El duro alegato y acusación del Fiscal Luciani a la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner en la denominada “causa Vialidad” desató un vendaval en materia política, con importantes consecuencias tanto hacia el interior del Frente de Todos como en la oposición, dando inicio a un tiempo de repolitización de la agenda que pareciera ser ya un preámbulo de la contienda electoral de 2023.
La política parece haber recuperado -al menos temporalmente- la centralidad que había perdido al calor de la aceleración de la crisis económica, y de un clima de incertidumbre que daba lugar a que las especulaciones sobre los escenarios más disparatados fuesen plausibles. Toda la atención estaba fijada en el comportamiento de las variables que actúan como una suerte de termómetro de la grave situación económica y social: fundamentalmente el dólar, la inflación, las reservas del Banco Central, y la pobreza.
Claro que en los últimos también hubo movimientos y reconfiguraciones en el ámbito político, pero desde el intempestivo portazo de Martín Guzmán el pasado 2 de julio, quedó claro que la economía argentina estaba pisando el endeble filo de un abismo, y que era necesaria una tregua política que posibilitara un abordaje de las urgencias económicas. Así, durante el efímero interregno de Silvina Batakis en el Palacio de Hacienda el oficialismo logró limar asperezas y actuar con pragmatismo para dar lugar al ingreso de Sergio Massa al gobierno. La oposición, por su parte, si bien siguió encerrada en su propio laberinto interno en la puja por dirimir liderazgos, coadyuvó a la distensión del clima político con una actitud mayoritariamente moderada y responsable frente la crítica situación económica.
Lo cierto es que con la llegada de Massa a ese “superministerio” que implica mucho más que el manejo de la gestión macroeconómica, el Gobierno logró recuperar algo de aire, instalándose una “tensa calma” en los mercados, generándose incluso un moderado clima de expectativas que permitió controlar algunas variables -como el dólar- que parecían desbocadas, avanzar en la quita de subsidios que tantas internas había suscitado en el oficialismo, y comenzando a ordenar las cuentas para intentar cumplir con las metas de reducción del déficit fiscal acordadas con el FMI.
Así las cosas, mientras el equipo económico liderado por Massa continuaba buscando acuerdos con diversos sectores claves en materia de generación de divisas, como el campo, y con los grandes formadores de precios, como las empresas nucleadas en COPAL, a la vez que ultima los detalles de una gira por Estados Unidos en la que el ministro tiene cifradas altas expectativas, Comodoro Py volvió -una vez más- a torcer la agenda.
Alguien podría legítimamente decir que no es un acontecimiento que sorprenda en el contexto de un país en el que la justicia y la política han mantenido históricamente relaciones caracterizadas por la promiscuidad y opacidad, pero lo cierto es que el pedido de 12 años de prisión e inhabilitación perpetua para la vicepresidenta en ejercicio no deja de ser un acontecimiento de alto impacto en los escenarios de corto y mediano plazo.
Afortunadamente, los mercados parecen haber quedado relativamente al margen de la polémica desatada por la acusación del fiscal, y el “efecto Massa” parece seguir dando sus frutos en el mercado local, donde continúan firmes las subas tanto en acciones como en bonos tras las estrepitosas caídas de junio y julio y los diversos dólares se mantienen con mayor estabilidad, lo que viene coincidiendo asimismo con la mejora de Wall Street, que potencia la recuperación de los activos en mercados emergentes como los de América Latina.
Un escenario propicio, entonces, para el retorno de la política. Un retorno, por cierto, bastante estruendoso, y que da lugar a una amplia gama de lecturas posibles según el prisma interpretativo que se elija, tanto en lo que respecta a sus consecuencias en el oficialismo como en la oposición.

En las filas del oficialismo, una primera lectura no puede obviar el efecto “galvanizador” que la acusación tuvo sobre el peronismo. Prácticamente todos los sectores -incluso aquellos que, como la CGT, estaban alejados de la vice- repudiaron el accionar de la justicia, suscribiendo la tesis kirchnerista de la persecución y el lawfare. El PJ entró en un estado de alerta y movilización permanente en el que se avizoran manifestaciones y actos masivos en los próximos días, lo que sin dudas le permite a Cristina Fernández de Kirchner recuperar la centralidad política. Ahora bien, si bien la estrategia en marcha parece calentar los motores de la maquinaria electoral justicialista, lo hace en momentos en que no sólo todo lo que se haga en materia política puede tener un impacto directo en la percepción de los mercados respecto al manejo de la economía, sino que se da en un contexto en donde al interior del Frente de Todos existen aún discusiones no saldadas.
Aquí es dónde entramos en el área de las especulaciones e interrogantes. La estrategia de victimización que está en marcha es vista por algunos como una suerte de plataforma de lanzamiento electoral de Cristina. ¿A Presidenta o a Senadora por la provincia de Buenos Aires? En el primer caso, habrá que ver cómo reaccionan aquellos sectores que si bien se solidarizaron con la ex presidenta no están dispuestos a inmolarse en el altar del kirchnerismo. Tímidamente, la máxima con “Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede” que consolidó la unidad triunfante en 2019, comienza a dar lugar a un interrogante muy concreto y descarnado: ¿con Cristina se puede? Es que una cosa es la provincia de Buenos Aires, donde mantiene un piso importante, y que viene siendo el bastión al que se ha replegado el kirchnerismo más duro, y otra muy distinta es la elección nacional.
Massa, por ahora, sigue concentrado en mantener a flote la economía -y el país- mientras atraviesa la tormenta, sabiendo que si tiene éxito en esa tarea sus perspectivas electorales en 2023 podrían incluir una candidatura presidencial. Aunque haya trascendido que, en privado, el propio ministro descarta ese escenario, nadie más que Massa sabe que en política las segundas oportunidades no abundan. Por eso, habrá que seguir de cerca la evolución de la relación entre ambos dirigentes conforme Cristina acapare cada vez más el centro de la escena.
En cuanto al Presidente, sigue siendo víctima de sus propios errores, rayanos con la improvisación y la torpeza. Golpeado por la intrascendencia a la que lo relegó el ingreso de Massa al gobierno, en una pausa de sus giras protocolares por el interior del país, decidió conceder -después de bastante tiempo- una entrevista. Como si la defensa de su vice que había realizado en las redes sociales y que había reforzado su vocera no hubiese sido suficiente, sobreactuó ese rol ante las cámaras de TN. El timing, pésimo; el resultado, bochornoso.
Las desafortunadas declaraciones vinculando a Luciani y Nisman fueron un “regalo” para una oposición desconcertada, que no encontraba un posicionamiento competitivo ante la reconfiguración política que había producido la irrupción de Massa. Más allá de que el pedido de juicio político estará muy lejos de prosperar, lo cierto es que para JxC lo que ocurrió en Comodoro Py también le permite reagruparse en torno a una causa común, una con nombre y apellido, Cristina Fernández.
La polarización, como el tango, se baila de a dos. Y, en este escenario, tanto Cristina como la oposición parecen dispuestos a salir a la pista. Habrá que ver si otros actores políticos -Massa, Larreta, Manes- pueden romper con esta dinámica electoral, políticamente muy rentable, pero muy destructiva para un proyecto de país que aspire a salir de la decadencia en la que estamos inmersos.
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