
Envalentonado por el “segundo tiempo” de Donald Trump, que percibe como factor habilitante y barniz legitimador, Milei reeditó esta semana su condición de diletante -y a la vez, delirante- rockstar de la nueva derecha global.
La nueva gira de autopromoción global, que incluyó los actos protocolares de la asunción del nuevo presidente estadounidense, diversos premios otorgados en cenas y eventos de gala, y una importante reunión con las máximas autoridades del FMI, tuvo su punto culminante en la tradicional cumbre económica global conocida como Foro de Davos.
El escenario no era nuevo para Milei, que en 2024 ya había aprovechado su discurso en el gélido cantón suizo para mostrarse como el nuevo profeta disruptivo e incómodo de la derecha global. Sin embargo, en esta nueva edición volvió a sorprender a los asistentes de un foro económico que suele discurrir de forma apacible entre caras y voces amigas, con un destemplado y exaltado discurso político.
Como si Trump necesitara un nuevo exegeta ideológico para esta nueva etapa a cargo de la botonera del Salón Oval, Milei se plantó ante los máximos referentes del capitalismo global para ofrecer su peculiar visión de la cruzada que junto a su “amigo” en la Casa Blanca y un variopinto conjunto de líderes que él mismo destacó (la italiana Meloni, el húngaro Orbán, y el salvadoreño Bukele, entre otros) pretenden liderar para derrotar a lo que el presidente argentino no dudó en calificar como el principal “peligro” que acecha a Occidente: la ideología “woke”.
En esta versión global de la tan mentada “batalla cultural” contra el progresismo, con una narrativa tan violenta como carente de sustento estadístico o rigor científico alguno, arremetió contra el feminismo, la diversidad sexual, el aborto, el derecho a la identidad, el ambientalismo y los inmigrantes con una ristra de argumentos anclados en prejuicios inocultablemente reaccionarios, teorías conspirativas y fake news. En definitiva, un intento por convertir derechos conquistados en muchas democracias liberales occidentales (como Argentina) en meras perversiones impuestas en función de oscuros intereses de una supuesta “conspiración” del progresismo a escala global.
Y como si esta peculiar “agenda anti-derechos” no fuera suficiente, también arremetió en Davos contra la Unión Europea, los organismos multilaterales de crédito e incluso los propios “organizadores” de la cumbre suiza.
Por un lado, un ataque peligroso que da cuentas de la profundización de una tendencia contraria a los organismos de la comunidad internacional, que ya lo llevó a cuestionar también el Mercosur y la Agenda 2030 de la ONU, y a abandonar la COP 30 sobre el cambio climático, y que podría sumar -imitando a Trump- nuevos capítulos. Por otro lado, una crítica un tanto contradictoria a los organismos multilaterales de crédito, a quienes acusó de ser un “brazo extorsivo” de esa “agenda siniestra” propia de la ideología woke, a pocas horas de haber sacado una alegre foto con Giorgeva en Washington en la previa de la llegada de una misión del FMI a nuestro país para avanzar en un nuevo programa que supuestamente le permitirá al gobierno contar con dólares frescos para enfrentar -en un año electoral- algunas inconsistencias cada vez más visibles en el plano macroeconómico (el cepo y las reservas internacionales netas, principalmente).
Curiosamente, con la jactancia de quien se cree ganador, el Presidente apenas se refirió tangencialmente y muy al pasar a los resultados económicos de su gobierno, como si el tan promocionado éxito de su programa fuera algo ya consumado, no una situación sujeta a potenciales retrocesos ni expuesta a grandes desafíos.
Lo cierto es que esas aparentes disonancias que muchos observaban a finales del pasado año entre el Milei que aspiraba a ser el líder de la nueva derecha global y el Milei presidente de una Argentina atravesando una de las crisis económicas, políticas y sociales más profundas desde el retorno a la democracia, hoy parecen fundirse en un mismo rostro que difícilmente admita dobles lecturas.
Así las cosas, parece cada vez más claro que no hay “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, aunque muchos de sus seguidores y algunos otrora acompañantes de las leyes que consagraron los derechos que Milei ataca y que hoy aspiran a sumarse a las filas libertarias, se esfuercen por negar, matizar, explicar o fingir demencia ante lo que el presidente dijo sin tapujos en Davos.
Aunque muchos se empeñen en elegir “su propio Milei” según sus necesidades, conveniencias o intereses, parece cada vez más claro que conforme avanza este particular experimento político que emergió tras su sorprendente y fulgurante ascenso al poder, su liderazgo proyecta atributos y rasgos identitarios cada vez más nítidos.
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