
En general, los adultos crecimos con recomendaciones típicas de nuestros padres que nos alertaban a no hablar con desconocidos en la vía pública o sobre a la leyenda de la Trafic blanca que, por las plazas y espacios públicos, circulaba para secuestrar chicos.
Claramente, como padres y docentes, es hora de actualizar el libreto. El prospecto de indicaciones de cuidado debe incluir a las nuevas tecnologías, tanto a las redes sociales como a los juegos online, plataformas muy visitadas por los chicos. Su letra chica debe tener diversas especificidades porque la virtualidad permite un accionar anónimo, desde cualquier lugar y a toda hora.
Cuando nos referimos a pedófilos en internet, se trata de personas que están acostumbradas al acoso virtual y tienen un accionar muy elaborado. Cuentan con muchos perfiles falsos y hablan con 10, 15 o 20 chicos al mismo tiempo. De hecho, algunos llegan al punto de hacer inteligencia con Google Maps para averiguar a qué escuela van y obtener otros datos sobre el mundo de sus víctimas a medida que avanzan las conversaciones.
Este accionar es un delito y se lo conoce como grooming, que es el acoso virtual realizado por una persona mayor de edad a una menor, niño o adolescente, con un fin sexual y tiene una pena de prisión de 6 meses a 4 años. Además, puede ser la antesala a otros delitos, como, por ejemplo, obtener material de abuso sexual infantil para la propia tenencia o su comercialización en redes de explotación sexual infantil; o incluso, generar encuentros personales con sus víctimas para cometer un abuso sexual físico, introducirlo en una red de trata o de venta de órganos.
Por lo tanto, este contexto nos llama a reflexionar que el darle un teléfono, tablet o PC a un chico mientras está en su cuarto, no necesariamente es una actividad segura. Hay que tener presente que la realidad virtual es igual o más compleja que la física de todos los días. Por lo cual, los consejos que les damos deben ser adaptados a este escenario.
De hecho, este delito generalmente ocurre en los chats de las redes sociales o de los juegos en red. Por eso, es importante que los padres sepan cuál es la vida digital de sus hijos y para ello, el diálogo será crucial en este punto: preguntar cómo le fue en el día con los juegos, con quiénes interactuó, si fueron siempre los mismos personajes o si se incluyeron nuevos.
Básicamente, mostrar interés y saber de qué estamos hablando. Puede ayudar bajarse la app, jugar y conocer. Eso hará que el chico se dé cuenta que entendemos lo que hace en su dispositivo, que nos interesa y posibilitará un diálogo franco sobre su vida digital.
Por otro lado, debemos estar atentos a los cambios de humor o conducta en los chicos. Como signos, puede suceder que de repente, la víctima no tiene ganas de ir a la escuela, se queda encerrado en su cuarto o empieza a hablar cada vez menos. No sólo los padres sino también los docentes, serán importantes en notar este cambio de ánimo.
De hecho, hay muchos casos de niños que sufren grooming durante mucho tiempo porque los pedófilos los amenazan con publicar chats íntimos o fotos y, ante eso, le tienen miedo al enojo de sus padres. Por eso, es fundamental haber generado un diálogo franco y sincero sobre la vida digital, que entendamos que esto pasa y mucho, y que nuestros hijos van a poder contar con nosotros, que nos vengan a buscar para evitarlo y no para lamentar las consecuencias.
Por último, debemos saber que corresponde hacer la denuncia en cualquier comisaría o que podemos llamar a la línea gratuita 137, de forma anónima. La misma pertenece al Ministerio de Justicia y se deriva a una fiscalía especializada en ciberdelitos que intentará localizar el dispositivo desde donde se realizó el delito.
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