
Alberto Fernández es un abogado que se salteó la materia “Constitucional I y II” cuando estudió Derecho. Y para él, Juan Bautista Alberdi, es sólo una avenida de la lujuriosa Ciudad de Buenos Aires.
Acepto, con estoica humildad, que la Vicepresidenta anuncie su candidatura presidencial cuando todos sabemos que, según nuestra Constitución, el rol vicepresidencial es solo protocolar salvo que haya empate en una votación senatorial o el Presidente renuncie o se muera.
Ya se ha dicho todo sobre su inutilidad y falta de dignidad. No les voy a repetir aquí lo que sabemos hasta el hartazgo y tanta vergüenza nos produce (tanto a los que están en el gobierno como a los que estamos en la oposición).
Ninguno de los Jefes de Estado y/o Primeros Ministros que lo han conocido lo extrañarán. Por el contrario, están esperando que se vaya y ansiando conocer a su sucesor para poder reconstruir una relación racional con la República Argentina. Todos ellos conocen la irregularidad constitucional que Alberto porta y que es más insalvable que la pandemia, la guerra o la sequía.
Las relaciones con la región y el mundo requieren que abandonemos el estado de pecado y volvamos al Estado de Derecho.
No alcanza con hacer un video diciendo lo que todos ya sabíamos que no será candidato en octubre ni presidente a partir del 10 de diciembre de 2023. Ocho meses es mucho tiempo, teniendo en cuenta el colapso que ya transita nuestro país.
Por este motivo, Alberto podría -y debería- renunciar ya y dejar que la verdadera jefa de su gobierno y su fuerza política asuma este tramo final de su administración dado que ocupa el lugar apropiado y legal para sucederlo frente a su inocultable fracaso.
Es Cristina, y un nuevo gabinete, integrado por sus mas fieles alfiles, quienes deberían mostrar cómo pueden contener la crisis y proponer su propia continuidad a partir de su capacidad y talento.
Es ella la que tiene que mostrarnos cómo puede acordar con el FMI, con los empresarios y el Campo, o como puede prescindir de todos ellos y, por un camino o el otro, domar la inflación y garantizar la seguridad de todos y todas.
Es ridículo que empresarios nacionales y extranjeros, embajadores y agencias de noticias tomen examen a los candidatos que van a gobernar el año que viene cuando el edificio se está desmoronando ahora.
Ya los más extremos han avisado que van a dinamitar todo o casi todo, los más moderados, que tienen que esperar para ver que queda a fin de año.
Al decir del famoso escritor Eugene Ionesco, “La Epidemia de Rinocerontes” ya empezó y la inmensa mayoría de los argentinos requerimos respuestas para esta semana que comienza. No hay mañana, sino paramos los rinocerontes hoy.
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