
Jorge Milton “Coqui” Capitanich no tiene la culpa de que el principal brazo ejecutor de su política clientelar en el Chaco, el ex piquetero y peón de albañil devenido en maestro y director de escuela sin título secundario, constructor de infraestructura social y gestor de dineros públicos almibarados con discursos socialistas y banderas de las dictaduras de Cuba y Venezuela, Emerenciano Sena, esté acusado de urdir y ejecutar un plan junto a su pareja, Marcela Acuña, dos empleados y su hijo, César Sena, para asesinar a la esposa de éste, Cecilia Strzyzowski, la joven de 28 años que se encuentra desaparecida desde el 2 de junio. No, para nada.
No es responsable Capitanich, tampoco, de que Cecilia haya sido vista por última vez ingresando a la casa de la familia Sena. Nada tiene que ver el Coqui, además, con las sospechas de que de allí salió muerta, posiblemente descuartizada en bolsas que luego se incineraron en un campo, se trituraron con máquinas o se arrojaron a los chanchos para hacer desaparecer sus restos de manera definitiva. Como en las películas. Como hace la mafia. El tres veces gobernador del Chaco y (nunca es suficiente) aspirante a serlo una vez más si en el proceso electoral que se inicia con las PASO de este domingo las urnas le vuelven a sonreír, no tiene nada que explicar al respecto. Nada.
No corresponde que Capitanich se haga cargo de que la tía abuela de Cecilia la viera salir de su casa con César Sena en la mañana del 1 de junio, ni de que las cámaras de videovigilancia captaran a la víctima ingresando a la casa de los padres de Sena al día siguiente y que a las pocas horas se lo observara salir a él con bolsas negras y subirlas a una camioneta.
No podemos tampoco preguntarle al gobernador por el supuesto viaje de trabajo que iba a hacer la pareja a Ushuaia y que nunca ocurrió, ni por las marcas de rasguños que tenía César Sena en el cuello en dos actos políticos a los que concurrió el 3 y 4 de junio mientras le decía a la familia de Cecilia que habían ido al sur, pero que ella se había escapado con un amante. No debería explicar Capitanich por qué el celular de la víctima impactó por última vez en una antena cercana al campo de la familia Sena o por qué se hallaron rastros biológicos que la Justicia analiza como posiblemente vinculados a la desaparición.
Y, sin embargo…
Y, sin embargo, ¿qué?
Bueno, que el chancherío en el que floreció don Emerenciano y su clan, el del poder impune, el de los referentes que en nombre de los pobres terminan manejando camionetas 4x4 y poseen hectáreas y hectáreas de campos que patrullan con custodios armados, el chancherío de los luchadores sociales que operan como fuerza de choque política, que bautizan barrios y escuelas con su nombre propio o que ocupan tierras públicas y amenazan con defenderlas a los tiros, ese chancherío sí es de Capitanich, es todo, todito de Capitanich.

Y el impacto que tiene el chancherío de Jorge Milton Capitanich sobre la impunidad con la que se movió el clan Sena, sobre los aprietes y amenazas a la familia, a periodistas y testigos, sobre los intentos para que Cecilia, aun desaparecida, no apareciera en el centro de la escena política chaqueña y nacional a días de la elección con la que Coqui quiere convertirse por cuarta vez en Gobernador, eso también es todo todito de Capitanich.
¿O acaso es falso que el gobernador va a ir a elecciones este domingo a pesar de que hay una mujer desaparecida y presunta víctima de un femicidio triplemente agravado en el que habrían participado un candidato a diputado provincial (Emerenciano) y una candidata a intendenta de Resistencia (Acuña) cuyos nombres aparecen pegaditos al suyo, ahí nomás, en las boletas del Frente Chaqueño de las que los bajaron pero no llegaron a borrarlos?
¿O es mentira que Capitanich fue padrino de bodas de Sena y Acuña? ¿O es un invento que el gobernador escribió el prólogo de la biografía del acusado escrita por su mujer y soberbiamente titulada “Emerenciano, Caudillo del Norte”? ¿O es una composición de la inteligencia artificial el nombre de Capitanich en la tapa de ese libro que tuvo, increíblemente, dos ediciones?

¿O es falso que el Coqui le dio ingentes fondos públicos a Emerenciano Sena y que cuando allanaron la casa del acusado en el marco de la investigación del presunto femicidio de Cecilia encontraron seis millones de pesos en efectivo sin justificar? ¿O es un invento que el clan Sena usó recursos estatales para provecho propio, para moverse con chofer y guardaespaldas, para transformarse en gente “pesada y peligrosa”, como los percibían Cecilia y su mamá cuando ella comenzó la relación con César?
¿O es mentira que cuando la noticia llegó a los medios nacionales, la abogada de la familia de Cecilia, Carina Gómez, fue citada a una reunión en Casa de Gobierno en la que sintió que la ministra de Seguridad y Justicia provincial, Gloria Zalazar, la apretó? ¿O es mentira también que el nuevo abogado de Emerenciano y de Acuña, el poderoso penalista local Juan Carlos Saife, fue presidente del Banco del Chaco en el primer gobierno de Capitanich?

La mamá de Cecilia Strzyzowski, Gloria Romero, le contó a Mariano Vidal en una entrevista para Clarín que cuando su hija y César Sena abrieron juntos un bar, ella le dijo “ahora que soy la dueña, mirá si te cago y me quedo con todo”. En respuesta, él, que según la familia hacía alarde de haber hecho desaparecer a alguien tirándolo a los chanchos, se paró, besó a su esposa y le contestó: “Te mando dos monos y terminás en la chanchería”.
Volviendo a Capitanich, yo diría que cada cual debe hacerse cargo de su chancherío. Y eso nos incluye a nosotros y nosotras, claro, que cada dos años tenemos la enorme responsabilidad de votar. Porque, como dice el dicho, la culpa no es del chancho sino del que le da de comer. Y no hace falta aclarar quién les da de comer a estos chanchos, ¿no? Tengan mañana todos los chaqueños y las chaqueñas una excelente jornada electoral. Y no se olviden de Cecilia.
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