser un año de acuerdos para blindar al Ejecutivo en la etapa electoral se transformó en una sucesión de errores de cálculo.
El peso de los símbolos
El impacto político del rechazo a los vetos se amplifica porque involucra a dos instituciones de enorme prestigio social: el Hospital Garrahan y la Universidad de Buenos Aires. Enfrentarse a ambas marcas, equiparables en reputación a una multinacional como “la Coca-Cola de la legitimidad social”, supuso un costo que ni los estrategas más optimistas pudieron revertir.
La masividad de la movilización en defensa de la salud y la educación, que atravesó a todos los sectores sociales, dejo al Gobierno expuesto a un desgaste que inevitablemente se traducirá en las urnas.
Una interna expuesta
La derrota legislativa puso bajo la lupa a tres figuras clave del engranaje oficialista: Martín Menem, presidente de la Cámara Baja; Eduardo “Lule” Menem, encargado de la interlocución política; y Lisandro Catalán, flamante ministro del Interior. Ninguno logró garantizar los respaldos necesarios para sostener la estrategia presidencial.
La consecuencia inmediata es la pérdida de autoridad dentro del Congreso y, a mediano plazo, la necesidad de redefinir el método de construcción política.
El retorno del peronismo
Los hechos también reavivan un viejo patrón de la política argentina. Cada vez que se anuncia la muerte del peronismo, el movimiento logra resurgir de sus propias cenizas, como el ave fénix. Esta vez, la dinámica parlamentaria y el error de cálculo del oficialismo lo colocan nuevamente en el centro de la escena.
Conclusión
El rechazo a los vetos presidenciales no es solo una derrota legislativa: es una señal clara de que el Gobierno ha perdido la iniciativa política. En apenas un año, pasó de sorprender al sistema con audacia a chocar contra los límites de la realidad parlamentaria.
El desafío, ahora, es mayor: sin vetos, sin votos y sin puentes, Milei enfrenta el riesgo de ver cómo su proyecto de reformas estructurales se diluye antes de comenzar.
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