
Las manzanas, el descuento para el gym o las pausas activas ya no alcanzan. Desde hace varios años, las personas buscan trabajar en empresas que estén en sintonía con sus valores y su forma de ver e impactar en el mundo. Y post pandemia esta tendencia se aceleró con mucha fuerza.
Mientras que, durante décadas, muchas personas fueron a trabajar sin poner en cuestión su bienestar, su calidad de vida y su felicidad, cuando se vieron obligadas a aislarse en sus casas tuvieron la oportunidad de salir de la rutina y repensar con un poco más de distancia su vida laboral. Entonces, al volver a la empresa y a los hábitos de antes, después de casi dos años, empezaron a vivir su realidad de otra manera, dejaron de naturalizar el malestar que habían soportado en automático durante mucho tiempo creyendo que era algo que elegían todos los días.
Cuando vivimos por años de la misma manera, sea en la vida laboral como en la personal, tendemos a naturalizar lo bueno y también lo malo, llevándonos a vivir una vida “NI”: ni buena ni mala, ni felices ni deprimidos. Cuando salimos por un rato largo de esa rutina, como nos forzó la llegada del Covid, el automático se va olvidando poco a poco y empezamos a ver nuestra realidad con los mismos ojos, pero con una nueva mirada. Y es ése el momento en que todo se ve diferente.
Los pequeños incentivos que se consideraban un beneficio para el empleado, incluso las piedras angulares sobre las que muchas empresas basaron durante años sus estrategias de clima laboral, hoy quedan en evidencia como “bienestar de cotillón”, ése que dura por un rato, pero que al terminar la jornada se desecha y parece que nunca hubiera existido.
La misión de la empresa es ser rentable y, para eso, necesita colaboradores comprometidos de manera individual y colectiva para alcanzar sus resultados. Las claves para desarrollar políticas de bienestar sólidas, que comprometan a los empleados a trabajar con estándares de calidad, motivación y resultados, deberían ser pensadas en sintonía con lo que significa el bienestar hoy para las personas.
Las empresas, en su desafío por generar nuevos estándares de bienestar, ofrecen la modalidad de trabajo remoto, pero parece que tampoco es suficiente. Por más que haya personas que prefieran trabajar desde la comodidad de su hogar, esto no resuelve el problema de fondo: el burnout, la rotación y las renuncias siguen a la orden del día. El home office termina siendo “bienestar de cotillón”, a la altura de la manzana en la cocina. Porque como todo beneficio externo se naturaliza y pierde valor con el paso del tiempo. Así como un niño se pasa horas mirando sus zapatillas recién estrenadas o el adulto disfruta del olor a nuevo en su auto, al tiempo ese deslumbramiento se desvanece hasta desaparecer completamente.
Encontrar la nueva manzana
El formato tradicional, que buscaba incentivar y motivar otorgando premios a determinadas conductas, quedó demodé. La nueva realidad nos dice que los empleados dejaron de ser delfines de acuario, que hacen una pirueta de vez en cuando por un pescado que el domador saca del balde.
¿Cómo se logra que las personas trabajen comprometidas y alineadas a la misión de la empresa? Hoy, el bienestar pasa por encontrarle sentido a lo que hacemos, tener más libertad y entregar más valor. Quienes trabajan en las empresas dan cada vez menos importancia a lo superficial y están poniendo cada vez más el foco en lo que hacen, en sus valores y en su propósito.
Fred Kofman se refiere a este fenómeno como la revolución del sentido: hoy, la motivación deja de venir por incentivos externos y viene por incentivos internos. Por eso, las empresas están más orientadas a mostrar quiénes son, pero desde adentro: cuáles son sus valores y cuáles los de sus líderes. Así, los empleados podrán comprometerse con eso y no tanto con la manzana en la cocina.
Por eso, llegó la hora de generar vínculos más profundos y genuinos con los colaboradores. La construcción del nuevo bienestar dentro de las empresas requiere de una habilidad de liderazgo más sofisticada, empática y profunda que la que venían desarrollando en automático los líderes pre pandemia. El liderazgo de la nueva realidad implica merecer el compromiso interno de una persona para sumarse a la misión de la compañía. Los líderes actuales necesitan abrazar la libertad que tienen sus colaboradores para poder elegir y lograr -a partir de valores, creencias y una visión compartida- que los sigan en la construcción de sus logros. El crecimiento es mutuo. Más escucha, más crecimiento real y más beneficios que tengan que ver con el sentido y los valores a largo plazo de las personas y no tanto con el aquí y ahora, que durante años creímos que los hacía felices.
Hoy las empresas necesitan seguidores, no empleados. El compromiso de los colaboradores no puede comprarse, forzarse ni manipularse; solo puede ganarse.
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