¿Qué es esto?

No me caen bien al paladar los que se atribuyen idealistas: en cualquier momento te ponen contra el paredón

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Cristina Kirchner y Alberto Fernández,
Cristina Kirchner y Alberto Fernández, la última vez que se mostraron juntos (Franco Fafasuli)

Esto, digo, como si girase el brazo al abarcar el país que tenemos. El que nos toca este tiempo, en estos días. Suele decirse que fue uno de los más promisorios y deseados como destino de muchos en el mundo. Pero los mismos alumbramientos de las virtudes y dones allá por los primeros años del siglo XX tienen enfrente a quienes sostienen que las virtudes y dones eran en realidad una oligarquía que manejaba la economía en su beneficio. Vaya por delante que no tengo otro compromiso al ver lo que pasa que las polvorientas neuronas y la amistad con la realidad. La realidad no es aquello que van a construir los ideológicos pensantes o emocionales que habrán de lograr una propuesta soñada, los idealistas. No me caen bien al paladar los que se atribuyen idealistas: en cualquier momento te ponen contra el paredón. La realidad son los hechos. Y nuestra realidad es muy abundante en oprobio y falsedades con el resultado de un campo yermo donde los pastos están secos y los hombres vacíos.

¿Qué es esto?

¿Se trata tal vez del destino sudamericano al que encuentra Francisco Narciso de Laprida para morir perseguido por las montoneras de Aldao después de haber proclamado la independencia de “estas crueles provincias” en Tucumán, como surge del poema conjetural de Borges? Puede ser. En el gran poema, Laprida dice que muere al encontrarse “con su destino sudamericano”.

Nuestro destino sudamericano de hoy está en trance de naufragio. La pobreza aumenta y se planifica la extinción de la clase media que produjo y produce científicos, artistas, presidentes, empleados, profesionales tradicionales, empresarios pyme con la lengua afuera por los costos, los impuestos y la posibilidad de enfrentar indemnizaciones en muchos casos urdidos con hacerse de sumas imposibles. Al otro lado de la puerta está la desocupación legítima sin pan y sin trabajo como en el famoso cuadro de Antonio Berni, manipulado por quienes disponen los planes y subsidios anexos. Claro que entre las ruinas del país promisorio y demolido se hace necesario asistir, por supuesto. Solo que la pobreza se prolonga y aunque se anuncia que habrá de disminuir con empleos y dignidad el poder parece preferir la manipulación: el que da de comer será votado. No es sólo asunto de disputas por los enormes presupuestos disponibles sino también queda desnudo un conflicto territorial. Es lo mismo que en las maniobras del voto cantado o retener el documento a la hora de votar para asegurar dónde se pone en la urna. Alguien pensará –siempre hay personas molestas- que vincular a los planes con los votos conforma una forma encubierta de fraude, maniobras que atribuye al conservadurismo en el mismo país. Es para desconcertarse un poco: el digamos progresismo es conservador en esos términos. Como hay personas molestas, otros pueden ser también con reflexiones de sal gruesa, elementales y simplificaciones. Pueden expresarse. ¿No hay acaso una cierta democracia?

¿Qué es esto?

Se establece con método y números que alguien necesita, para no ser pobre, una suma difícil de ganar con alquileres, colegios -aún en los parroquiales, un escalón protector de las escuela pública, orgullo argentino en el continente alguna vez, ya en proceso de ruina, sin excluir gremios docentes que dicen defenderlas -un libro, tener unos días de vacaciones. Sobrevivir en la clase media aborrecida. Cada día a buena velocidad entran a la pobreza argentinos de clase media: 8000. Se los anota al hacer la cuenta aunque son juzgados como burgueses, pequeños, o como se diga. Se ofrece la posibilidad de que resulte planificado.

¿Qué es esto?

¿Por qué hay dos interpretaciones sobre la inflación en el mismo poder? Alcanza el 70% y produce una rueda de precios y consumidores como jaula de hámster que oscurece la vida. Debates sobre la inflación con discusiones en televisión en buenos programas. En la acción política, muchos menos programas, que se sepa.

¿Qué es esto?

Qué es imponer el idioma inclusivo en un lugar con millones de estudiantes incapaces de interpretar un texto ya en el secundario -o con 800 aplazados en la materia química médica en una universidad, todos ellos aspirantes a convertirse en médicos con formación en algunos temas de vez en cuando a distancia. Lo importante es insistir con el inclusivo planteado como objetivo social y político mezquino –y promotor de la risa involuntaria, irresistible, por los inclusivo parlantes- cuando cualquiera sabe, porque no se necesita filología ni semiología previas, que la lengua cambia con el uso de la gente y del tiempo, no por la imposición con la chantada y el cuento de que se trata de que así se contiene a todos, a todes. Que se hable de cualquier modo, bien, pero fuera del aprendizaje profesional. No es otra cosa que perverso enseñar lo que está mal.

¿Qué es esto?

Esto es la llegada del avión con iraníes y venezolanos de manera irregular y explicada con argumentos huidizos y como mínimo absurdos, para no decir mentirosos. Esta sociedad tiene bastante miedo a la violencia del crimen organizado, una violencia sanguinaria en calles, campos y rutas como para aceptar cualquier camino que lleva sospechar una amistad con terroristas. Por error, o con interpretaciones que no cierran por ningún lado, algo de esa amistad quiere asomarse. La Justicia está confirmándolo al imputar a los llegados en el Boeing. Agregar miedo es una enormidad y un peligro.

¿Qué es esto?

Esto es, como apuntes acuciantes, lo que se ha dicho hasta ahora, aunque pueden agregarse una gran cantidad de situaciones en torno a lo que se ha llamado humor social. Más que humor social es un panorama cenagoso. Puede que cambie, la Argentina es muy plástica, tan querida y tan estafada. Hay que hacer un esfuerzo para creerlo, pero bueno.

¿Qué es esto?