
La dimensión del insulto diplomático proferido hacia España por el máximo representante político de la Argentina puede hacer nublar el sectarismo y retroceso de pensamiento del Secretario de Culto de la nación. No hay que permitirlo.
Después de reponernos de lo inexplicable del titular del Ejecutivo, es necesario ponderar que Javier Milei es un agraviante de la diplomacia y las normas del derecho internacional. Francisco Sánchez, su secretario de Culto, actúa y dice peor y más grave que su jefe: es un reaccionario que defiende una ontología esencial de fenomenal y medieval peligrosidad.
Javier Milei hace una exhibición impúdica de la interpretación lacaniana de su apellido. Cree que puede invocar “mi ley” -su ley- sin restricciones ni consecuencias. Le importa poco ser presidente y recordar que cuando habla lo hace en nombre del Estado argentino.
Se entromete en los asuntos internos de otro país, asume como probada una denuncia que aún se ventila en tribunales extranjeros y agrede. Hay que ver el recorte de 40 segundos en los que acusa de corrupta a la esposa del Presidente del gobierno español. Milei se detiene en su lectura, improvisa con deliberación y alevosía, agravia y sostiene por 15 segundos muecas de ironía consciente para hacer elevar los aplausos de su auditorio. Es un hombre en campaña. No un jefe de Estado.
Su Secretario de Culto, involucrado en un viaje de origen, costo y necesidad de estado bien turbios, es aún peor. Hace ostentación del retroceso cultural y de los derechos conseguidos no sin altos costos.
Francisco Sánchez se agravia porque en la Argentina hay divorcio, matrimonio homosexual y aborto. Se autopercibe conservador agredido por las decisiones democráticas que consagraron esos derechos sin responder, cito textual, a lo que “España desde 1492 nos legó”. Leyeron bien: ¡1492!
No es un liberal ni un libertario. Es un sectario que hasta el momento de escribir esta nota sigue siendo secretario de Estado.
Se agravia de la libertad de los adultos para casarse o divorciarse. ¿En serio? En serio.
Se agravia del derecho de la mujer a interrumpir el proceso de gestación. ¿En serio? En serio.
Se agravia del derecho de dos personas adultas del mismo sexo a casarse o divorciarse en igualdad de condiciones que los heterosexuales. ¿En serio? En serio.
Sobre este último tema, voy a transgredir la norma de oro de uno de los más grandes maestros que tuve en este oficio. El rosarino Carlos Fechenbach nos enseñaba que hay que evitar la primera persona del singular para hacer crónicas. Lo haré a contramano de lo aprendido.
En el último un año me ha tocado “la suerte” de entrevistar a Diana Mondino, que sostuvo que la opción sexual es análoga a la opción de no bañarse y tener piojos. También al ex asesor de Javier Milei, Carlos Rodríguez, que confió que le daba dolor de estómago el beso de dos varones. En esas dos oportunidades, fui duramente criticado por un sector del colectivo LGTBIQ+ por no haber cortado la entrevista, agraviado a los entrevistados o cosas así.
Sigo creyendo que la función de un entrevistador es poner de relieve lo que no se sabe. En la entrevista, el rey es el contenido. No la opinión. Nadie antes había consultado a la hoy canciller o al ex asesor sobre el tema. Se supo lo que pensaban gracias a esas notas. ¿Merecía el achaque entonces? Lo pienso y lo evalúo como posible ex post facto.
La hoy vicepresidente también me dijo en otra entrevista que el matrimonio gay era “demasiado; alcanzaba con la unión civil”. Se supo lo que ella piensa gracias al trabajo de este cronista que con mayor o menor pericia periodística generó estos dichos.
Sin embargo, hoy se trata de otra cosa. Un biógrafo del Presidente, cercano a él, considera a los gays débiles e insanos. El vocero presidencial, único en el planeta que hace preceder todos sus dichos con el “Yo pienso” o “Yo opino” antes que “el Gobierno piensa” (Manuel Adorni debería saber que el vocero cuenta lo que opina el gobierno, no da su propia opinión), ignoró la existencia de los delitos de odio por razones de género o elección sexual, plasmados en la ley penal y en la jurisprudencia. Nadie desde el gobierno lo ha desautorizado. Como tampoco al Secretario de Culto.
La Libertad Avanza, ya con varios hechos propios, parece instalar un clima de época indubitable.
¿Milei cree que el divorcio es un derecho a remover? ¿El aborto y el matrimonio gay son afrentas a su pensamiento? No alcanza con decir: “Javier es un tipo verdaderamente liberal que no le importan nada esos temas. Vos sabés que él no piensa así. Está ocupado en cosas graves en este país que quedó devastado”, como se invoca a su alrededor.
Es hora de que el Presidente lo diga expresamente. Y que actúe en consecuencia. Sostener a Sánchez en el staff del Ejecutivo es una forma nada tácita, tan expresa como la palabra, que habilita a creer que el Secretario de Culto piensa como todo el gobierno. Fin.
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