
En noviembre 2023, la victoria de Javier Milei en el balotaje fue leída por el mercado como un cambio de paradigma. Que los bonos Globales hayan trepado 56,4% desde ese momento hasta fin de marzo es una prueba del buen clima que se vivió. Otra muestra de esto fue que el Merval escaló 52,1% en dólares en este período.
Si bien hubo ciertas modificaciones radicales en la política económica, como pasar de un déficit fiscal crónico a un superávit, la economía todavía trae algunas reminiscencias de la gestión anterior.
Habiendo transcurrido más de ocho meses desde que asumió el nuevo Gobierno, aún restan definiciones acerca del tema que tiene en velo al mercado: el cepo cambiario. Tras las declaraciones del presidente Milei en el Council of the Americas y del ministro Luis Caputo en la Bolsa de Comercio de Córdoba, comienza a creerse que la máxima del Gobierno es “desinflar” en vez de “liberar”. Hacia adelante, el punto de partida para alcanzar lo segundo se deterioraría. Por ende, motivos sobran para pensar que el mejor momento para salir del cepo es hoy.
En el plano político, la mayor cercanía a las elecciones de medio término hará que el costo de liberar sea más alto. La inflación volvería a acelerarse, lo que pondría en juego el sustento del Gobierno. Si hoy se unificara al CCL, el dólar oficial debería trepar 36,1% para converger. Sin embargo, los precios no deberían saltar la totalidad de la brecha. Los bienes transables están priceados a un mix entre el oficial y el financiero, con excepción de las importaciones de energía y los contratos energéticos que están al tipo de cambio oficial. A modo de ejemplo, los exportables deberían aumentar 26,9%, mientras que las importaciones 10,3% o 21,2% si se redujera la alícuota del Impuesto PAIS de 17,5% a 7,5 por ciento.
Optar por el camino de desinflar y demorar la eventual salida del cepo para después de las elecciones conlleva riesgos en el plano económico. La dinámica del mercado oficial se volvería muy desfavorable para la acumulación de reservas.
El nuevo esquema de importaciones demandaría un diferencial estimado de al menos USD 6.900 millones entre septiembre y diciembre respecto a lo pagado en julio. Además, habría mayor demanda potencial de alrededor de USD 1.700 millones hasta diciembre por el pago de deuda provincial y corporativa.

Con cepo, la norma no sólo sería desacumular reservas en lo que resta de este año, sino hasta fin de 2025. Argentina afrontará compromisos con bonistas por USD 8.900 millones entre capital e intereses de Globales y Bonares, con el FMI por USD 3.300 millones y con otros organismos por USD 4.200 millones.
El desplome de los precios internacionales de las materias primas agrícolas y la apreciación del tipo de cambio real tampoco colaborarían con las cuentas externas.
Cuantificar la potencial pérdida de reservas es hacer futurología, pero los números dejan entrever que no sería un monto menor. Conseguir financiamiento externo amortiguaría la sangría. El gran interrogante es quién le prestaría a Argentina para no liberar. El FMI es poco probable. A Egipto y a Etiopía le dio financiamiento este año una vez que devaluaron.
Más allá de esto, un nuevo acuerdo que implique fondos frescos debe aprobarse en el Congreso. Ante los acontecimientos de esta semana, no puede descartarse que el Legislativo vuelva a darle la espalda al Gobierno.
Evitar lo irremediable luce un desafío titánico
La potencial caída de reservas se moderaría si se confirmaran los rumores de un REPO con bancos del exterior para garantizar el pago de capital de Globales y Bonares. También contribuiría en el margen el pago de la multa del blanqueo, que aumentaría los depósitos en moneda extranjera del Tesoro en el BCRA (¿de USD 960 millones a casi USD 3.000 millones?).
Los sabios dicen que los tiempos de la economía no son los mismos que los de la política. Una vez más la historia lo estaría demostrando. Mientras que la política puja por “desinflar”, la economía pide a gritos por “liberar”. Los riesgos de postergar lo inevitable son inmensurables y, en consecuencia, no hay garantías de que pueda ocurrir a mitad de camino.
Dicho de otro modo, la probabilidad de fracaso del plan “desinflar” no es cero. No llegar al destino final de la política implicaría una salida desordenada del cepo, por lo que el panorama podría tornarse más dantesco que si liberasen hoy.
La autora es Economista de PPI (Portfolio Personal Inversiones)
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