
Primero fue la normalidad. Después la nueva normalidad. ¿Y ahora qué? No tengo dudas: la realidad va cambiando al mismo ritmo (o quizás un poco más rápido) que esta cepa viral que nació ¿en China? y que hoy ya tiene cien caras y mil orígenes.
¿Qué nos queda -entonces- ante esta ráfaga de contagios que parece imparable? ¿El encierro compulsivo e inexplicable que ya vivimos? ¿Otra cuarentena de familias presas y pymes fundidas?
Definitivamente no. Porque esa realidad que cambia constantemente hoy nos arroja una certeza: no hay salud mental ni bolsillo que aguante otro cierre, por más mínimo que sea.
Los argentinos, definitivamente, debemos aprender a convivir con el virus. Todos -el Estado y nosotros- debemos estimular y fomentar la vacunación de la población y maximizar los cuidados propios.
Si bien se trata de una variante del virus con alto nivel de contagiosidad, también es cierto que existe un porcentaje menor de casos que requieren algún tipo de internación compleja. Por consiguiente, es necesario que el trabajo pueda desarrollarse con normalidad y que los sectores productivos que empujan al país -golpeados y destratados- no reciban cachetadas diarias al progreso debido al alto nivel de ausentismo por estrechez con casos positivos. El desafío es gestionar hacia la normalidad.
Para ello, el Estado debe contribuir y colaborar con los distintos sectores poniendo de sí un componente único e irremplazable en la política como en la vida: la escucha.
Así, por ejemplo, lo hizo recientemente el gobierno de Córdoba ante un pedido de la Unión Industrial de Córdoba: eliminó el aislamiento para aquellos contactos estrechos sin síntomas y cuya actividad sea productiva, comercial o de servicio. Una medida en pos del bienestar mental y de los bolsillos de aquellos trabajadores que han puesto sobre su lomo la reactivación económica de un país cuyo gobierno parece patearle -casi siempre- en contra.
Lo mismo vale para el turismo, actividad productiva de las más afectadas durante la Pandemia. Para este sector, volver a cerrar, implicaría la pérdida de miles de empleos y el cierre de cientos de empresas.
En Córdoba los festivales son parte de nuestra idiosincrasia y representan de manera cabal a nuestra provincia y a todo el país.
Estoy convencido que no deben parar ni reprogramarse. Esta última variante del Covid ha demostrado un impacto menor en aquellas personas vacunadas. Por eso mi mensaje es claro y contundente: más vacunas, más prevención y menos miedo.
Ante la gran transmisibilidad del virus (pero menor letalidad) es menester plantearnos y analizar otras formas de abordaje. Como -por ejemplo- lo está evaluando (entre otros países) España: entendiendo a la misma como una enfermedad endémica.
Por las proyecciones actuales, en el 2022, el turismo -repito y remarco: uno de los sectores más golpeados por la pandemia- no tendrá los niveles de movimiento prepandémicos, eso está claro. Pero debemos de forma urgente tomar las acciones necesarias que nos permitan recuperarlo, en particular el turismo receptivo y las divisas que genera y que necesitamos como el agua, porque de lo contrario, las medidas actuales (restablecimiento de las bandas tarifarias; prohibición de cuotas para viajes al exterior; amenazas de nuevos cierres; pocas líneas aéreas operando; poca competencia; pocas frecuencias de vuelos; y pocas rutas que caracterizan hoy el estado de situación) terminarán por destruir por completo el sistema aerocomercial que es la infraestructura básica para nuestro desarrollo.
No hay mejor política turística que la plena conectividad. Hay que volver a conectar a la Argentina entre sí y con el mundo para volver a generar más trabajo y divisas para nuestro país.
De lo contrario, los únicos perjudicados seguiremos siendo los argentinos. Por eso y más que nunca: prohibido cerrar.
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