
“La vergüenza de haber sido / la verdad de ya no ser…” nos describía así Carlos Gardel. Cumplimos 50 años de la turbulenta asunción de Hector J. Cámpora a la Presidencia de la Republica. Los primeros a la “hora del olvido” fueron aquellos que fundaron una organizacion politica que lleva su nombre, en un acto de cínica falsificación de la verdad histórica.
Todos los protagonistas de esa época -el gobierno militar fracasado, el Gral. Perón en el inicio de su declive final, la dirigencia empresarial y la sindical confundida y decadente, las “formaciones especiales” juveniles, tanto de derecha como de izquierda- estaban trabajando para la orgía de sangre que se desataría menos de 3 años después.
Se nos iba de las manos un país que, todavía, mostraba signos de paridad con Australia y Canadá, y números superiores a los de Brasil, México o España. Menos de 4% de pobreza, un sistema ejemplar de educación y salud pública y un PBI que representaba el 36% del total sudamericano, cuando Brasil era solo el 24%.
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En 50 años, con la contribución de todos, nos hemos sumergido en este desastre y seguimos en la trampa de buscar “la paja en el ojo ajeno” -interna o externa. La culpa es de los kirchneristas o de los macristas, de los Estados Unidos o de China, de la sequia o la pandemia.
“Vivimos revolcados en un merengue / y en un mismo lodo todos manoseados…” decía en “Cambalache” Enrique Santos Discepolo. Hoy somos solo el 15% del PBI sudamericano y Brasil el 51%.

Estamos presenciando el periplo de nuestro ministro de Economia, primero en Brasil, luego en China y en unos días en Washington. Fuimos “brasucas”, después “argenchinos” y mañana seremos “argenyankees”. Gira que solo desnuda nuestra impotencia y fracaso.
La solución está en casa. Un gobierno que no puede dialogar con la oposición -que, además, va a ganar las elecciones en 5 meses- no tiene entidad para plantearle al mundo absolutamente nada. Para peor, llevando y trayendo solo mentiras que nadie cree, ni adentro ni afuera.
Puedo imaginarme el cruce de llamadas telefónicas entre Lula, Xi Jinping y Biden, los 3 importantes accionistas del FMI, acordando mantener alguna suerte de “respirador artificial” hasta que asuma el nuevo gobierno. Rogando a Dios, Confucio o Yemanja, que impere entre los argentinos el sentido común que nos ha sido tan esquivo durante décadas.
Nos espera un legado de u$s 400.000 millones de deuda publica, 22 millones de planes sociales, 150% de inflación -o más- ni un peso en el tesoro, ni un dolar en el Banco Central, más recesión y desocupación creciente.
Por otro lado, un campo deseoso de multiplicar la producción, empresarios y obreros altamente calificados y jóvenes -los que no se van- ansiosos de trabajar en libertad, para insertarnos en el mundo, sumando fuerza con nuestros vecinos.
Si derrotamos a nuestro peor enemigo -nosotros mismos- y afrontamos el desafío de alcanzar la unidad nacional -que hoy parece tan lejana- seguramente podremos cantar todos juntos el “Volver a Empezar” de Alejandro Lerner. Dios nos ilumine.
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