
En tiempos del Renacimiento italiano, el influyente pensador florentino y consejero del efímero gobierno republicano que sucediera a la poderosa dinastía de los Medici, Nicolás Maquiavelo, esgrimía en su clásico El Príncipe que “la fortuna es árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero también ella nos deja gobernar la otra mitad”. Una reflexión, sin duda, de asombrosa actualidad en un mundo cada vez más impredecible, donde tanto para bien o para mal, los escenarios son contingentes, y la incertidumbre ha llegado para quedarse. Sin embargo, aun frente a ese devenir incognoscible, en política -como en la vida misma- no sólo es posible sino también conveniente procurar actuar de forma planificada y estratégica.
Cuando Horacio Rodríguez Larreta asumió su primer mandato frente a la Ciudad de Buenos Aires en 2015 nunca se imaginó que su jefe político, el líder de su espacio y el por entonces flamante presidente de la Nación, Mauricio Macri, iba a sucumbir ante la anomalía histórica de los sistemas presidencialistas: el rechazo en las urnas de su proyecto reeleccionista. Y, más aún, que la debacle arrastraría a la otra protagonista del “tridente” del poder de Cambiemos, la entonces carismática gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, a quienes muchos auguraban un futuro promisorio.
Por entonces, el plan de Horacio Rodríguez Larreta, como el de cualquier sucesor paciente, implicaba esperar una posible oportunidad de aspirar al “Sillón de Rivadavia” que llegaría tras los dos mandatos de Macri, y que seguramente hubiese chocado con las lógicas aspiraciones de Vidal. Sin embargo, el escenario cambió drásticamente. La fortuna hizo su aparición. Con la abrupta salida de Macri y Vidal, el peronismo retornaba al poder de la mano del tándem “Fernández-Fernández de Kirchner” en Nación y Kicillof en provincia, y el jefe de gobierno porteño se convertía anticipadamente en la principal referencia de un espacio que, ahora en la oposición, demandaba una necesaria reconfiguración.
Moderación e inteligencia estratégica.
En un contexto en el que la fortuna hizo lo suyo, es tiempo de, en términos del léxico de Maquiavelo, proyectar la “virtud”. No son pocos los que suelen decir que es fácil gobernar un distrito como la Ciudad de Buenos Aires, con un abultado presupuesto, alta visibilidad, y menos problemas estructurales que otras provincias y municipios del país. Algo que, con varios matices, y una coparticipación recortada recientemente por el gobierno nacional, puede ser en parte cierto.
Sin embargo, ello no es óbice para destacar los atributos positivos del jefe de gobierno, que lo convierten en una rara avis de la política vernácula. Además de una capacidad de trabajo y gestión que es reconocida incluso por sus adversarios, en el marco de una cultura política tan proclive a los gestos ampulosos, las descalificaciones y actitudes megalómanas, la templanza y la moderación que ha demostrado Larreta no abundan.
Ahora bien, en un escenario político tan complejo como el actual, ello seguramente no alcanza. Por eso, el jefe de gobierno porteño ha venido acompañando esas “virtudes” forjadas durante su trayectoria política, con una inteligencia estratégica que parece estar despejándole el camino hacia la construcción de una candidatura presidencial competitiva para 2023.
La primera batalla.
Para estar en la carrera en 2023, hay que pasar con éxito las elecciones de medio término de este año, y es aquí donde Rodríguez Larreta ha apostado fuerte, no ocultando sus ambiciones presentes y futuras.
En la ciudad, a su tradicional adversario -ahora interno- Martín Lousteau, se sumó recientemente la figura de Patricia Bullrich que, con un alto perfil mediático y altas dosis de polémica, pretende encarnar un sector “duro” dentro del espacio. Frente a las mediciones que mostraban que la ex Ministra de Seguridad contaba con un interesante respaldo electoral, Larreta no dudó en poner en marcha su propio “Plan V”.
La ex gobernadora, que no quería volver a la provincia como insistían otros referentes del espacio -como el propio Macri-, aceptó la propuesta de Larreta de encabezar la nómina a diputados nacionales por la ciudad. Con esta jugada no sólo obturó las ambiciones de Bullrich, que hubiesen podido amplificarse con un triunfo electoral, sino que también le plantó un importante escollo a las pretensiones de Lousteau en el distrito. Como si fuera poco, logró acordar la participación de López Murphy en las PASO del espacio, procurando de esta forma retener votos que pudiesen fugarse hacia el espacio de los autodenominados “libertarios”.
La nacida en el barrio de Flores no oculta la seguridad que le genera el volver a Capital y la comodidad de hacerlo de la mano de Larreta, con quién dio el salto a la política en los albores del nuevo milenio en la Fundación Sophia, el primer think tank de Compromiso para el Cambio, que preparaba el programa y los equipos técnicos de Mauricio Macri para su desembarco en política.
Si bien es cierto que su gestión como gobernadora estuvo casi siempre atada a las turbulencias y vaivenes de la magra gestión de Mauricio Macri, también lo es que durante los cuatro años de su mandato se mantuvo como una de las dirigentes con mejor imagen del país. Una imagen que aun mantiene, y que la convierte en un actor de peso ahora en la Capital.
Pero Larreta no se conformó con “blindar” su distrito e ir ordenando su sucesión, sino que también avanzó decididamente sobre la provincia de Buenos Aires, contradiciendo incluso la opinión de Macri. Una decisión que no sólo da cuentas de la necesidad que tiene de contar con un armado propio y sólido de cara a las presidenciales de 2023, sino que también demuestra su voluntad de dejar en claro quién es el principal líder de la oposición. En el distrito más importante del país, Larreta jugó así otra carta fuerte para enfrentar la interna con el neurocirujano Manes: la de Diego Santilli, su leal vicejefe de gobierno, dirigente de origen peronista, muy identificado con el discurso de la seguridad -una de las principales preocupaciones de los bonaerenses-, que no oculta su ambición de aspirar a la gobernación. Una movida que sacudió fuertemente la interna de Cambiemos, no sólo la que enfrenta a los radicales con el PRO, sino incluso la que se plantea entre los referentes de este último espacio que tenían aspiraciones a disputar la gobernación, como Jorge Macri.
Así las cosas, en una campaña en la que pese a la crisis generalizada no se presagian “cisnes negros”, seguramente se alzará con una cómoda victoria en la Ciudad y la lista que surja de la interna entre Santilli y Manes disputará una elección muy pareja con el kirchnerismo en la provincia. Si ello ocurre, el primer objetivo estratégico de Larreta se habrá cumplido, demostrando como escribiera Virgilio que “la fortuna favorece a los audaces”.
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