
Cuando Juan Sebastián González, de siete años, llegó a Norteamérica junto a sus padres colombianos, solo sabía decir en inglés tres palabras: shower/ducha, dog/perro y Disneyland/Disneylandia.
Unos 38 años después se convertiría en el principal asesor para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El hombre a través del cual mira la región Joe Biden.
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Cuando Juan Sebastián González de 45 años llegue a Buenos Aires el próximo martes se encontrará con un Alberto Fernandez en su primer día post COVID, dispuesto a dar todas las muestras de amor necesarias para encauzar la relación bilateral y conseguir el paraguas ideal para el futuro acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Que González llegue a Argentina antes que a otros países de la región, incluyendo su Colombia natal, no es poca cosa. Todo un gesto de Biden, que fue lógica consecuencia del trabajo artesanal de Jorge Arguello.
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El embajador argentino en Washington tuvo dos misiones bien diferenciadas desde que llegó a su destino. Con Donald Trump en la Casa Blanca su única ambición fue el control de daño. Evitar que estallarán los planetas. Estaba claro que ambas administraciones eran antagónicas ideológica y estéticamente.

Pero la llegada de Biden y los demócratas abrió paso a la esperanza de un ida y vuelta más razonable. Sin llegar a las “relaciones carnales” de la era Menem-Di Tella, al menos conseguir una amistad pero, por las dudas, sin derecho a roce 🤣🤣
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Para el gobierno argentino, Biden al lado de Trump es el Che Guevara. Aunque está claro que Biden al lado del Che Guevara, es Biden. Mientras en Buenos Aires muchos se rasgaron las vestiduras cuando la Cancillería anunció que Argentina se retiraba del Grupo Lima (creado para conseguir un cambio democrático en Venezuela en línea directa con Washington), el incidente no tuvo consecuencias visibles en la relación con Estados Unidos.
La reunión con González vino precedida por la charla vía zoom del canciller Felipe Solá con su par americano Antony Blinken, unos 55 minutos bastante afables a pesar de la necesidad de traducción protocolar de cada lado, y con la visita del Jefe del Comando Sur esta semana a Buenos Aires y Ushuaia, Craig Faller.
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El militar dejó una donación nada despreciable. Tres hospitales de campaña con sus respectivos equipamientos. Y se llevó de regalo una escarapela con los colores argentinos y la forma de las Islas Malvinas. “Para que recuerde que siempre están en nuestro corazón y en nuestro pensamiento”, le dijo su anfitrión, el ministro de Defensa, Agustín Rossi.

Pero quizás Faller vio lo más interesante en el Sur. La Armada Argentina planifica edificar la Base marítima más austral del mundo. Hasta ahí ningún problema. Salvo porque China ofreció financiación y ayuda en la construcción de la misma. Faller se fue tranquilo, al menos, en lo discursivo. Las autoridades argentinas le aseguraron que la idea es financiarla con recursos propios. Y que los chinos no tendrán nada que ver. Al menos en esto.
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Pero quizás lo más importante en la agenda paralela sea color verde. Y no por los dólares que nos faltan ni por los que tenemos que negociar con el FMI, sino por la cumbre virtual contra el cambio climático a la que fue invitado especialmente Alberto Fernandez el próximo 22 y 23 de abril.
La agenda verde y la reducción de emisiones de carbono fue parte del compromiso de campaña de Biden para los primeros cien días de gobierno. Lo interesante es que Argentina haya sido incorporada dentro de los 40 países convocados de un universo de 193. Sobre todo, porque la elección fue absolutamente discrecional. O, a imagen y semejanza de nuestro futuro mejor amigo Joe…
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Y una cosa es Argentina gobernada por Juntos por el Cambio y por Mauricio Macri y otra muy distinta por el peronismo y en una fórmula computada por Cristina Fernandez. En ocho años como Presidenta la actual vice no pudo conseguir nunca una reunión a solas con Barack Obama. “No la querían”, dicen sin disimulo de uno y otro lado. Y está claro que el sentimiento era mutuo.
Pero los cuatro años fuera del poder hicieron que CFK planificará el regreso sabiendo qué batallas libraría y cuáles no. Y, aunque es posiblemente la política menos cínica discursivamente hablando (ama y odia en público en la misma medida que en privado), cuando eligió a Alberto Fernandez para encabezar la fórmula tuvo en cuenta que él sería mucho mejor recibido que ella internacionalmente, sobre todo, en Estados Unidos.
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El acuerdo con los bonistas y ahora este virtual acercamiento a la administración demócrata parecen darle la razón. En el reparto de roles y funciones está claro que Alberto es el canciller de la fórmula.
Cristina aportó lo suyo. En los últimos discursos al mismo tiempo que insistía con la exigencia de un acuerdo con el FMI a 20 años (o de 10 con posibilidad de revisión a otros 10, según las últimas especulaciones para ir achicando las diferencias), también se esforzó por mostrarse más peronista que de extrema izquierda. Y hasta recordó sus viajes a Disney con Néstor y los chicos.
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Hay algo que es cierto. Cristina conoce NY, Miami y Orlando y sus respectivos museos y shoppings tanto como cualquiera de sus vecinas de Recoleta. Washington la estigmatizó por demás cuando fue Presidente y ella no hizo nada por evitarlo. Al contrario.

Pero CFK de tonta no tiene un pelo. Aunque no lo diga tiene claro que sin acuerdo con el FMI la continuidad del Frente de Todos en el poder puede complicarse.
También tiene claro que debe dejar que sean otros miembros de la coalición los que se luzcan con los guiños a la clase media o a la aristocracia obrera, aquellos que cobran mas de 150 mil pesos y que hoy tienen como ídolo a Sergio Tomás Massa, el gran ganador de los cambios en la Ley de Ganancias.
La alianza gobernante parece estar intentando cuidar el voto de centro como nadie. Pero las luces de alarma saltan por otros lados. La impresionante manifestación piquetera de esta semana y el reclamo de algunos sectores internos ante la situación social a pesar del crecimiento que esta teniendo la economía son síntomas suficientes para recordar un axioma muy utilizado por Néstor Kirchner: “Para las elecciones ustedes recuerden que siempre a la izquierda nuestra tiene que estar la pared”.
Bonus track 1
Dicen los que conocen la intimidad del Instituto Patria que para elegir a Alberto como candidato Cristina tuvo en cuenta tres situaciones con las que se tendría que enfrentar el Frente al llegar al poder. Una era el FMI y Estados Unidos. Otra, la relación con el establishment en especial con los dueños de los grandes medios de comunicación. Y por último, la oposición.
Y así como a Alberto parece darle frutos su manera de ser con Estados Unidos y los principales líderes de Europa, no estaría teniendo el mismo ascendente con el establishment local. “En esa misión Alberto tiró la toalla. Para apaciguar las críticas y retomar un camino de diálogo le pedían que se sacara de encima a Cristina y eso no va a pasar nunca”, explican alrededor del Presidente.
La tercera misión, la relación con la oposición, es la que en este momento más atormenta a Fernandez. “Te dicen una cosa en privado y terminan haciendo otra en público”, se quejaba en el chalet de huéspedes esta semana el Presidente en una de sus tantas charlas telefónicas con las que mató el ocio del aislamiento.
El comunicado de Juntos por el Cambio anticipándose a las medidas que aun no se habían siquiera anunciado lo sacó de quicio. Pero con quien más desencantado está es con Rodríguez Larreta.
“Queríamos cerrar los restaurantes a las 22, él pidió una hora más, se lo dimos y después vino con la ventajita de que igual se quedaran una hora más adentro… así no se puede”.
Tal para cual…🤷🏻♀️
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