
La reciente abstención de Argentina en la votación de una resolución de la ONU que exigía al presidente ruso Vladimir Putin la retirada “inmediata y sin condiciones” de sus tropas de Ucrania, bajo la presidencia de Volodímir Zelensky, pone de manifiesto la falta de principios de la administración de Javier Milei.
En lugar de adoptar una política exterior que defienda de manera coherente la democracia, la libertad, los derechos humanos y la soberanía de las naciones, el gobierno argentino parece haber optado por someterse, de manera indignante, a los dictados del gobierno de Donald Trump. Esta decisión no solo debilita la posición de Argentina, y nos pone en un lugar subalterno en el ámbito internacional, sino que también cuestiona su compromiso con los valores fundamentales que deberían guiar su accionar en el escenario global.
Este giro errático y personalista expone la improvisación de la política exterior, olvida la profesionalización de nuestro servicio exterior, muestra la arbitrariedad de la actual administración y socava los valores que Argentina históricamente ha defendido.
La resolución de la ONU, que reitera el compromiso con la soberanía, la independencia, la unidad y la integridad territorial de Ucrania, contó con el apoyo de varios países europeos, y ayer fue aprobada con 93 votos a favor, 18 en contra y 65 abstenciones.

La neutralidad frente a una criminal invasión no es otra cosa que una traición a los principios que guían el derecho internacional. Otra consecuencia negativa que esta inconsistente posición genera es que nuestra posición en Malvinas se ve directamente debilitada, ya que la abstención pone en jaque el principio de “integridad territorial” (principio de derecho internacional que evoca el derecho de un Estado de preservar intacto su territorio ante la intervención exterior), el cual es la base fundamental de nuestro histórico reclamo. Esta posición ambigua amenaza los intereses soberanos respecto al reclamo en la cuestión de las islas Malvinas y podría implicar una violación a la manda constitucional de la disposición transitoria primera de nuestra Constitución Nacional.
Más preocupante aún es el alineamiento irreflexivo con la política exterior del gobierno de Trump, lo que implica una peligrosa pérdida de autonomía estratégica. En lugar de defender una posición propia y basada en el interés nacional, Argentina se plega a los intereses de Trump, desdibujando su rol en la geopolítica global, probablemente a cambio de algún acuerdo comercial poco transparente. A esto se suma la inquietante cercanía de referentes de la Libertad Avanza con líderes autoritarios como el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, cuyas posturas prorrusas contrastan con los valores democráticos que el gobierno dice defender. Frente a los ejemplos heroicos de resistencia a la opresión como el del ruso Alekséi Navalni, nuestro gobierno entrega la dignidad nacional por unas míseras monedas de aliados del dictador Putin.

La historia nos recuerda los costos de la neutralidad mal entendida. Durante la Segunda Guerra Mundial, Argentina tardó en definirse y pagó un precio político elevado por su neutralidad. Tampoco podemos olvidar el alineamiento de los gobiernos de Cristina Kirchner y Alberto Fernández con Putin o sus peligrosas y vergonzantes alianzas. Hoy, la indiferencia frente a la agresión rusa no es una posición de equilibrio, sino una claudicación ante el autoritarismo.
Es especialmente irónico que el presidente Milei, en diciembre de 2023, le haya obsequiado a Zelensky una janucá, como un gesto simbólico de apoyo, y que un año después decida abandonar a Ucrania en un momento tan crítico. Más allá de los desaciertos de la Unión Europea en su dificultad para sostener una posición, resulta ignominioso darle la espalda a nuestros hermanos europeos, teniendo en cuenta los profundos lazos familiares, culturales e históricos que nos unen con el viejo continente.
Asimismo, y no menos grave, esta decisión nos acerca peligrosamente a posiciones anti occidentales similares a las del bloque de los BRICS y otros países como Rusia, China, Irán, Mozambique, Vietnam, Zimbabwe, entre otros. Queda claro que la agenda geopolítica de esos países no siempre se alinea con los intereses del mundo libre ni con los valores democráticos occidentales.
En este contexto, la falta de una estrategia clara en política exterior sólo debilita la posición argentina en el escenario internacional. Hoy el mundo se encuentra ante un conflicto entre democracias y autoritarismos, es por eso que convendría recordar las nítidas palabras de Winston Churchill: “Les dieron a elegir entre el deshonor o la guerra. Eligieron el deshonor y ahora tendrán la guerra”.
Diputado nacional y presidente de la Coalición Cívica ARI
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