
En estos días se dieron a conocer cifras oficiales que describen el mercado laboral. Según el Ministerio de Trabajo, en base al SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino), en marzo aumentaron en 33.650 los puestos de trabajo asalariados privados registrados (0,6%) respecto a febrero. En total, ya se recuperaron 133.500 puestos de trabajadores asalariados. Equivalente al 51% de los perdidos entre marzo y junio de 2020.
Fueron ocho meses consecutivos de recuperación del nivel de asalariados formales (privados) registrados en el SIPA. Entre agosto de 2020 y marzo de 2021, se recuperaron en total unos 133.472 puestos de trabajo, lo que equivale al 51,6% del total de empleo asalariado privado en blanco destruido durante la cuarentena dura (entre abril y julio de 2020 se perdieron 258.800 puestos de trabajo asalariados).
Por su parte, si se toma en cuenta el empleo formal total (incluyendo no solo asalariados sino también cuentapropistas), entre marzo y mayo de 2020, la pérdida de puestos de trabajo llegó a los 352.250 puestos de trabajo formales. El número de puestos de trabajo formales totales (que incluye asalariados privados, públicos, monotributistas, autónomos y personal en casas particulares) se redujo de 12.106.880 a 11.754.630 entre febrero y mayo, respectivamente. Es equivalente a una caída del 2,9%. Mientras que entre junio de 2020 y marzo 2021 hubo una recuperación de 251.900 puestos de trabajo, es decir que se recuperaron el 71,5% de los empleos. Una parte importante (108.000 trabajadores registrados) correspondía a monotributistas, que se habían dado de baja durante la cuarentena dura. En el mes de marzo de 2021 hubo 47.726 empleos formales totales más que en febrero. Es la mayor recuperación mensual desde que comenzó la pandemia.
¿Qué pasa en particular con los diferentes sectores involucrados? Más allá de que hay algunos que ya están por encima del nivel de actividad prepandemia (por ejemplo construcción e industria), el empleo está reaccionando muy lentamente. Y obviamente, la recuperación de altas ante el SIPA de empleos cuentapropistas fue mucho más veloz que los trabajos asalariados formales. En agosto de 2020, el número de monotributistas ya había alcanzado el nivel prepandemia. Actualmente está 1,9% por encima del nivel de febrero de 2020 (31.000 cuentapropistas más).
En el caso del sector público, entre febrero de 2020 y marzo de 2021, se incorporaron (Nación, provincia y municipios) 45.203 personas. El número total de empleados en el sector público de marzo pasado era de 3.231.226 empleados en los tres niveles de gobierno y el mes previo a la pandemia era de 3.186.000 empleados públicos.
Otra cuestión relevante fue que el dato de inflación de mayo mostró una desaceleración con respecto al mes anterior. No obstante, permanece por encima del 3%. Las paritarias ya desestiman el objetivo del 29% del presupuesto. Este escenario implica precios y salarios desanclados. Pensemos que desde octubre del 2020 la inflación mensual no perfora el 3%. Dejando un 47% de piso para fin de año en caso de continuar con esta dinámica. Con este panorama, hemos visto que la idea, hasta hoy, ha sido acordar los aumentos en un comienzo, endurecer los controles de precios, desacelerar el aumento del tipo de cambio y continuar interviniendo en los mercados paralelos. Incluso, la inflación núcleo continúa por encima del nivel general. Aunque, si consideramos que las presiones cambiarias sobre la brecha continuarán a partir de una dolarización de portafolios, parece lo inevitable en cualquier año electoral.
Vale mencionar que, en términos internacionales, asistimos a la vuelta de la inflación. A escala global, se expresa como una nueva amenaza a partir de los programas fiscales de las economías desarrolladas. Recordemos que durante la crisis Subprime (2008), la estrategia de la FED para combatir la inflación fue contraer las tasas de interés a niveles mínimos y dar nuevos impulsos fiscales. Probablemente la mayor diferencia con dicha crisis (hoy, mayo, la inflación en EEUU alcanzó 0,6% y la inflación interanual llegó a 5%) es que la recesión fue más pronunciada y que la expansión fiscal fue considerablemente menor.
En síntesis, es difícil saber qué proporción de estos puestos de trabajo se perdieron definitivamente o pasaron a la informalidad. A diferencia de las bajas de los asalariados privados, cuyas bajas ante el SIPA corresponden principalmente a despidos o cierre de empresas. En el mes de marzo de 2021, los sectores que más puestos de trabajo perdieron respecto al mismo mes de 2020 fueron: Hoteles y restaurantes, que perdieron 49.493 puestos de trabajo (-19,2%); Transporte, que perdió 17.837 puestos registrado (-3,4%); Servicios Comunitarios Sociales y Personales con una pérdida de 16.543 puestos de trabajo (-4,4%); Comercio, con una pérdida de 16.105 (-1,4%) y Construcción que perdió 13.705 puestos de trabajo (-3,7%).
En términos monetarios e inflacionarios, la acumulación de reservas internacionales en el período de una liquidación histórica, las importaciones y el precio del Real que volvió a apreciarse en los últimos días son los puntos a observar. Estas tres variables dejan algo más de margen para que el peso no quede tan desacoplado en términos de competitividad y puedan seguir por este sendero fijado hasta las elecciones. Más allá de las presiones inflacionarias constantes, en la actualidad hay instrumentos para controlar la situación monetaria. O, al menos, por un tiempo. Pasadas las elecciones, tendremos la necesidad de llegar a un acuerdo con el FMI, con todo lo que trae aparejado.
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