
El 29 de agosto de 1810 nacía en San Miguel de Tucumán el gran jurista, economista y escritor argentino Juan Bautista Alberdi. Hoy, su figura es revalorizada y adquiere su verdadera dimensión como uno de los intelectuales más brillantes de nuestra historia, en donde al influjo de su pluma enérgica y pensamiento lúcido, fue capaz de inspirar la construcción de un país libre, moderno, potente y con un horizonte real de progreso y bienestar.
El historiador y diplomático mexicano Carlos Pereyra en su libro “El Pensamiento Político de Alberdi” describía la personalidad del gran tucumano de esta manera: “Para encontrar el tipo de estadista y de fundador que tenga semejanza con Alberdi, hay que evocar la figura de Hamilton, pero con un Hamilton formado en la escuela de la persecución y con la maravillosa facultad que ningún otro escritor político ha tenido en el continente americano, de agregar a la fuerza persuasiva de la dialéctica el poder de un ingenio mordaz. El nombre de Alberdi como organizador es único. Su nombre como escritor no tiene rivales. La virtud constante del desinterés, la más rara, la más alta y más aristocrática de las virtudes en que se basa el civismo, acaba de poner de manifiesto cual es la pureza del metal de que estaba hecha alma selecta”.
A casi 180 años de su escritura sus ideas mantienen una notable vigencia, como por ejemplo cuando en su “Fragmento Preliminar” (1837), destaca que “No es bastante tener brazos y pies para conducirse: se necesitan ojos. La libertad no reside sólo en la voluntad, sino también en la inteligencia, en la moralidad, en la religiosidad, y en la materialidad. Tenemos ya una voluntad propia; nos falta una inteligencia propia. Un pueblo ignorante no es libre porque no puede; un pueblo ilustrado no es libre porque no quiere. La inteligencia es la fuente de la libertad... La soberanía pues pertenece a la inteligencia. El pueblo es soberano, cuando es inteligente”.

Alberdi nos enseñaba que el principio de todo gobierno representativo es la democracia, por cuanto la democracia es la soberanía del pueblo. La representación significa, en palabras del gran jurista argentino, que la razón y la voluntad del pueblo se expresa a través de un gobierno respetuoso de la leyes, por ello afirmaba que “La paz no viene sino por el camino de la Ley. La Constitución es el medio más poderoso de pacificación y orden interior”. Y sobre la tergiversación de esos principios advertía que “La dictadura es la anarquía constituida y convertida en institución permanente. Un dictador es un jefe investido de poderes despóticos y arbitrarios, cuyo ejercicio no reconoce contrapeso”.
“Los clamores cotidianos de la tiranía no podrán contra los progresos fatales de la libertad”, fue una de sus máximas y desde ese pensamiento esencial supo anticipar la desnaturalización de las instituciones, dejando advertencias sobre cómo la omnipotencia del Estado afecta la libertad de las personas. En su ideal, el “Estado” tenía un “mandato esencial y único, que es proteger a los individuos de que se compone contra toda agresión interna y externa”, y si “se convertía en fabricante, constructor, empresario, banquero, comerciante o editor, funciones que no son de la esencia del Gobierno, obra como un ignorante y como un concurrente dañino de los particulares, empeorando el servicio del país, lejos de servirlo mejor”.
Sin lugar a dudas Juan Bautista Alberdi fue uno de los exponentes notables del ideario de mayo y uno de los más destacados pensadores de la generación del ´37. Valiente, apasionado, estudioso y reflexivo, nos invitó a imaginar e iniciar el camino para la construcción de una Argentina próspera, desarrollada, cosmopolita, con el irrenunciable respaldo y disfrute de las libertades plenas. En los campos de Caseros triunfó la espada de Urquiza, pero en el campo de las ideas Alberdi consiguió la victoria, por ello, “la libertad de la Patria es una faz de la libertad del hombre civilizado, fundamento y término de todo el edificio social de la humana raza”.
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