
Resulta sencillo observar que, en el plano internacional, el nivel actual de riesgo geopolítico ha alcanzado su punto más alto en muchos años.
La guerra en Medio Oriente, las tensiones arancelarias entre Estados Unidos y sus socios comerciales, el conflicto entre Rusia y Ucrania y las disputas entre las potencias nucleares de India y Pakistán son ejemplos claros.
En este contexto, tres preguntas son clave para las empresas: ¿cómo medir objetivamente la evolución de este riesgo?, ¿cómo impacta esta situación en las empresas? y ¿cómo gestionar este riesgo de manera eficiente?
La medición del riesgo: Existen diversos índices de riesgo geopolítico que reflejan la atención y preocupación que los eventos políticos y militares globales generan en personas, empresas y gobiernos. Por ejemplo, el BlackRock Geopolitical Risk Indicator (BGRI) y el Geopolitical Risk Index (GRI) de Dario Caldara y Matteo Iacoviello, ambos de actualización mensual, son herramientas destacadas. Conceptualmente, estos índices son similares.
El GRI, que cuantifica eventos geopolíticos adversos desde 1900, mide la cantidad de artículos periodísticos que mencionan expresiones como guerras o terrorismo, cuyos picos se correlacionan con caídas en inversión y empleo
El BGRI mide la atención del mercado a los riesgos geopolíticos analizando la frecuencia de palabras relacionadas con estos riesgos en informes financieros y medios de comunicación, asignando una puntuación a los 10 principales riesgos identificados.
Por su parte, el GRI, que cuantifica eventos geopolíticos adversos desde 1900, mide la cantidad de artículos periodísticos que mencionan expresiones como guerras o terrorismo, cuyos picos se correlacionan con caídas en inversión y empleo.
Impactos en las finanzas
El informe Global Risk Report 2025 (World Economic Forum) señala que las consecuencias en las empresas son distintas en función de la industria, localización geográfica y tipo de organización. Sin embargo, frecuentemente los conflictos internacionales impactan financieramente a las empresas en distintas formas.

- Las perspectivas de reducción de tasas de interés se desvanecen, encareciendo el financiamiento y la inversión.
- La volatilidad en los precios de insumos como el petróleo, el gas y los metales incrementan los costos operativos, mientras que los precios de venta de productos agrícolas enfrentan presión por aranceles comerciales.
- Las tarifas sobre bienes importados, especialmente de China, afectan insumos tecnológicos y manufacturas, obligando a las empresas a buscar proveedores alternativos más costosos.
- Las interrupciones en las cadenas de suministro, derivadas de conflictos globales y regionales, generan demoras y mayores costos logísticos, afectando sectores como la agroindustria y la minería.
En síntesis, el deterioro del clima de negocios, con mayor inseguridad y polarización política, reduce la confianza inversora y dificulta la planificación estratégica.
Estrategias: corto vs. mediano plazo
En el corto plazo, el primer paso es identificar la exposición a estos conflictos internacionales, considerando no solo a la empresa, sino también a los socios comerciales y proveedores clave. Dada la alta incertidumbre, definir escenarios alternativos es muy recomendable.
Optimizar inventarios, mantener niveles de liquidez de seguridad, fijar precios de insumos clave, negociar plazos extendidos con proveedores o cubrir volatilidad con derivados financieros
El seguimiento continuo mediante tableros de control que monitoreen la evolución de los conflictos es fundamental. Como respuestas, optimizar inventarios, mantener niveles de liquidez de seguridad, fijar precios de insumos clave, negociar plazos extendidos con proveedores o cubrir volatilidad con derivados financieros son alternativas viables.
En el mediano plazo, la resiliencia y la adaptación son esenciales para la competitividad.
- Diversificar mercados hacia regiones más estables reduce la dependencia de países conflictivos.
- Implementar tecnologías locales disminuye la exposición a restricciones tecnológicas globales.
- Acceder a financiamiento estable, como el mercado de capitales o instituciones internacionales, mitiga la volatilidad financiera.
- Además, formar equipos capacitados para anticipar shocks geopolíticos mediante talleres de análisis de riesgos, fortalece la posición empresarial.
Conclusión
Es previsible que, con mayor o menor intensidad, las tensiones internacionales persistan en el futuro cercano. Por ello, las empresas deben desarrollar capacidades de anticipación y respuesta para protegerse frente a estos escenarios y, al mismo tiempo, capitalizar las oportunidades que surjan como consecuencia de los mismos.
Las empresas deben tomar decisiones continuamente, la clave es contar con las habilidades necesarias para gestionar las mismas en escenarios altamente inciertos.
El autor es Profesor de Gestión del Riesgo en IAE Business School, la escuela de negocios de la Universidad Austral. Esta columna se publicó en el Informe Económico Mensual (IEM) de junio
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