Hace mucho, cuando me propusieron volver a la tele, me preguntaron qué nombre le quería poner al programa. Premonitoriamente, recordando las veces que mi mujer me lo repetía, por ser extremadamente simpático, chistoso y causarle hartazgo, le puse “Basta Baby”: las dos B sonaban bien.
Nada iba a presagiar que estaba utilizando una de las palabras que se pondrían de moda en todo el país. Resulta que el BASTA no era de Baby, era un sonido que se escuchaba en el aire y que sin darme cuenta, apelando a la memoria emotiva, al mensaje subliminal del pueblo, apareció en mi inconsciente como un chispazo creativo, cuando solo es una palabra que anuncia el final de la peor película que hemos visto en los últimos cuarenta años.
Como el “The End” de una comedia de Almodóvar es el “BASTA, se terminó”. Se terminó la película del hombre grande que para agasajar a su joven compañera organiza una gran fiesta junto a los amiguitos de esta, mientras el pueblo del otro lado de la reja, (los idiotas) a los que se les terminó el tiempo de los vivos, piden a gritos ser vacunados para dejar de morir. O por lo menos que le dejen acompañar a sus muertos como si esto fuera un favor que el señor mayor nos otorgara por ser sus súbditos.
Una terrible película interpretada por una joven que no sabemos quién es, por un veterano que no sabemos por qué está y con un elenco de oportunistas y sinvergüenzas que disfrutan de las mieles que deja el sudor de un pueblo sometido que paga impuestos. Por supuesto dirigida por una mente mefistofélica y perversa con una inteligencia puesta al servicio del mal solo para dañar, solo para tener poder por el poder mismo, sin ningún tipo de escrúpulos.
BASTA, a más de 120.000 muertos, al robo de las vacunas, al robo del patrimonio, al saqueo de la Argentina, al robo del futuro, a la terrible historia de un pasado ficticio con víctimas que no recuerdan haber sido victimarios, haber secuestrado gente, haber matado gente. Y con esa magia del cine se colocan hoy en salvadores de la Patria.
BASTA de calles y teatros y plazas y placitas y avenidas y cortadas con el mismo nombre de ese que nunca fue un héroe, ni un prócer, ni nada.
BASTA de pensar que el apellido le brinda más posibilidades a los hijos de ellos que a los hijos nuestros.
¡BASTA, BASTA, BASTA!
Que sepan los protagonistas de esta película, que duró veinte años, que su final no está en la cárcel, está en la calle. Y que sufrirán cada día cuando se crucen con uno de los idiotas a los que el tiempo de los vivos se les había terminado.
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