
Finalmente se ha implementado el nuevo tipo de cambio para aquellos que consuman con sus tarjetas de crédito en el exterior. Una vez más el aumento de la carga impositiva parece haber sido la única solución que se le encontró al atraso cambiario que hoy atraviesa la Argentina.
A partir de ahora quienes consuman en dólares (mientras su consumo mensual supere los 300 dólares) deberán abonar además del Impuesto PAIS y la percepción del 45%, una percepción impositiva adicional del 25%. Como resultado, por cada “dólar oficial” que se consuma se estará además pagando un 100% adicional en concepto de impuestos. Si a esto le adicionamos el “impuesto a los sellos” que cobran varias de las jurisdicciones provinciales por los consumos en las tarjetas de crédito, estaremos pagando más en impuestos que por el valor del billete verde oficial. Toda una foto del delirio impositivo argentino.
El “dólar Qatar” –tal como se lo ha denominado– no es más que un nuevo intento por querer tapar el sol con las manos. Solo falta repasar un poco de la historia: Alberto Fernández asumió en 2019 con un cepo cambiario (que se arrastraba desde Septiembre de ese mismo año) donde la compra de dólares en el mercado oficial no implicaba adicionar ningún impuesto para hacerse de la divisa. En ese momento brecha entre el dólar oficial y el “dólar paralelo” se ubicaba en el 10%. El 26 de diciembre de aquel año (a escasos 16 días de haber asumido el actual Presidente de la Nación) se creó el “Impuesto PAIS” (o como su denominación completa lo indica: Impuesto para una Argentina Inclusiva y Solidaria).
Dicho tributo era explicado por sus creadores como la herramienta para “aliviar” a los más vulnerables: parte de lo recaudado tendría como destino Anses y parte sería utilizado para la construcción de viviendas. Lo cierto es que en cuestión de días la brecha ya no se pudo sostener en el 10% heredado por Fernández sino que poco a poco iría a superar ampliamente el 40 por ciento. Parece que el nuevo esquema cambiario no estaba funcionando aunque sin embargo algunos meses después (un 16 de septiembre del año 2020, mientras atravesábamos la etapa más dura de la cuarentena) el Gobierno decidió ampliar los impuestos a la compra de moneda extranjera implementado la primera percepción del 35% sobre los consumos en dólares (o bien a quienes quieran acceder a comprar dólares para atesoramiento).
La brecha cambiaria se comenzaba a acelerar. De igual manera no fue suficiente prueba de fracaso: el 13 de Julio de este año se tomó la decisión de llevar la percepción del 35% original al 45 por ciento. Ya se decía que para esperar resultados diferentes hay que probar haciendo cosas distintas: nuevamente el fracaso se hizo presente. La brecha con los dólares financieros rozó el 100% y un BCRA que se ha quedado prácticamente sin reservas líquidas en medio de un esquema “dólar soja” que le ha logrado dar algo más de vida. A pesar de las sobradas muestras de resultados adversos ante las distorsiones cambiarias, hoy se vuelve a intentar una vez más solucionar los problemas con el dólar subiendo impuestos, creando más confusión y distorsiones a un mercado cambiario absolutamente exhausto.
Ante toda prohibición, regulación o negación de los hechos al final del camino siempre se termina imponiendo la realidad. Mientras más se demore el Gobierno en aceptar lo evidente más será el costo que la sociedad deberá pagar por la impericia de una administración que parece no comprender que evitar lo inevitable no parece ser hoy una de las opciones disponibles porque la realidad ya se encuentra sobre nosotros.
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