
Ante un nuevo nuevo tiempo de elecciones, creo que es fundamental posicionarnos sin fanatismos. Quienes dicen las cosas más geniales, muchas veces son los mismos que dicen las más grandes estupideces. Por eso, intentemos mantener la cordura, busquemos la objetividad y apuntemos a priorizar lo que sea mejor para cada uno de nosotros y para el país.
No todo lo que diga o haga nuestro candidato preferido va a estar bien y no todo lo que digan y hagan los candidatos contrarios va a estar mal. Ser conscientes de esto y sacarnos “el balde de la cabeza” es esencial, sobre todo en los tiempos que corren.
Tratemos también de no anular al que piensa diferente, apoya a un candidato que no nos gusta tanto o dice algo que no diríamos nosotros. Analizar racionalmente y sin prejuicios es posible si nos lo proponemos y da buenos resultados. Prueben, muchos se van a sorprender. Tener en cuenta las circunstancias de quien opina y no descontextualizar los discursos también vale la pena.
¡Ojo! No dejemos pasar ni una falta de respeto y no entremos en el juego de quienes eligen el camino del fanatismo sin límites. Tengamos cuidado, además, con los famosos “catadores de votos”: esos que explican “cómo hay que votar para que nuestro voto sirva”. Nadie tiene que decirnos cómo ejercer nuestra ciudadanía ni tenemos que votar en función de intereses ajenos.
Más allá de eso, todo debería estar permitido.
Que la candidatura de alguien favorezca a un tercero no implica que eso sea una intención en sí misma. No crean en todas las conspiraciones que nos quieren vender. Muchas no existen.
Tengamos los ojos bien abiertos y la memoria activa: es importante que los candidatos cumplan con sus promesas. No justifiquemos a quienes no lo hicieron, incluso aunque sean nuestros candidatos preferidos o los hayamos votado en otro momento.
Cuando hablen o debatan de temas políticos busquen las coincidencias, especialmente sobre temas estratégicos. Esta práctica, aunque poco común, es muy buena. No prioricen las diferencias, especialmente cuando estas son de forma. No les den más entidad de la que tienen. Recuerden que a río revuelto, ganancia de pescadores.
Los cambios son culturales y se imponen “de abajo para arriba” y no al revés. Por eso, las batallas culturales son infinitamente más importantes que una elección. Sí, incluso aunque se trate de una elección presidencial.
El país sale con impuestos bajos, competencia fiscal y seguridad jurídica. El resto es “pura cháchara”, cómo diría el recordado Vicente Leónides Saadi.
Y digamos todo: los planes sociales han sido uno de los errores más grandes de la política argentina, pero no se pueden eliminar de raíz. Por muchas razones. Los cambios son necesariamente hacia adelante y el gasto que hay que cortar “con motosierra” es el gasto político.
El voto debería ser el acto más racional de nuestras vidas o, al menos, uno de ellos. Hay mucho en juego esta vez. Por eso, intentemos que así sea. Apelemos a votar responsable y racionalmente.
Y, pase lo que pase, protejan sus patrimonios. Planifiquen sus vidas para no depender de nadie. Menos aún del Estado.
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