
En un intento por estabilizar el mercado financiero y frenar la volatilidad de las tasas, el Banco Central (BCRA) y el Ministerio de Economía desplegaron en las últimas semanas una serie de medidas que apuntan a absorber pesos del sistema, reforzar la demanda de títulos públicos y ordenar la curva de rendimientos en moneda local. Esta estrategia, que implica un endurecimiento de las condiciones monetarias, se consolida en un contexto de creciente nominalidad y tensiones en el mercado de deuda en pesos, tras la eliminación de las LEFI a comienzos de julio.
Desde entonces, la economía entró en una etapa de mayor turbulencia financiera. La base monetaria mostró una dinámica errática, producto de una inyección inicial de liquidez por el fin de las LEFI, una posterior absorción parcial vía licitaciones, y nuevas expansiones posteriores. Esta volatilidad provocó una fuerte suba en las tasas interbancarias y en los rendimientos de los bonos en pesos, reflejando la dificultad del BCRA para manejar los agregados monetarios sin su tradicional instrumento de referencia.
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El BCRA permitió que parte de estos encajes se integren directamente con títulos públicos, volviendo parcialmente sobre decisiones anteriores
Para frenar esa dinámica, el BCRA aumentó los encajes bancarios a partir del 18 de agosto. Esto significa que los bancos deberán inmovilizar una porción mayor de los depósitos de sus clientes. El aumento es de cinco puntos porcentuales sobre cuentas a la vista y depósitos precancelables, incluidos los fondos Money Market. En total, se calcula que esta exigencia representa una absorción cercana a $4,2 billones, que los bancos deberán cubrir mayoritariamente con nueva deuda del Tesoro.
Como parte de esta movida, el BCRA permitió que parte de estos encajes se integren directamente con títulos públicos, volviendo parcialmente sobre decisiones anteriores que habían restringido esta posibilidad. De esta manera, se impulsa una demanda forzada de bonos, al mismo tiempo que se retira liquidez del mercado.
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En paralelo, y para evitar una disrupción total en el financiamiento, el BCRA reabrió una ventanilla de liquidez para que los bancos puedan obtener fondos de forma inmediata mediante operaciones de pase, utilizando como garantía títulos con vencimientos mayores a 60 días. Esta medida busca contener las tasas de corto plazo, que llegaron a niveles del 80% TNA en las últimas semanas, y prevenir ventas masivas de bonos en el mercado secundario.
La política monetaria y financiera actual muestra un claro sesgo contractivo
El límite de estas operaciones es del 5% de la Responsabilidad Patrimonial Computable de cada banco, y la tasa se calcula en base al promedio del mercado más un 2%, según la Comunicación “B” 13.032 del Central.
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Hoy, esa estrategia de absorción de pesos encontró un nuevo punto de apoyo. En la licitación realizada por la Secretaría de Finanzas, se adjudicaron $3,788 billones, prácticamente el total de las ofertas recibidas ($3,799 billones), a una tasa TAMAR más 1,00% con vencimiento el 28 de noviembre de 2025 (M28N5). Este resultado es clave para el objetivo del Gobierno que busca consolidar la contracción monetaria sin desatar un episodio de inestabilidad. La licitación ayuda a absorber los pesos que quedaron sueltos tras la suba de encajes y permite al Tesoro avanzar con su programa financiero sin presionar aún más el mercado de deuda a corto plazo.
En conjunto, la política monetaria y financiera actual muestra un claro sesgo contractivo. Con tasas altas, encajes más exigentes y una coordinación más estrecha entre el BCRA y el Tesoro, el Gobierno busca frenar las expectativas de devaluación, evitar un salto inflacionario y contener la volatilidad en la antesala de un calendario político cargado.
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Sin embargo, este enfoque tiene costos como ser mayores tasas para el sector privado, menor disponibilidad de crédito y un posible freno a la recuperación de la actividad económica. Aun así, el mensaje es claro: el equipo económico prefiere apretar el torniquete monetario ahora, con el objetivo de llegar al cierre del año con mayor estabilidad cambiaria y financiera.
El autor es economista y ex subsecretario de Programación Macroeconómica
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