
El presente nos sigue dando una oportunidad para renovar nuestro compromiso con la próxima generación, que nos reclama y tiene derecho a vivir en una sociedad diversa, inclusiva y equitativa, que les ofrezca a todas las personas la posibilidad de desarrollar su máximo potencial.
Hemos avanzado mucho durante los últimos años, y hoy todos los actores sociales reconocen lo que los datos y la experiencia empírica demuestran consistentemente: la diversidad agrega valor. Contar con una visión holística construida a partir de miradas diversas que se integren para abordar, en el contexto actual, los desafíos cambiantes de las organizaciones de la sociedad civil, tanto públicas como privadas, es fundamental para lograr resultados positivos y sostenibles en el tiempo.
En mis primeros meses de experiencia corporativa, presencié el nombramiento de la primera mujer que tuvo acceso al directorio local de una compañía como un hecho extraordinario. Hoy, cada vez más organizaciones asumen públicamente la responsabilidad y el compromiso de alcanzar la paridad en todos los niveles, con objetivos concretos cada vez más ambiciosos, en línea con las expectativas de los clientes, los empleados, los inversores y la comunidad en la que operan.
Las estadísticas muestran, sin embargo, que es necesario acelerar la transformación, para poder pasar del discurso a la acción. Un informe de Cippec señala que sólo el 9 de cada 100 CEOs en Argentina son mujeres, lo que da cuenta de los “techos de cristal” que aún existen para acceder a puestos jerárquicos.
Ese mismo estudio indica que 6 de cada 10 mujeres en Argentina participan en los sectores menos dinámicos y peor remunerados de la economía. Esta distribución constituye un enorme desafío para lograr la igualdad de oportunidades.
Es necesario que quienes tenemos la oportunidad de liderar organizaciones tomemos la iniciativa y asumamos el compromiso de impulsar una agenda que nos permita acercarnos a la igualdad que deseamos.
El sector tecnológico, por ejemplo, presenta una gran oportunidad. La transformación digital hoy es un fenómeno transversal que atraviesa todas las industrias, y genera nuevas alternativas para trabajar en posiciones de alto valor agregado y con esquemas flexibles. El desafío, en este caso, es mejorar los indicadores de participación de mujeres en las carreras STEM, ya que hoy sólo el 15 % las eligen. Y quienes lo hacen, normalmente enfrentan situaciones a lo largo de sus carreras que reflejan sesgos aún muy arraigados respecto de los roles asociados al género femenino, que representan barreras a la hora de desarrollarse profesionalmente de acuerdo con sus capacidades.
Corresponde a los líderes de hoy tomar conciencia de nuestros propios sesgos y asumir nuestra responsabilidad respecto de deconstruir los estereotipos, prestando atención a la forma en la que nosotros y nuestras organizaciones actuamos y nos comunicamos, introduciendo la perspectiva de género en la cultura organizacional.
Las mujeres que tuvimos la suerte de encontrar en nuestro camino personas que nos dieron la oportunidad de asumir roles desafiantes, y crecer, tenemos además la gratificante tarea de abrir puertas para quienes vienen detrás: marcando la agenda de nuestras propias organizaciones para alcanzar objetivos concretos en materia de equidad, visibilizando las oportunidades, señalando el camino y acompañando a quienes quieran desarrollarse, y contribuir así a la construcción de una sociedad mejor.
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