
En un mundo cada vez más interconectado y multicultural, las marcas desempeñan un rol mucho más profundo que el de meras proveedoras de productos y servicios. Hoy más que nunca las marcas son influenciadoras culturales y, a menudo, agentes que definen las tendencias y valores de una sociedad en constante cambio. En este sentido, los mensajes publicitarios se han convertido en efectivas herramientas de comunicación, cruciales para generar percepciones y moldear actitudes, especialmente cuando se trata de mensajes dirigidos al público infantil.
Los anuncios dirigidos a los más jóvenes no solo tienen el poder de influir en sus decisiones y deseos de consumo, sino que tienen la capacidad para transmitir un mensaje poderoso a una audiencia que está en permanente crecimiento y formación.
Afortunadamente, somos testigos de un cambio cultural que en el último tiempo ha venido derribando estereotipos en muchos ámbitos que nos envuelven: hay nuevas maternidades y paternidades, más diversas y contemplativas; premisas de belleza más democráticas, como así también una propuesta de niñez más diversa e integradora. Los niños y niñas que hoy representan el discurso publicitario comienzan a desprenderse de los estereotipos clásicos, como por ejemplo, el varón jugando al fútbol y la nena jugando a las muñecas. Ya no son hijos o hijas de la familia tradicional biparental mamá-papá, sino que hay muestras de familias uniparentales: sólo mamá o sólo papá. También padres o madres de un mismo género o familias ensambladas. Esas imágenes de niños y niñas tampoco obedecen a los tradicionales modelos de belleza. En resumen, hoy asistimos a una transformación que nos hace parte de nuevos modelos de infancias, más diversos, inclusivos y empáticos.
En este contexto, la publicidad tiene no sólo un enorme potencial sino, además, una gran responsabilidad de ser reflejo y a la vez promotora de este cambio, poniendo en marcha mensajes positivos que reflejen una variedad de culturas, géneros, habilidades y experiencias; permitiendo que, desde una temprana edad, niños y niñas puedan apreciar la riqueza de la diversidad e incorporar valores de igualdad y respeto.
Es clave que en este camino acompañen no sólo las agencias creativas sino todos quienes somos parte del universo de la comunicación, y considerar que el primer paso es contar con un equipo diverso que pueda aportar ideas y perspectivas únicas, con capacitación y sensibilización constantes, que les permita dar cuenta de la relevancia de la inclusión y contar con la información adecuada para evitar estereotipos y prejuicios al momento de idear una campaña o elaborar un mensaje.
Un trabajo colaborativo con comunidades, consultores y expertos en diversidad; una investigación y educación previa sobre diferentes culturas, identidades de género y discapacidades; son otros aspectos positivos que se pueden desarrollar y fortalecer para lograr una representación auténtica y sensible enriqueciendo la narrativa de los anuncios publicitarios. Debemos marcar ese norte en la búsqueda de nuevos relatos que incluyan variedad de géneros, etnias, edades, orientaciones o capacidades físicas; que además puedan mostrar a niños y niñas fuera de los roles tradicionales, involucrados en diferentes actividades sin limitarlos a estereotipos y que además cuenten historias diversas y ricas en diferencias o matices culturales. El storytelling debe encaminarse hacia nuevos enfoques de belleza que pongan el foco en la personalidad, valores y habilidades de la persona; con jóvenes autónomos y empoderados, que se muestren tomando decisiones por sí mismos. Y, por sobre todo, con mensajes positivos que fomenten autoestima, confianza y empatía.
Sin lugar a duda, promover una mirada inclusiva en la publicidad es una forma poderosa de alentar la igualdad y el respeto desde una edad temprana. Se trata de crear narrativas en donde cada niño y niña, sin importar su origen o habilidades, pueda verse a sí mismo como protagonista único. Adoptando este enfoque, las marcas y el discurso publicitario pueden contribuir significativamente a la creación de una sociedad más inclusiva y respetuosa a largo plazo.
La autora es Country Manager de la agencia creativa A-Train Lab
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