
En el universo (amplio) de las finanzas corporativas, existen algunas variables centrales: el capital de la compañía, el patrimonio, eventuales excedentes que se reinvierten, créditos que se toman, capital que se obtiene en diferentes mercados.
Los profesionales de finanzas en la mayoría de las organizaciones privadas tienen una misión (entre otras): conservar el valor del capital, y en lo posible, aumentarlo. Conservar el patrimonio y aumentarlo con el mejor rendimiento posible. Invertir excedentes que generen intereses, quesean la mejor opción posible frente variantes diversas. Financiarse a través de la opción menos costosa para desarrollar nuevos proyectos.
¿Qué tan diferente es la mirada financiera sobre el capital y patrimonio de la empresa, que navega en los escritorios de la Dirección de Finanzas, de aquella que puede aplicarse a gestionar los Asuntos Públicos de la Compañía, desde las Direcciones a cargo? ¿Acaso ambas no gestionan capital? ¿Patrimonio?
Aún cuando en Argentina la gestión de Asuntos Públicos aparece consolidada como un área de reconocimiento creciente, algunos especialistas todavía se enfrentan al desafío de aportar evidencia sobre la relevancia de este aspecto estratégico.
La mirada financiera sobre la gestión de Asuntos Públicos viene a dar respuesta a preguntas que aún parece sobrevolar en determinados segmentos de empresas: ¿Qué lugar debe ocupar esta gestión en la estructura de la compañía? ¿Dónde observo la ganancia? ¿Existe un capital? ¿Por qué aumentar este capital? ¿Cómo lo aumento? ¿Cuáles son las inversiones que generan el mejor interés? ¿Es a corto, mediano o largo plazo? ¿Dónde busco financiamiento?
“Poner a trabajar” el capital de reputación institucional para que “genere intereses” que no solo permitan conservar su valor, sino aumentarlo para utilizarlo en futuros proyectos, es aplicar la mirada financiera a la gestión de Asuntos Públicos. Los “futuros proyectos” que requieren de un capital de Asuntos Públicos fortalecido, de un patrimonio reputacional consolidado, suelen llegar sin previo aviso y – en consecuencia – sin tiempo de generarlo en el momento.
¿De qué se trata, si no, la ampliación de vínculos institucionales, la generación de escenarios de cercanías con públicos de interés, la comunicación y el liderazgo intelectual sobre temas críticos, el conocimiento de la agenda parlamentaria y sus principales referentes, la interpretación preventiva de la realidad política y el vínculo entre sus actores, el dominio de las conversaciones públicas, entre otras “inversiones estrellas”?
Sus efectos positivos podrían ir directo al ítem de “intereses ganados”, en los Estados Contables, junto a la ganancia financiera.
No habrá “intereses ganados” o buenos “resultados por tenencia” sin planificación. Así como la Dirección de Finanzas proyecta y decide movimientos de capital y patrimonio con plazos variados, buscando el mayor beneficio para la compañía, lo hace en el mismo sentido la Dirección de Asuntos Públicos con el capital que administra, y que debe hacer crecer.
La mirada financiera aplicada a la gestión Asuntos Públicos confirma la fortaleza definitiva de la disciplina en la mesa de dirección corporativa, generando sintonías con áreas como las de Administración y Finanzas, entre las cuales –hasta hoy– parecía existir un abismo.
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