La Cumbre Mundial de Alcaldes de C40 es el principal encuentro internacional sobre ciudades y cambio climático que, este año, del 19 al 21 de octubre, reunirá en la Ciudad de Buenos Aires a cientos de alcaldes de distintas jurisdicciones de nuestro país y del mundo entero.
La elección de la Ciudad no es casual, sino que se trata de un reconocimiento por las innovadoras y ambiciosas soluciones climáticas que viene implementando para cumplir con su compromiso de reducir a la mitad sus emisiones de carbono para 2030 y volverse completamente neutral en carbono para 2050. Tampoco es casual la envergadura de este acontecimiento y la enorme presencia de líderes globales, algo que responde al rol estratégico y central que tienen las ciudades en la acción climática global y en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. La idea de la trascendencia de la crisis política urbana y sus problemáticas no es nueva, sino que ya la postulaba el sociólogo francés Henri Lefebvre hace medio siglo, cuando también delineó el concepto -nunca tan vigente como hoy- de “derecho a la ciudad”, entendiéndolo como el derecho de la ciudadanía urbana a construir, decidir y crear la ciudad.
En materia de cambio climático, las ciudades son a la vez causa y solución. Las áreas urbanas representan más de la mitad de la población mundial y son responsables de aproximadamente el 70% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Es por ello que se requiere de una buena planificación y diseño para lograr un crecimiento controlado, acompañado de buena conectividad, movilidad sostenible y políticas públicas que permitan una economía baja en carbono.
Son solución, porque resulta más fácil obtener resultados si concentramos las acciones en un espacio acotado que puede ser monitoreado más fácilmente. Podemos mencionar la mixtura de usos, que trae importantes beneficios sociales, económicos y ambientales, reduciendo distancias, atenuando la demanda general de transporte y favoreciendo una verdadera economía de cercanía. También podemos destacar el rol de las obras de infraestructura y de las soluciones basadas en la naturaleza para minimizar las vulnerabilidades frente al cambio climático.
El rol estratégico que cumplen las ciudades se debe a su naturaleza, que las obliga a responder a desafíos prácticos y con anclaje territorial, derivando en una excelente predisposición para la innovación y la adopción de nuevos hábitos. Las urbes experimentan y se transforman constantemente, y a la vez comparten muchas características similares. Esto facilita la cooperación mutua y las acciones coordinadas enmarcadas en una suerte de “paradiplomacia” de las ciudades globales que el politólogo Carlos Mascarell acertadamente antepone a la diplomacia Estado-céntrica que defienden los nacionalismos acérrimos. Esta incipiente dinámica les exige a los gobiernos locales mejorar su representación y su vinculación a nivel internacional en ámbitos como el C40, o a nivel nacional, en ámbitos como la Red Argentina de Municipios Frente al Cambio Climático (RAMCC), en los que se trabajan cuestiones que son exclusivamente de su competencia, y para cuyas soluciones existen importantes fuentes de financiamiento.
En este sentido, mencionamos algunos conceptos e instrumentos que la Ciudad de Buenos Aires ha sabido implementar y que avanzan en este camino. En primer lugar, el modelo urbano de “supermanzanas”, mediante el cual se agrupan manzanas para restringir en su interior el transporte automotor, ampliando y mejorando el espacio público. En segundo orden, el concepto de “ciudades de 15 minutos”, que permite reorganizar el estilo de vida de los habitantes para no tener que trasladarse más de 15 minutos a la hora de resolver diferentes necesidades como comprar, estudiar, trabajar, recrearse. En cuanto a los instrumentos, cabe señalar los Planes Urbanos Ambientales, que sirven para la identificación e implementación de las principales estrategias de ordenamiento y mejoramiento territorial y ambiental, y los Planes de Acción Climática, diseñados para establecer acciones, instrumentos, estrategias y metas de adaptación y mitigación al cambio climático, buscando reducir la vulnerabilidad humana y de los sistemas naturales.
Esta nueva Cumbre viene a confirmar que nos encontramos en la senda correcta. Solo podremos enfrentar la crisis climática si nos anticipamos a sus consecuencias. Cuando las ciudades se comprometen con estas acciones, se vuelven resilientes, modernas, inclusivas, integradas al mundo y propensas a generar los empleos verdes del futuro. En la ciudadanía urbana empoderada está el germen de una adaptación creativa y dinámica frente a los nuevos desafíos.
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