
En la GroBer Saal (sala principal) del Mozarteum, el pianista Arcadi Volodos realizó un concierto de piano solo el pasado 18 de agosto, con obras de Federico Mompou, Aleksander Skryabin y Franz Liszt, de Federico Mompou, fueron algunas partes de Scenes d’efnants (aus Música callada). Una música minimalista que, desde hace tiempo capturó la atención del intérprete en la que aparecen cambios de ritmos, silencios por veces prolongados y notas aisladas. Luego, de Aleksander Skryabin, Aus Douze Études opus 8, 16, 63 y 72. Y para el cierre, de Franz Liszt Le Ballade n 2.
Volodos, ruso de nacimiento, francés por adopción y residente hoy en Madrid, volvió a brillar en la velada. Sigue demostrando destreza, técnica y cierto misticismo en la interpretación. El espectáculo duró casi dos horas en el que desplegó su arte sin partitura y un encore de tres composiciones de otros autores para dar respuesta al aplauso unánime y sostenido.
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Arcadi Volodos se inscribe en el repertorio del virtuosismo, por caso Rachmaninov y Listz, que reclaman no solo el conocimiento de la mejor técnica y profundo conocimiento de la obra, sino un plus imprescindible para superar el desafío. Su primera aproximación a la música fue a través del canto, siguiendo el ejemplo de sus padres, también cantantes, aunque poco a poco evolucionó hacia la dirección. Sin perjuicio de ello, toca el piano desde los ocho anos de edad. Es en 1987 cuando comienza a dedicarse con contracción al piano. Realizó sus estudios de piano en el Conservatorio de Moscú con Galina Eguiazárova. También estudió en el Conservatorio de París con Jacques Rouvier. Por último, en Madrid, en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, con Dmitri Bashkírov.
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Es uno de los encumbrados dentro de su generación, invitado casi permanente a los Festivales de Salzburgo, ha desplegado su arte con destacadísimas orquestas. En 2018, ganó el premio a la mejor interpretación instrumental que otorga la revista especializada Gramophone, por su disco de piezas para piano solo de Brahms.
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Mompou decía que el silencio es la eternidad sonora y Volodos lo conoce a la perfección, a tal punto que ya en 2013 grabó un disco sobre dicho autor. Descubrió esa música callada, metafísica y al estudiarla comprendió su filosofía, su espíritu zen, la dualidad entre las notas y los silencios. Esa suerte de minimalismo.
Las ejecuciones de Aleksander Skryabin cambiaron el clima marcando otros tiempos y armonías que Volodos supo comunicar con acierto. Le Ballade n 2, de Franz Listz fue interpretada en forma técnica y expresivamente superior. Todas las complejidades que presenta la obra fueron traducidas en un canto armónico y sin sobresaltos. Bellísima obra la de Listz al servicio de unas de óptimas manos para dicha labor. El silencio en la sala fue el mejor tributo al pianista. Pero claro, al final, como si no hubiera sido bastante lo hecho, Volodos siguió prodigando su música como hemos dicho unas líneas antes. En fin, un pianista que desde hace tiempo viene cautivando al público internacional.
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