La corrupción K, entre Chávez y Chocobar

Tanto Cristina Kirchner como Alberto Fernández han demostrado que, en todos los casos, se ponen del lado de los que violan la ley en cualquiera de sus formas. La señal hacia la sociedad es ética y culturalmente demoledora

(Natacha Pisarenko/Pool via REUTERS)
(Natacha Pisarenko/Pool via REUTERS)

El Gobierno de los Fernández no es de científicos. Es un Gobierno de cómplices con el terrorismo de estado de Maduro, con la corrupción kirchnerista y con los delincuentes comunes.

Tanto Cristina Kirchner como Alberto Fernández han demostrado que, en todos los casos, se ponen del lado de los que violan la ley en cualquiera de sus formas. La señal hacia la sociedad es ética y culturalmente demoledora.

Utilizo la palabra “cómplice”, porque es la definición a la que apeló el actual presidente de la Nación hace apenas 4 años. El tuit de Alberto fue contundente: “En Venezuela se ha quebrado la convivencia democrática y el gobierno ha cometido abusos imperdonables sobre DDHH. El silencio es complicidad”.

Si en el 2017, Alberto definía así lo que pasaba en la dictadura chavista, cualquiera se puede imaginar la cantidad de crímenes de lesa humanidad que han cometido durante todo este tiempo. Siempre repito que el informe que hizo Michelle Bachellet es irrefutable. Por la rigurosidad para denunciar los asesinatos, las desapariciones, censuras y torturas y los millones de exiliados que huyeron del régimen atroz de Nicolás Maduro. Y a esas precisiones, hay que agregarle la irreprochable trayectoria de Bachellet. Nadie en su sano juicio la puede acusar de oligarca, derechista o pro imperialista. Salvo que vivan en el reino talibán del cristinismo. Ella fue presidenta democrática de Chile, ganó y perdió elecciones, no se enriqueció, no tiene una sola sospecha de corrupción y pertenece al partido del socialista Salvador Allende.

Todos los países democráticos del mundo repudian y condenan el sometimiento al que Maduro condenó a su pueblo. Todos, menos las autoridades o los gobiernos más irracionales y autocráticos como Cuba, Nicaragua, Irán, Rusia y, tristemente, ahora Argentina. Son los mismos que apoyan al grupo terrorista Hamas cuando no condenan sus atentados misilísticos. En el caso de Cristina, el vínculo con el poder venezolano, también es de corrupción de estado por los negocios sucios que hicieron Néstor y Chávez.

Uno de los pocos activos en valores que Argentina tiene en el mundo se lo debemos al doctor Raúl Alfonsín. Hablo de la condena a todo tipo de violación a los derechos humanos sin que importe el signo ideológico de los violadores. Siempre del lado de las víctimas. Siempre del lado de la libertad y la democracia republicana. Ese capital simbólico fue destruido por Alberto y Cristina, que de la boca para afuera dicen admirar a Alfonsín. Los Fernández le ordenaron a Felipe Solá que cometiera este crimen de lesa imbecilidad ideológica. Primero, retiraron a nuestro país del Grupo de Lima y ahora, nos borraron de la denuncia ante la Corte Penal Internacional de la Haya por el terrorismo de estado que hoy rige en Venezuela. Una vergüenza histórica de la que no podrán regresar. Encima, Venezuela fue uno de los países que albergaron con generosidad al exilio argentino durante la dictadura de Videla. El propio Alberto ya había dicho que los problemas de derechos humanos en Venezuela estaban “desapareciendo”.

Hace 4 años, Alberto, en el llano, dijo que el silencio era complicidad. Hoy, como Presidente, se convirtió en un secuaz o en un encubridor de las atrocidades del chavismo.

Pero la complicidad lleva directamente a estos personajes nefastos, a convertirse en partícipes necesarios del robo más grande de la histórica democrática perpetrado por Cristina y su Cartel de los Pingüinos. El único plan que tiene este gobierno y que cumple a rajatabla es la impunidad y la venganza que exige Cristina. La Justicia la acusa de ser la jefa de una asociación ilícita que se dedicó a saquear al Estado. Ella, su familia y casi todos sus funcionarios se retiraron ultra millonarios del Gobierno. Hasta los secretarios privados, hoy muertos, Daniel Muñoz y Fabián Gutiérrez, se convirtieron en magnates solo con robarles los vueltos a sus jefes. Eso da la magnitud de la cleptocracia y el latrocinio. Hay pruebas documentales contundentes y arrepentidos de ambos lados del mostrador que describieron con lujo de detalles el plan sistemático de enriquecimiento ilícito. Por eso, todas y cada una de las medidas que impulsa a los empujones en la Justicia el Gobierno tienen el mismo objetivo: salvar a Cristina y su banda de la cárcel, liberar a todos los ladrones y estafadores que ellos llaman presos políticos y atacar a lo que tuvieron la osadía de denunciarlos o investigarlos. Defienden a los malandras de Venezuela y a los de Argentina. Pero no solamente a los estafadores de la política.

El falso garantismo, que Eugenio Zaffaroni inoculó, colocó siempre a los kirchneristas del lado de los victimarios y en contra de las víctimas en crímenes, asaltos y violaciones. Vatayón Militante en las cárceles, liberación indiscriminada de presos peligrosos con la excusa del COVID que casi no se cobró víctimas en los penales y una permanente mirada prejuiciosa de todos los servidores públicos con uniforme. Sus militantes han adherido a falsedades brutales como que la inseguridad es una bandera de la derecha y de los ricos, pese a que los humildes son los más perjudicados. Pero el fanatismo jurásico, los ciega y no les permite ver que los policías, gendarmes y demás fuerzas de seguridad no son los mismos de la dictadura que terminó hace 38 años. Hace 38 años. El policía Luis Chocobar, ayer cumplió 34 años. Es nacido y criado en democracia. Es una persona humilde, trabajadora que fue educado en valores democráticos y honrados. En cualquier lugar del mundo, su valentía para salvarle la vida a un turista extranjero sería reconocida. Podría haber mirado para otro lado y seguir su camino y hoy estaría feliz en su casa. Pero cumplió con su deber y defendió a la víctima y salió a perseguir al victimario. Toda la cultura kirchnerista está en contra de Chocobar. Lo acusan de gatillo fácil y de cualquier otra barbaridad. La querella del doctor Pablo Rovatti que integra la Defensoría General de la Nación, pidió “prisión perpetua” para Chocobar. En todas las encuestas aparece un apoyo masivo de la sociedad civil a Chocobar. Los ciudadanos honrados y pacíficos, necesitan agentes que los defiendan y los protejan dentro de la ley. Pero la irracional inflamación ideológica del falso progresismo K, los lleva, insisto a defender delincuentes de todo tipo. De Maduro a Kukoc, pasando por Lázaro Báez, José López o la mismísima Cristina.

Confirmo lo dicho. Este no es un Gobierno de científicos. Este es un Gobierno de cómplices.

* Editorial de Alfredo Leuco del jueves 27 de mayo en “Le doy mi palabra”, radio Mitre

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