
La pandemia del coronavirus nos colocó en un escenario inédito, en el que el acontecimiento de una enfermedad puso en evidencia el desafío que tenemos como sociedad en general y con el sistema de salud en particular. A partir de enero de 2020 ya nada sería igual, ni las interacciones, ni el vínculo que tenemos con la ciencia y las vacunas, ni la tecnología. De un momento a otro, la agenda mundial cambió y los casos, los contagios, la vida y la muerte, el rol del sistema sanitario, sus éxitos y falencias pasaron a ser prioridad.
Luego de más de dos años, todavía no podemos siquiera vislumbrar las consecuencias de la pandemia, pero sí podemos poner de manifiesto algunas cuestiones muy concretas que nos permiten repensar cómo afectó el COVID-19 a los individuos y reflexionar acerca de la importancia de la salud.
De acuerdo a diversas fuentes, como la OMS y OPS, el primer lugar de la lista de las consecuencias del virus lo ocupan las afecciones respiratorias; algunas condiciones previas como la obesidad, hipertensión, diabetes y la edad condicionan los cuadros graves del COVID-19 y el post COVID-19.
Cabe mencionar que un tercio de los pacientes que han atravesado cuadros complejos (según datos relevados, un 20% del total) pueden tener algunas de estas secuelas y persistir varios meses: fatiga, falta de aire o dificultad para respirar, tos, dolores articulares, musculares, dolores de cabeza, problemas de memoria, de concentración, insomnio, depresión y ansiedad, y en algunos casos puede persistir la pérdida del olfato o del gusto,
La mejor manera de prevenir la circulación del virus es la información y la vacunación, que sin lugar a dudas reduce la morbilidad y mortalidad. Por ello promovemos la equidad en el acceso a las vacunas como garantía de igualdad para toda la población.
Desde el comienzo de la pandemia se vio altamente afectada la disminución en los tratamientos y consultas de enfermedades no transmisibles (ENT).
Según una encuesta de la Organización Panamericana de la Salud/ Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) “el impacto es mundial y la interrupción de los servicios de salud de rutina constituye una amenaza para la salud de las personas que viven con enfermedades crónicas”.
Debemos destacar que en la primera etapa de la pandemia fue prácticamente abandonada la atención ambulatoria de las ENT (enfermedades no transmisibles), así como las consultas pediátricas, de la salud mental, las cirugías y los tratamientos oncológicos. Más allá de haberse impuesto por la urgencia de la coyuntura en todo momento fue motivo de nuestra preocupación permanente.
La situación de las ENT nos lleva a expresar algunos datos que son relevantes para no subestimar los problemas que conlleva la falta de tratamiento ni su prevención, como son las enfermedades cardíacas, hipertensión, ACV, diabetes y cáncer. Estas patologías constituyen las principales causas de morbilidad, discapacidad y mortalidad prematura.
Es más, nuestro país y América Latina y el Caribe tienen una elevada prevalencia de enfermedades crónicas y evitables. Cifras recientes del estudio (Carga Mundial de Morbilidad) muestran que más de la mitad de la población en la región padece sobrepeso y obesidad y 1 de cada 10 adultos padece diabetes. La cantidad de personas con estos padecimientos está por encima de los promedios mundiales.
Además, 8 de cada 10 muertes corresponden a ENT. Esto significa que, a la fecha, la cantidad de muertes por enfermedades no transmisibles en América Latina y el Caribe es como mínimo dos veces mayor que la cantidad de muertes acumuladas por COVID-19 estimadas para la región.
Actualmente, distintas sociedades científicas han dado la alerta de esta situación ante la postergación de consultas y tratamientos que traen agravamientos del estado general de la salud de la población.
Por todo lo mencionado, enfatizamos en la necesidad de continuar con los tratamientos y seguir visitando a los profesionales de todas las especialidades de la salud, siempre enmarcado en el conocimiento que tiene el equipo de salud de las normas de bioseguridad y los cambios que ha presentado el modelo de la atención a partir de la pandemia.
Es fundamental continuar impulsando el tratamiento y los cuidados de la salud, propiciar espacios innovadores y seguros, pero de ningún modo dejar de atender o de priorizar enfermedades crónicas.
Hoy en día convivimos con un virus que se impone como urgente, pero de ningún modo hay que desatender las enfermedades o tratamientos clínicos que, de modo silencioso, son también esenciales para la salud de las personas.
En este sentido, la tarea legislativa nos permitió presentar proyectos que tienen como estrategia la cobertura universal: la importancia de la vacunación en las infancias y en la población adulta, la atención post COVID-19, la promoción en el restablecimiento de la atención presencial a la salud mental en consultorios públicos y privados, el impulso a la atención primaria plena a través del funcionamiento de los Centros de Salud y Acción Comunitaria (CESAC), y todos los tratamientos necesarios para la recuperación plena de la salud. Muchos de estos aspectos fueron compartidos y puestos en práctica por el Ministerio de Salud de la Ciudad.
Es importante continuar y seguir promoviendo distintas acciones en favor de lograr la cobertura sanitaria para la Ciudad de Buenos Aires.
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