
La política internacional ha sido y es para el conjunto de las Naciones una forma de aunar esfuerzos entre los países que ideológicamente pensaban de una o de otra manera, países que no se sentían representados por los bloques existentes, grupos de países que se juntaban para hacerse oír, países que se juntaban para crear un mercado común, etc.
También los partidos políticos adherían, de acuerdo a su línea de pensamiento, a grupos internacionales como la Internacional Socialista o la Socialdemocracia para intercambiar posiciones y en caso de llegar a sus respectivos gobiernos llevar adelante políticas acorde a la línea de pensamiento de esos grupos, fomentar la cooperación y apoyarse en negociaciones, reclamos territoriales, o inclusive en organismos financieros.
Argentina, desde el inicio de la democracia en 1983, sólo tuvo una política de relaciones internacionales independiente durante el gobierno de Raúl Alfonsín.
Fue el Grupo de Apoyo a Contadora, después llamado Grupo de los Ocho para resolver los conflictos de Centroamérica, también el Grupo de los Seis para pedir el fin de los ensayos nucleares, fue el liderazgo de Argentina para la recuperación de las democracias latinoamericana, la militancia en los países No Alineados, ni con la OTAN ni con el Pacto de Varsovia. Pero como si fuera poco fue el presidente que en los jardines de la Casa Blanca le planteó a Ronald Reagan el respeto por la autodeterminación de los pueblos.
Podríamos enumerar muchas cosas más pero para simplificar cabe destacar que la voz de Argentina era escuchada y respetada en todos los órganos internacionales, siempre en defensa de lo nacional y del intereses del pueblo argentino.
Desde 1989 en adelante vinieron los alineamientos automáticos, desde las “relaciones carnales” con Estados Unidos, hasta la dependencia exclusiva con China pasando por la subordinación a ciertos dictadores populistas sudamericanos.
Prácticamente se cedieron la representación de nuestro país, siempre argumentando beneficios económicos que en realidad lo son pero justamente no para el pueblo argentino sino para quien nos alinea detrás de esas Naciones.
Cuando se aprobó, en marzo del año pasado, el aislamiento preventivo, propusimos la creación de un grupo con los países afectados por la pandemia. Planteamos una negociación conjunta para intentar una suerte de plan Marshall para que la emisión de pesos sea con respaldo.
Claro que el Gobierno hizo lo que sabe, emitir sin respaldo y hoy sufrimos la consecuencia: la inflación.
¿Podrá algún gobierno argentino diferenciar naciones de gobiernos? ¿Podrán ver en Brasil un socio estratégico a largo plazo gobierne Lula o Bolsonaro? ¿Podremos relanzar y ampliar el Mercosur para negociar con mayor fuerza con el Norte, Europa y Asia?
Para adelante hay mucho que hacer y la Argentina tendría que tener la iniciativa.
Pronto el mundo va a llegar a los 8.500 millones de habitantes, la FAO dice que para el 2050 hace falta 70% más de alimento, cómo vamos a encarar esto sin deforestar más, qué reglamentación internacional vamos a tener con respecto a los agrotóxicos, cómo resolvemos la disputa en el agro espacio/cultivo intensivo, la desertificación de África meridional y África subsahariana hace que sólo el 40% podría ser cultivable, quedando en América el principal proveedor de alimentos del mundo.
¿Cómo se puede equilibrar y acordar con las Naciones desarrolladas, inversiones a largo plazo para producir alimentos sin dañar los ecosistemas y no seguir favoreciendo el calentamiento global?
Así como la OPEP nuclea a los grandes productores de petróleo, podemos pensar en agrupar a los países productores de materia prima, para negociar mejores precios o tasas que permitan inversiones para contrarrestar las deforestación y contaminaciones.
Hay cantidad de temas donde Argentina tendría que liderar no sólo en opinión sino en políticas activas para el desarrollo de la industria alimentaria.
Los partidos políticos que pertenecen o adhieren a grupos internacionales tendrían que interpelar a los mismos para el debate de estos problemas, pero fundamentalmente tener en claro qué política internacional vamos a llevar adelante.
Hay cuestiones básicas que se tendrían que discutir, como las políticas migratorias que hoy Europa no sabe cómo manejar, la guerra en Siria o la violación a los derechos humanos principalmente de las mujeres en Afganistán, el peligroso ascenso de grupos racistas violentos que representan una vergüenza más en nuestro conflictivo mundo, etc.
La mundialización a la que se avanza con el apoyo tecnológico, requiere de repensar estrategias de comunicación y de producción, en el marco de protección del Planeta; se requiere de una política internacional que, previo consenso, nos afirme y nos integre como Estado Nación.
Desde el 1989 los alineamientos solo nos trajeron aislamiento, tengamos criterio, defendamos lo nuestro y que Argentina vuelva a ser respetada como su pueblo se merece.
Quizás esté más vigente que nunca aquella frase que Hipólito Yrigoyen pronunció al inaugurar la línea telefónica con los Estados Unidos: “Los hombres deben ser sagrados para los hombres y los pueblos para los pueblos”.
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