La bolsa argentina ha comenzado el año con algunas dolorosas caídas. Sin embargo, a escala mundial, asistimos a un repunte liderado por Europa. A continuación, explico a qué se debe esta divergencia y cómo sacar partido de ella.
Las caídas superiores al 20% (en dólares), como la que lleva sufriendo el Merval desde el 9 de enero, nunca son fáciles de asimilar. Según las finanzas conductuales, sufrimos las pérdidas el doble de lo que disfrutamos las ganancias (en muchos países, incluso aún más), por lo que las pérdidas, a veces, parecen mayores de lo que son en realidad.
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En estos casos es necesario tomar cierta distancia para ver el panorama con claridad. Los índices “estrechos”, como el Merval, están más expuestos a las oscilaciones. Tanto es así que, en 2024, se revalorizó un 114%. Pero ¿recuerda cómo comenzó su repunte? Tras dispararse en enero, se desplomó un 29% entre el 2 de febrero y el 11 de marzo. Las extraordinarias ganancias del año, pues, llegaron más adelante.
En los mercados generales, ni siquiera la negatividad de la segunda parte del año borra una trayectoria excelente. Así sucedió con el índice S&P 500 estadounidense en 1998, cuando subió un 22,2% hasta el 17 de julio y, a continuación, se hundió un 19,3%. Su mala racha prosiguió hasta el 31 de agosto para volver a dispararse y cerrar el año con una subida del 26,7%.
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Los índices “estrechos”, como el Merval, están más expuestos a las oscilaciones
¿Cuál sería otra razón para cambiar de perspectiva? El declive de la renta variable argentina es una excepción. En dólares, las acciones mundiales han avanzado un 5,4% hasta el 19 de febrero de este año. Las europeas se han revalorizado un 9,8%, lo que las sitúa por delante de las estadounidenses (4,5%).
Por lo tanto, el brusco descenso de la bolsa argentina no se debe a una mala coyuntura internacional (o a un deterioro de sus propios fundamentos económicos), sino a un cúmulo de sentimientos que impulsa el liderazgo de Europa, el peor desempeño relativo de Estados Unidos y la caída de Argentina.
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Entretanto, en Estados Unidos, los inversionistas celebraban la victoria de los republicanos en las elecciones de noviembre, ya que esperan que traigan consigo recortes de impuestos y desregulación. Mientras tanto, en Argentina, el vínculo del presidente Javier Milei con Donald Trump y la escasa dependencia de las exportaciones a Estados Unidos hacía anticipar un escenario favorable. A la vez, la elevada inflación se frenó de golpe, creció el optimismo y la popularidad de Milei se puso por las nubes. Después de todo, su presidencia parecía sólida, para sorpresa de muchos expertos.
Todos esos factores elevaron las expectativas en Estados Unidos y Argentina, poniendo el listón muy alto a posibles sorpresas positivas. Por el contrario, en Europa, el miedo a Trump y a sus aranceles hundió las expectativas, lo que creó margen para el alivio.
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Desde la toma de posesión de Trump en enero, han aumentado las dudas respecto a la capacidad de los republicanos para sacar adelante sus propuestas, dados los escasos dos votos de ventaja con que cuentan en la Cámara de Representantes. Las rebajas de impuestos ya no parecen tan posibles, ni tampoco la desregulación.

La amenaza de los aranceles persiste, pero los gravámenes a los metales son insignificantes y, en el caso de Colombia, Canadá y México, resultaron ser herramientas de negociación. En cuanto a los supuestos “aranceles recíprocos”, podrían no llegar a concretarse, lo que mitigaría el temor a la imposición de tasas universales y tranquilizaría a los principales socios comerciales de Estados Unidos.
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De esta forma, en buena medida, la inquietud en Europa no parece justificada, ni tampoco el entusiasmo en Estados Unidos por la llegada de los “protectores de las empresas”. Si bien la sensación de alivio está impulsando a la bolsa europea, el bloqueo político deja rezagado a Estados Unidos. Y así será durante un tiempo.
Por su parte, el descontento de Argentina es doble: el de Estados Unidos y el suyo propio. Como ya sabrá, los controles de capitales y la devaluación paulatina del peso siguen vigentes, lo que debilita las expectativas. Además, el escándalo de la criptomoneda $Libra ha provocado que se pida la destitución del presidente, lo cual no hace sino avivar la incertidumbre política.
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Es de esperar que, con el tiempo, el desplome de la bolsa argentina dé paso a una recuperación del sentimiento que allane el terreno para un repunte impredecible. En todo caso, la división del sentimiento en 2025 evidencia la importancia de invertir a escala global, ya que mitiga el efecto de la volatilidad y permite aprovechar las oportunidades donde son más probables las sorpresas alcistas. Adopte siempre un enfoque global y mantenga el optimismo.
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