
Así se llama la serie británica distribuida por Netflix que viene generando una enorme aceptación del público argentino y mundial. ¡Se lo merece! Es una excelente descripción, dramática y fuertemente realista, de la familia, los jóvenes, la escuela, la policía, la Justicia, las redes y la sociedad en su conjunto.
Dejo a los expertos de la psiquis el espacio que le corresponde para analizar el mundo interior del adolescente sobre el cual se centra la obra, tanto como la constitución interna de su familia y el vínculo con sus padres y abuelos. Escapa a mi expertis, en el caso que tenga alguno.
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Voy a referirme específicamente al mundo escolar que se muestra en el segundo capítulo y que revela los problemas de la escolarización en Inglaterra, generalizables a nuestra escuela.
Breve reseña del argumento
Se trata de un niño de trece años acusado de matar a una compañera del colegio en un estacionamiento externo al mismo. La víctima es una niña, dos años mayor, que cursa en el mismo establecimiento, habiendo compartido algunas materias en común. No avanzo más con el argumento, no es necesario para el lector que ya la vio y es inconveniente para el que aún no se aproximó a ella.
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La escuela, entonces, es un lugar o un espacio para investigar por la policía. El cadáver se encontró dentro de sus límites y ambos víctima y victimario asistían a la misma.
La escuela
Ya no se trata de la Escuela que Pink Floyd denunció como carcelaria y represiva en la película The Wall de Alan Parker, allá lejos y hace tiempo. La escuela del crimen nada tiene que ver con aquella donde jóvenes rubios, bien británicos, marchaban como zombies hacia una picadora de carne. En Adolescencia la escuela es absolutamente lo contrario. ¡De aquel amor ya no queda nada! La mezcla de etnias en aulas, pasillos y patios indican que Inglaterra ya no es la misma.
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Las primeras imágenes, al llegar la policía al establecimiento para hablar con los alumnos en busca del cuchillo asesino y conocer los motivos de la salvajada, son de un bullicio y desorden descomunal que cuesta asimilarlas a un establecimiento educativo.
Acoso y humillación
Lo primero que aparece es la agresión de un alumno blanco a un negro: le dice cara de pene. Acto seguido otro alumno, asimilable a un bandido, le exige dinero, o sea, pretende robarlo, aumentando la cuota de violencia al arrojarle comida a la cara. Lo narrado transita en el comedor de la escuela. Un docente presencia la escena y su intervención es liviana y ligera solo le dice al agresor, como al pasar, y sin detenerse: déjalo tranquilo.
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Lo que ameritaba una intervención mayor quedó en un “dejalo tranquilo”.
La policía en la escuela
Los investigadores concurren al curso del agresor para hablar con los jóvenes que se encuentran solos dado que el profesor aún no llega. Como muchos otros, lo hace tarde y mal entrazado. La información que da la policía al curso causa cierta hilaridad en algunos alumnos que seguramente ocasiona que al salir la oficial de policía le diga a su compañero: “Por que las escuelas siempre huelen igual, una mezcla de vómito, repollo y masturbación. Es horrible”. A lo que el inspector responde en diálogos posteriores: No soporto este lugar. ¿Te parece que alguien aprende algo aquí? Solo parece un puto corral. Videos en todos las clases, los profesores entran y salen cuando quieren. Todas las escuelas apestan. Son una mierda”
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En su recorrido por el establecimiento educativo el inspector concurre al curso donde estudia su hijo (aquel que tenía cara de pene), y en presencia del profesor y de los policías un compañero lo molesta con los sonidos de un cerdo. ¡Bullying al mango! El asunto termina con gritos del profesor que son en general las voces que se escuchan en toda la escuela.
Intenta hablar con ellos y suena una alarma como que algo se incendia y todos marchan a las canchas de tenis. La idea es que la escuela es un caos. Lo afirma de este modo una docente.
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Rumbo a las canchas el Inspector parlamenta con el profesor que había llegado tarde y lo consulta sobre el agresor, el docente se desentiende, yo no lo conocía, afirma, siendo que fue su alumno, para finalizar diciendo: estos chicos son imposibles. Revelando su ineptitud y falta de compromiso con los jóvenes y la educación. El profesor es étnicamente indio. Desconozco si hay en esto alguna intencionalidad por parte del guionista.
Los motivos
Comienza a dibujarse el abismo entre los jóvenes y los adultos. Sin narrar la sucesión de imágenes, todo se esclarece cuando el hijo del inspector le pide a su padre que quiere hablar en privado. Una vez solos le dice: estas desorientado papá, no es por ahí donde debes buscar, esto es, encontrar el cuchillo asesino. Voy a ayudarte a entender. Las causas están en Instagram y comienza una explicación sobre los emojis, la importancia de los colores y sin dar más detalles que harían extensa esta nota, lo que aparece es un acoso o bullying de la niña asesinada sobre el asesino que agravan su estado emocional, por todos los vistos alcanzados en Instagram. La desvalorización y el menoscabo emerge como un volcán incontenible. Va de suyo que la serie no pretende justificar el crimen de ninguna manera.
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Todo lo que viene después en los capítulos siguientes remiten al mundo interior y familiar del victimario que escapa a mis conocimientos y a la razón de esta nota.
Si queda como mensaje final lo que la oficial de policía le dice a su compañero de investigación antes de retirarse de la escuela: lo único que necesitan los niños es algo que les haga sentirse bien consigo mismo.
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Nada más y nada menos.
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