
Al mismo tiempo que la ministra de Economía argentina conversaba con el presidente sobre las nuevas medidas a anunciar se jugaba la final de Wimbledon, sin duda, el Grand Slam más tradicional de todo el circuito mundial. La ministra Silvina Batakis y el presidente Alberto Fernández se encontraban set point y match point, es decir, a un punto de perder el tercer set y el final del partido. Las semanas anteriores habían visto una secuencia de peleas en la coalición gobernante y la salida de un par de ministros cercanos al presidente.
Los primeros anuncios de la ministra le dan una jugada más. Anunció que va a realizar un cierto ajuste fiscal, en base a una regla por la que cada dependencia del Estado no gastará recursos que no estén en la caja, un sistema de “caja única” para contar con recursos de todos los organismos públicos en una sola cuenta y una prohibición de contratar personal en el gobierno y organismos descentralizados. Lo más importante de todo es reconocer que el problema es fiscal, por supuesto, y lo hacen como si siempre hubieran pensado así, cuando hace tan sólo unos días, la vicepresidenta señalaba exactamente lo contrario.
En fin, es un primer paso. Argentina ha tenido otras experiencias de gobiernos que quieren implementar un “déficit cero” de inmediato y los arrolló la tormenta de una crisis. Van a tomar todos los recursos que se encuentran en las cuentas de todo organismo del Estado, lo cual es mejor que tomar el dinero de los contribuyentes a través de nuevos impuestos. Y también es mejor dejar de contratar empleados públicos para que su número se vaya reduciendo a medida que se retiran, pero es también una promesa poco creíble, ya implementada e incumplida en el pasado. Entonces, digamos que con los anuncios se puso 40-40, deuce, y si los llegaran a implementar podrían ganar el set.
Estamos siendo generosos con el resultado siendo que nada se ha dicho de la emisión monetaria por parte del Banco Central y tan sólo se creó un comité para analizar el problema de la deuda pública. Por otro lado, manifestó la ministra que el tipo de cambio oficial es “de equilibrio”, pero si así lo fuera no serían necesarios todos los controles tanto sea de cambios como de las importaciones.
Muy bien, una vez logrado implementar los anuncios y obtenido el tercer set, hay que enfrentar los otros dos. El primero de ellos es resolver el problema principal: el gasto público y su financiamiento. Esto requeriría que el equipo económico trabajara horas extras. Las horas normales para implementar las políticas anunciadas, y horas adicionales para elaborar un plan de reducción del gasto público, reforma del estado, renegociación de la deuda interna y externa. No se trata de congelar la creación de empleo público, hay que reducir su número; y reducir o eliminar cantidad de planes sociales, y capitalizar con activos estatales el fondo de las pensiones públicas, y recuperar la deuda del Banco Central. En definitiva, reformas mayores. Si lo hicieran, habrían alcanzado el empate en dos sets.
A diferencia del tenis, éste es un set que se estaría jugando al mismo tiempo que el otro, las medidas de muy corto plazo se sostienen por poco tiempo si no hay medidas de mayor peso detrás.
El último set, el definitorio, se juega en el campo de las reformas institucionales. Las dos más importantes son las siguientes: Argentina no tiene una moneda y su gobierno no tiene credibilidad como para pretender generar una moneda confiable. La forma más rápida y efectiva de lograrlo sería “importando” una, el dólar por ejemplo, y permitiendo la libre elección de monedas. La otra sería imponer algún tipo de candado fiscal, algún límite institucional al aumento del gasto, a los déficits fiscales, al endeudamiento.
Quien logre eso se lleva la copa, y pasa a la historia de los Grand Slams. Lo interesante de esta referencia es el impacto anímico que una secuencia así generaría. Salvar el match point (anunciar medidas fiscales) ya es reconfortante, ganar el tercer set (implementar esas medidas) levanta el ánimo y la confianza; ganar el cuarto (reducción del gasto público, reforma del estado, renegociación de la deuda) generaría un enorme optimismo; ganar el quinto (reformas institucionales monetaria y fiscal) sería la euforia, y la gloria.
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