
A partir de que la actual administración inició su gobierno, desde la militancia piquetera surgió el cántico “La patria no se vende”, que repiten como estribillo en cada una de sus manifestaciones, buscando con esa afirmación identificar al gobierno de Milei como antipatriota, desleal y traidor.
Quienes llevan adelante ese cántico y lideran esas marchas son los mismos que apoyaron y aún hoy defienden leyes y medidas del populismo que endeudó innecesariamente a la Argentina en cifras multimillonarias, empobreció a la población hasta niveles impúdicos y en donde sus líderes y adláteres se enriquecieron.
Un breve y acotado recorrido de los hechos y políticas que ellos acompañaron nos llevan en primer lugar a recordar la condena que todos deberemos pagar por la cantidad de USD 16.000 millones más intereses, dispuesta por un tribunal de EEUU por expropiar mal YPF, en 2012, mientras la señora Cristina Kirchner era presidente y el señor Axel Kicillof estaba en el Ministerio de Economía, es decir, un enorme regalo a un grupo extranjero porque nada recibió el país como contraprestación.
También en estos días nos seguimos anoticiando de que “la patria no se vende”, pero se la endeuda insensatamente gracias a las “apioladas” de los gobiernos populistas, porque deberemos pagar la condena dictada en primera instancia por el juicio llamado “cupón PBI” que tramita en Inglaterra y que asciende a la suma de 1330 millones de euros (US$1443 millones) más intereses por daños e indemnizaciones, luego de que el Tribunal de Apelaciones de Londres le rechazara al país la posibilidad de apelar y para quienes no lo tengan en claro, la demanda contra la Argentina en este asunto se centró en el engañoso cambio de la base del cálculo del nivel de la economía (PBI), realizado en 2014 cuando el ministro de Economía era Axel Kicillof.
A estas formas de no vender la patria sino de regalársela a los extranjeros, debemos incluir los “negocios” locales, como el caso “Los Sauces”, donde se investiga el presunto desvío de fondos públicos destinados a infraestructuras para beneficiar a empresarios afines a la esfera kirchnerista, o el caso “Hotesur”, sustanciado ante el presunto delito de lavado de activos y por retornos de dinero en la concesión de contratos de la obra pública, a los cuales adiciono el caso de los “Cuadernos”, que investiga sobornos que empresas constructoras habrían pagado a cambio de contratos con el Estado durante los 12 años de gobiernos kirchneristas o el caso donde se investigan pagos de sobreprecios en la compra de gas natural licuado, o el reciente descubrimiento de datos sobre una presunta malversación de fondos en el otorgamiento de Becas Progresar que asciende a la cantidad de 341 millones de dólares otorgado al Estado nacional por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) del que nunca se habría rendido cuenta, o el tema de los seguros, en el que se encuentran denunciadas las empresas de un bróker y amigo del ex presidente Fernández y sus satélites por haber cobrado innecesariamente más de $2000 millones por comisiones, y no sigo porque son tantos.
Pero además de todas las deudas, gastos y extra costos insensatos e innecesarios en los que nos ha comprometido el populismo durante sus gobiernos, también debemos lamentar los daños sobre personas y pagar los destrozos que los movimientos piqueteros causan cada vez que un presidente contrario a sus intereses quiere solucionar los problemas que se generaron desde el populismo, como fueron las 14 toneladas de piedras que le arrojaron al país el día que el Congreso trataba la Ley de Movilidad jubilatoria de Macri en diciembre de 2017, y que gracias a ellos quedó abortada, lo cual significó que un par de años después y por decreto del populismo, las mismas quedasen reducidas en casi el 50% de las que hubiesen correspondido de haberse podido sancionar esa ley, y la misma conducta fue reiterada por estos militantes de la violencia el pasado 12 de junio con los caóticos incidentes que generaron afuera del Congreso, visto que convirtieron la zona aledaña en un verdadero campo de batalla, destruyendo varios vehículos y en donde al menos cinco efectivos policiales resultaron heridos, buscando con ese caos interrumpir la sesión que se estaba llevando adelante en el Senado por la ley “Bases”, pero esta vez fracasaron porque la sesión siguió su curso, más allá de las lesiones sobre personas y destrozos que generaron y que se encuentran enmarcados dentro de un furibundo plan de lucha que los grupos piqueteros han decidido llevar adelante contra el gobierno de Milei.
En síntesis, para estos grupos piqueteros está bien que -cuando el populismo gobierna- a la patria se la regale y se la robe y que -cuando otros gobiernan- se la destruya si no se hace lo que ellos quieren.
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