Hipótesis sobre una guerra casi prevista

No hay una respuesta unánime sobre las causas que podrían haber hecho escalar el conflicto iniciado en 2014. La diplomacia fue demasiado light en su análisis, pero tampoco explica el caso. Analicemos las otras dos hipótesis

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Hipótesis sobre una guerra casi prevista (EFE/EPA/STRINGER)
Hipótesis sobre una guerra casi prevista (EFE/EPA/STRINGER)

Asistimos con horror a la invasión rusa a Ucrania, que casi todo el mundo condena por el alto costo de vidas y sufrimiento humano. No hay una respuesta unánime sobre las causas que podrían haber hecho escalar el conflicto iniciado en 2014, a estos niveles de barbaridad y crisis humanitaria. Se mencionan fracasos de la diplomacia, errores en los planes estratégicos de las potencias, fallas en la evaluación de la situación particular o global y locuras personales de personajes siniestros. Descarto esto último dado que ya no existen en las grandes potencias “dictadores unipersonales”, sino estados mayores de planeamiento estratégico, con fuerte poder político interno. La diplomacia fue demasiado light en su análisis, pero tampoco explica el caso. Analicemos las otras dos hipótesis.

Apelo a una primera referencia histórica. Se basa en las medidas tomadas durante las administraciones de Jimmy Carter y Ronald Reagan durante la década de 1980 para enfrentar a la URSS, apelando a una fuerte apuesta a la defensa de EEUU con el lanzamiento de la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI, también conocida como Star Wars), el despliegue de misiles con armas nucleares de alcance intermedio en Europa, asistencia a la resistencia antisoviética (los talibanes) en Afganistán, la intensificación de la retórica antisoviética (el llamado imperio del mal), y el apoyo a los disidentes en la URSS y sus estados satélites. Esto logró “estresar” la realidad soviética y lo obligó a Moscú a ocuparse prioritariamente del tema, gastar enormes y escasos recursos económicos y distrajo su atención política hacia su interior. Al final del proceso, bajo el nuevo liderazgo de Michael Gorbachev se retiraron las fuerzas soviéticas, primero de Afganistán y luego de Europa del Este, al mismo tiempo que se acordó reducir la potencia nuclear estratégica, otras armas y eliminar los misiles terrestres de alcance intermedio.

Vladimir Putin, presidente de Rusia
Vladimir Putin, presidente de Rusia

Esas medidas de EEUU, conocidas como “estrategias de imposición de costos”, se concibieron inicialmente en modo defensivo contra la URSS, que aún parecía fuerte y en expansión. Pero otra era la realidad, como se vio luego de su implosión. Desde entonces quedó la máxima utilizada en geopolítica, “Rusia nunca es tan fuerte ni tan débil como aparenta”. La Rusia actual es más débil que la ex URSS; posee la mitad de la población, aunque es más homogénea; su territorio es más compacto y su economía más abierta y no domina ningún imperio exterior. Sin embargo, el poder del actual gobierno ruso, encabezado por Vladimir Putin, no es tan frágil como se dice en los medios occidentales. Rusia tampoco es el adversario más importante de EEUU en la actualidad. Rusia no puede permitirse el lujo de competir cara a cara con Estados Unidos, mientras que China sí puede hacerlo, cada vez con más fuerza. Por eso las políticas que podría implementar EEUU para “estresar” a Rusia, podrían provocar respuestas chinas que, a su vez, podrían “estresar” a EEUU. Esto introduce nuevas complejidades en cualquier esfuerzo por el diseño de estrategias semejantes a las de los años 80, para imponerle gastos económicos adicionales a Rusia, en orden a poner a prueba su capacidad, su voluntad y su legitimidad. También debe considerarse que algunas medidas afectarían a los aliados y socios de EEUU. Por ejemplo, el aumento del costo del gas para Alemania disminuiría su competitividad industrial.

La mayor vulnerabilidad de Rusia es su economía, que es comparativamente pequeña y altamente dependiente de las exportaciones de energía. La mayor ansiedad de los líderes rusos proviene de la estabilidad y durabilidad del actual régimen, que adoptó una forma autoritaria, capitalista, pero con alta participación del estado en sus decisiones estratégicas, y tradicionalista en sus costumbres culturales y religiosas. Las mayores fortalezas de Rusia se encuentran en los ámbitos militar y de guerra de información. Rusia ha desplegado sistemas muy avanzados de defensa aérea, artillería y misiles y también ha aplicado las nuevas tecnologías informáticas (inteligencia artificial, la Big data y otras), a las viejas técnicas de desinformación, subversión y desestabilización.

Por ello las medidas más estudiadas por EEUU para “estresar” a Rusia son aquellas que abordan directamente esas vulnerabilidades, ansiedades y fortalezas, explotando las áreas de debilidad y socavando las ventajas actuales de Rusia.

EEUU ha estado expandiendo desde hace décadas su producción de energía (gas y petróleo) para no depender de los vaivenes de Medio Oriente y como arma de negociación global, para competir con Rusia, haciendo que no le sea tan fácil a ésta utilizar su ventaja estratégica sobre las necesidades energéticas europeas. Eso maximizaría la presión sobre los ingresos de exportación de Rusia y, por lo tanto, sobre sus presupuestos nacionales y de defensa. Las sanciones económicas también pueden limitar el potencial económico de Rusia. Sin embargo, para ser efectivos, éstas deben ser multilaterales, involucrando (como mínimo) a la Unión Europea, que es el cliente más grande de Rusia y la principal fuente de tecnología y capital, mayor en todos estos aspectos que los EEUU.

Cuestionar la legitimidad del régimen ruso, disminuir su reputación en el país y en el extranjero y apoyar abiertamente el cambio democrático probablemente no sacudirá los cimientos del Estado ruso, pero podría ser suficiente para asegurar una forma de distensión mutua en el ámbito de la guerra de la información. Este punto es de alto interés de los gobiernos pro-globalistas europeos, bastante hipócritas en relación al comportamiento ruso en Ucrania o Siria, pero mucho más preocupados por las alternativas políticas internas, de corte nacionalista, populista o de derecha, que han crecido en la última década y que muestran cierto punto de contacto con la política cultural de Rusia. La unanimidad de la prensa “occidental” en mostrar una cara particular de Putin y su entorno, así lo prueba.

Será muy difícil para EEUU aumentar los costos económicos de Moscú en relación a sus compromisos militares externos porque la mayoría de estos se encuentran en áreas adyacentes a Rusia y están poblados por poblaciones comparativamente pro-rusas. La geografía otorga a Rusia el dominio de la escalada, lo que significa que cualquier esfuerzo por promover una mayor resistencia local podría enfrentar un severo rechazo, costoso para EEUU en prestigio y para sus aliados locales en vidas y territorios. El aumento de las armas y el asesoramiento de EEUU al ejército ucraniano ha sido lo más visible de las alternativas geopolíticas consideradas, pero hubo algo que no salió bien y el conflicto escaló sorpresivamente.

Guerra Rusia Ucrania - Día 21
Continúa el conflicto en Ucrania. (AP Photo/Andrew Marienko)

Rusia no busca la paridad con EEUU en todo el espectro militar. Avances de EEUU en campos de superioridad existente, podrían tener poca respuesta rusa. Por ejemplo, Rusia no va a desafiar el dominio estadounidense de los océanos del mundo. Pero Rusia está “inquieta” por las amenazas para limitarle su acceso marítimo en el Ártico, el Báltico y el Mar Negro. Las posibles medidas de EEUU incluyen un patrullaje más frecuente de submarinos nucleares cerca de las bases del Ártico y el despliegue de misiles de crucero contra buques desde tierra y/o lanzados desde el aire cerca de la costa del Mar Negro. Es probable que Rusia se sienta obligada a igualar cualquier aumento en las capacidades nucleares estratégicas de EEUU. Entrar en tal carrera armamentista sería demasiado arriesgado para todos. Además, la defensa ampliada contra misiles balísticos de EEUU probablemente sea más costosa para EEUU que la probable respuesta rusa, que sería aumentar su número de misiles y ojivas.

Una primera hipótesis explicativa de la escalada militar sería que, luego de haber desplegado la OTAN nuevos sistemas de armas en países cercanos a Rusia, y particularmente en Ucrania, no hayan podido apreciar correctamente el eventual desencadenamiento militar ruso, ocupando Ucrania. Algo extraño para la experiencia norteamericana.

Otra hipótesis es que los planes estratégicos de la OTAN habían contemplado la posibilidad de esa reacción militar y buscaron inducirla, para iniciar la “estrategia de imposición de costos” y así concentrarse en las debilidades económicas rusas y en lograr el desprestigio de Putin y más aún, lograr unificar a toda Europa bajo un único criterio cultural de “mundo occidental”, bloqueando la posibilidad de una Europa más independiente y negociadora con Rusia. Por el lado ruso, es claro que hubo errores de apreciación de la situación política y militar de las fuerzas ucranianas y de un mayor rechazo al esperado por parte de su población.

Joe Biden, presidente de Estados Unidos
Joe Biden, presidente de Estados Unidos

Dentro de EEUU hay muchos sectores que han criticado el devenir “guerrero” de Biden, muy declamativo, sin arriesgar nada, ni aportando armas decisivas o militares propios en la contienda real. Kissinger en el 2014 o el conocido politólogo John Mearsheimer manifestaron que la mejor estrategia para EEUU es concentrarse en China, y trabajar para crear relaciones amistosas con los rusos, tenerlos a favor. “Con nuestras erradas políticas en Europa del Este estamos llevando a los rusos a los brazos de los chinos, violando la Política de Equilibrio de Poder”.

Los teóricos beneficiarios, materiales o ideológicos, de la escalada de guerra, parecieran querer volver a fortalecer un unipolarismo financiero global, sin centro material, pero centrado ideológicamente en el modo cultural del “mundo occidental”, con respaldo de la OTAN/CIA, que sostiene el desarrollo industrial tecnológico de avanzada y conduce los “Complejos Industrial Militar” de EEUU y Europa. Llama poderosamente la atención que ya en el año 2019, Gran Bretaña haya impulsado un incremento de hasta el 40% en el límite de cabezas nucleares Trident (de las 180 actuales a 260), escudándose en un “desafío sistémico” a la seguridad económica, la prosperidad y los principios y valores que defiende el Reino Unido, y señalar, ya en 2019, que el principal riesgo de confrontación actual procede de Rusia. Demasiada anticipación o una programación estratégica prevista para restaurar un orden mundial desde el “mundo occidental”.

Merkel propuso oportunamente una “alianza de multipolaristas”. Pero diferencias entre Berlín y París demuestran que llevarlos a la práctica es bien difícil, aunque una encuesta de la Fundación Friedrich Ebert, (del SPD), revela que el 42 % de los franceses y el 59 % de los alemanes demandan neutralidad internacional a sus Gobiernos. El 50 % de los franceses y 65 % de los alemanes rechazan las intervenciones de sus Fuerzas Armadas en combates militares. El multipolarismo es defendido obviamente por una Europa independiente, Rusia, China y otros poderes regionales. Pero lamentablemente la confrontación no se detiene y sigue sacrificando demasiadas víctimas humanas, como en todas las guerras.

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