
Los liberales argentinos, desde .Alsogaray a Espert, llamados a opinar en los medios, atacaron y atacan el control de precios con argumentos utilitaristas:
- que han fracasado durante 2000 años;
- que provocan escasez y desabastecimiento;
- que los comerciantes terminan reemplazando los artículos controlados por otros más pequeños o de menor calidad para abaratar (paleta en lugar de jamón).
Sin embargo ninguno se pregunta por qué a pesar de que se sabe desde hace 2.000 años que no funcionan, (desde Diocleciano a los nazis), se sigue intentando con ellos.
Eso revela que no se entiende la naturaleza del problema: se cree que el problema es económico cuando es un problema moral.
Pero... ¿acaso la necesidad no crea derechos?
¿Acaso la necesidad de comer por parte de los más necesitados no debe prevalecer por encima de los intereses de los fabricantes de alimentos?
¿Acaso debemos dejar en libertad a oligopolistas sedientos de lucro, avariciosos incapaces de comprender las necesidades de los más pobres ?
Lamentablemente son muy pocos los que osan desafiar el código moral altruista: la idea de que “la necesidad crea derechos”.
Defender la libertad de esta forma no alcanza, no sirve. Por eso siguen los controles y seguirán intentándose en el futuro.
Lo que está en juego es la libertad de todo hombre de disponer de los frutos de su trabajo. Lo que esta en juego es el derecho de propiedad. Lo que está en juego es saber si el derecho de propiedad es un derecho sagrado o si es un derecho “secundario” (Bergoglio dixit).
Los precios surgen como producto de la interacción de las valoraciones individuales.
Es obvio que si se imprime a lo loco en un contexto en el que la cantidad de bienes permanece estancada (la productividad argentina es muy baja porque se la castiga), la demanda va a aumentar y los precios subirá . Ponerles un “corset” provoca lo que ya todos sabemos.
Es obvio que no son los empresarios quienes controlan los precios sino la interacción de oferta y demanda. Si los precios dependieran de la voluntad unilateral del empresariado seguramente al precio de cada producto habría que agregarle un cero o unos cuantos ceros más.
No, no son los empresarios quienes determinan los precios. Es el Mercado y más precisamente un Mercado convulsionado por las distorsiones provocadas por la falsificación monetaria.
Lo que está en juego, lo tremendamente inmoral del control, es que alguien se autoarrogue el derecho de “controlar” las valoraciones humanas.
Controlar precios es controlar vidas. ¿Por qué? Porque si uno no puede disponer de los frutos del propio trabajo, no puede disponer en última instancia del mecanismo que le permite sustentar su vida. En todos los países en los que se relativiza el derecho de propiedad se termina conculcando el derecho a la vida, persiguiendo y encarcelando a disidentes y desobedientes del poder.
Sin saber argumentar en el plano moral, sin saber argumentar y explicar porque un hombre tiene derecho a su vida y a su propiedad, no habrá forma de evitar que los colectivistas y totalitarios sigan intentando imponer sus “controles” .
El hecho de que estos fracasen no los disuadirá de intentarlo una vez más.
Después de todo, si el capitalismo es “inmoral” ya que permite “abusos de especuladores” deberemos seguir intentando con “soluciones” socialistas, recurriendo al garrote.
Defender el capitalismo desde el utilitarismo puede ser un complemento, pero jamás el argumento de fondo.
En el siglo XIX lo intentaron Bentham, Spencer y John Stuart Mill. Todos ellos fracasaron y el resultado fue un regreso al colectivismo, millones de muertos y la ruina mundial .
Lo que debe revisarse es el código ético: está al revés.
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