El Día del Trabajador en la pandemia: los desafíos de la CGT

Un trabajador desinfecta la Plaza de Mayo después de que el presidente Alberto Fernández anunciara una cuarentena obligatoria para limitar la expansión del coronavirus (COVID-19), en Buenos Aires, Argentina. March 20, 2020. (REUTERS/Matias Baglietto)
Un trabajador desinfecta la Plaza de Mayo después de que el presidente Alberto Fernández anunciara una cuarentena obligatoria para limitar la expansión del coronavirus (COVID-19), en Buenos Aires, Argentina. March 20, 2020. (REUTERS/Matias Baglietto)

La pandemia del coronavirus encontró al pueblo trabajador y al conjunto de la sociedad argentina en una crítica situación socioeconómica y profundizó todos los problemas estructurales que acarrea el país. Actualmente, más del 35% de las personas son pobres y casi el 10% son indigentes. El desempleo superó los dos dígitos y junto a la precarización laboral, dejan como resultado que casi cuatro de cada diez familias tienen problemas de trabajo. En los grandes centros urbanos más del 40% de los humildes no visitan ni siquiera una vez al año a un médico y tienen problemas para acceder a los remedios. Por si no fuera poco, buena parte del Estado está en crisis y la Justicia está en una emergencia declarada.

El país entró en recesión y la inflación de marzo fue del 3% y acumula un 48% en un año. Los pequeños y medianos empresarios y buena parte del sector productivo se encuentran paralizados. A la pobreza popular y a la crisis del sector de la producción, se le suma creciente deuda externa de los últimos años que no dejó nada bueno al país y que impide nuestro desarrollo. Aunque parezca paradójico, los trabajadores deben más y más y tienen cada día menos. Unos pocos representantes del gobierno anterior en complicidad con los grupos de la finanza internacional, obtuvieron importantes ganancias a costa de las desgracias de todo el pueblo argentino. Ese verdadero saqueo financiero de la Argentina, se complementó con la concentración y la fuga de las ganancias de un grupo reducido de corporaciones que exportan la riqueza cerealera, petrolera, minera y pesquera.

El pueblo votó al gobierno de Alberto Fernández con el anhelo de que impulse modificaciones de fondo que prioricen la producción y el empleo y no meramente la especulación. Para eso el Gobierno, entiendo, debe implementar una solución al endeudamiento que hipoteca y que condicional el futuro.

Decíamos en el mes de diciembre pasado que es imprescindible alcanzar la unidad nacional y que esta unidad es la base a partir de la cual revertir la realidad dramática del país. Sostuvimos que había llegado la hora de terminar con las fabulosas ganancias apropiadas por unos pocos. La riqueza tiene que tener una función social y no puede servir meramente para beneficiar a los saqueadores.

Sostuvimos que era necesaria una reforma estructural de la economía argentina y que no podíamos quedar presos de discutir meramente las sobras que dejan las corporaciones. Dijimos que si no cambiábamos la matriz de la desigualdad, íbamos a terminar encerrados en un enfrentamiento entre argentinos, facilitando aún más la tarea de los saqueadores.

Seguimos creyendo que la unidad de todos los argentinos requiere de un proyecto común de nación. Para ello debemos seguir sosteniendo que la propiedad y la riqueza tienen una finalidad social y púbica. Debemos garantizar que la producción y el trabajo de los argentinos reditúen en la felicidad del pueblo y en la grandeza de la nación. Para poder capitalizar el país y financiar el desarrollo tenemos que recuperar la finanza que está actualmente enajenada y es manejada por hilos invisibles desde afuera. Con este fin vengo proponiendo modificar la ley de entidades financieras de la dictadura militar de 1976. Dicha norma ha sido históricamente la columna vertebral que facilitó el saqueo que no cesa.

Nuestro pueblo ya enfrentó y resolvió desafíos similares en loe económico y social. Como peronistas, no podemos olvidar la Reforma Financiera y del Comercio exterior del justicialismo que nacionalizó el Banco Central, los depósitos bancarios y el comercio exterior. Para encarar esta magna tarea, Juan Perón convocó y se apoyó en las organizaciones de trabajadores. La CGT y el conjunto de las organizaciones libres del Pueblo pusieron su conocimiento y su organización de cuadros. La unidad de los trabajadores fue la columna vertebral de la unidad de todos los argentinos. Juan Domingo Perón lo explicó lucidamente en El modelo argentino para el proyecto nacional.

La Argentina tiene que enfrentar al Covid-19 con estas limitaciones y en condiciones mucho más débiles que los países centrales. Las pymes, los trabajadores organizados y el gobierno están haciendo lo imposible para salvar las fuentes de trabajo. Los pobres, los obreros de la economía informal y los postergados están haciendo milagros para sobrevivir. Mientras tanto, los poderosos, las trasnacionales y los aliados vernáculos que piden la baja de salarios, resisten aportar parte de su ganancia acumulada.

Argentina no es un país pobre, sino que es una nación empobrecida. Algunos compatriotas tienen alrededor de USD 260 mil millones de dólares fuera del país. Otros 12 mil argentinos disponen de patrimonios no declarados de más de 3 millones de dólares. Hoy pretenden seguir manteniendo privilegios dejando que se fundan las pymes y le exigen al Gobierno que se los garantice.

En este doloroso escenario de la Argentina, en el actual 1° de mayo los trabajadores tenemos poco que festejar. Además, la cuarentena nos impide confraternizar con nuestros compañeros en los tradicionales locros. Miles de compatriotas lo pasarán en sus domicilios y estarán preocupados y angustiados por la continuidad de su trabajo y por la salud de su familia. No será el mejor primero de mayo para los compañeros desempleados y precarizados. No será un día de festejo para los pequeños comerciantes y empresarios que ven también derrumbados sus esfuerzos.

Los trabajadores organizados tenemos que ayudar a reactivar la producción y el trabajo defendiendo nuestras obras sociales que le otorgan salud de calidad a más de 15 millones de compatriotas. También debemos reflexionar conscientemente y proponer acciones que protejan, sin miramientos, la vida del trabajador frente a la pandemia.

Toda crisis esconde una posibilidad. Tenemos que asumir con grandeza el destino que nos cabe como Nación, ese mismo que alumbró a San Martín y a Belgrano en 1816 cuando apoyaron la Independencia y llevaron la libertad al continente. Los congresales de Tucumán también enfrentaban riesgos, pero estaban movidos por férrea vocación patriótica y libertaria. Miles de mártires que dio el pueblo trabajador hicieron posible esa causa y no hay que olvidarlo. La generación de 1816 forjó la independencia política y a partir del 17 de octubre de 1945 se forjó la independencia económica. Esa tarea fue impulsada por Perón en un mundo que había sido arrasado por la guerra mundial.

Llevemos bien alto ese patriotismo y refundemos los valores de ese legado histórico. Hagamos de la solidaridad, de la justicia social y de la lucha por la igualdad nuestra bandera. Recorramos el camino necesario para lograr que nuestro pueblo sea feliz y que nuestra Argentina sea grande. Sigamos la figura de Evita y su fuerza espiritual. Escuchemos con atención al papa Francisco y practiquemos su mensaje de humanidad.

La CGT tiene un rol fundamental. Los trabajadores nos reclaman la unidad y los dirigentes tenemos que escuchar esa voz. En este Día del Trabajador juramentémonos alcanzar la unidad en una sola CGT y construir esa Argentina grande con que San Martín soñó.

Feliz día, trabajadores y trabajadoras.

El autor es secretario general de la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación y secretario de Derechos Humanos de la CGT